Neruda 65

Neruda 65

El próximo sábado Pablo Neruda cumple 65 años. Visitas extranjeras  llegarán a unirse a los homenajes que comenzaron esta semana, cuando él permanece en primera fila como posible ganador del Nobel de Literatura, que se otorgará dentro de tres meses. Es un poeta mundialmente consagrado, con sus obras vertidas a 27 lenguas, leído premiado y apreciado en países de regímenes dispares. Los homenajes que en estos días le rinden intelectuales y amigos abarcan el análisis y el aplauso de su producción poética. Revista del Domingo explora hoy algunos aspectos de que a menudo quedan en la penumbra o son ignorados. Su ámbito familiar, el amor con nombres y apellidos en la inspiración de su obra, y la sorprendente historia de sus publicaciones en distintas lenguas.

Por Luis Alberto Ganderats y Hernán Loyola

Peinan canas hoy día las musas secretas que inspiraron sus Veinte poemas de amor, y el poeta es un sexagenario sin hijos vivos. Amores, amoríos y tres matrimonios esconden dramáticos entretelones que se pueden pesquisar en sus poemas. Malva Marina Trinidad, su único hijo, nació enferma y murió a los ocho años en París. Oposición paterna a su profesión de poeta lo obligó a sufrir miseria y hasta hambre, pero su obra se ha convertido en un aporte definitivo a la poesía universal. Nació para lo que ha hecho. No tenía otros talentos vistosos, piensa él. Un día revisaba papeles en Isla Negra junto a su medio hermana Laura :

-Oye Laurita, ¿cuántos son cinco por ocho?
Laura Reyes Candia, inspectora de una escuela técnica santiaguina, lo miró como tantas otras veces:
-¡Por Dios, Pablo!

La aritmética no rima con el poeta. Ni ahora en la fama, ni antes en sus días de niño provinciano. Lo bautizaron con el nombre de Neftalí en homenaje a su madre, la maestra Rosa Neftalí Basoalto, muerta 45 días después de darlo a luz y a 11 meses de su matrimonio. El padre, José del Carmen Reyes, mal aprendiz de agricultor y buen conductor de trenes, se casó con aquella profesora primaria de Parral – pueblo donde nació Pablo- y más tarde unió su vida a Trinidad Candia Marverde, otra maestra, sin más títulos que su experiencia ni más alumnos que su hijastro y sus dos hijos. Pero todas estas maestras fracasaron en el empeño de abrir la mente poética de Neruda a la compleja poética de los números.

Para sus dos medio hermanos – Laura, 60 años, viuda, sin hijos, y Rodolfo, empleado municipal jubilado, tres matrimonios, un hijo, dueño de un pequeño almacén en la comuna santiaguina de La Granja-, sigue siendo Neftalí Ricardo Eliezer Reyes, o simplemente “El Canilla”, apodo de la época en que era un muchacho debilucho, delgado, ceñido y fruncido. Muy a regañadientes terminaron por llamarlo Pablo Neruda. Les gustaba más Neftalí, nombre ligado al Israel bíblico como los nombres de sus tíos Amós, Joel, Oseas y Abdías. Su padre ni si quiera se acostumbró a tener un hijo poeta. Cuando el joven resolvió abandonar los estudios de Pedagogía en Francés, le suspendió la mesada. No quería chiflados ni bohemios en su casa. Lo de siempre: quería universitarios. Neruda pedía ayuda desde Santiago escribiéndole a Laura, hermana y cómplice, a la que llamaba Coneja, Koneka, Conekita o LaurConeja. En una carta de la época, que ella conserva, clamaba:

No estoy en edad de no comer todos los días.

La situación fue por momentos desesperada. Don José del Carmen, ferroviario recto como un riel, práctico y autocrático, nunca transó. Murió en 1938 sin haber felicitado jamás a su hijo, a pesar de que García Lorca y críticos de Europa ya lo señalaban como el primer poeta de América. Muchísimos encuentros con su padre fueron borrascosos. Sólo las suavizó tímidamente su madrastra – “ángel tutelar de mi infancia”- a quien llamaba mamadre para no decirle madrastra. Su amor por ella está reflejado en el primer germen de poema escrito a los 10 años, inédito hasta hoy. En una tarjeta que le regaló el día de su cumpleaños escribió una especie de verso en que toda rima estaba en el nombre del niño-poeta:

De un pasaje de áureas regiones
yo escogí
para darle querida mamá
esta humilde postal
Neftalí

Fue el ingenioso comienzo de una carrera literaria sin paragón en Chile y que prosigue hasta hoy. A los 13 años publicó su primer artículo en el diario La Mañana de Temuco, para defender el entusiasmo y la perseverancia. Leía de todo en esa época: “Como una avestruz, yo tragaba sin discriminar tres libros por día”. Para que su padre no descubriera sus pecados literarios, a los 14 adoptó el nombre actual, que legalizó solo 28 años mas tarde. El apellido Neruda – de Jan Neruda- lo vio citado en una revista extranjera, y entusiasmado con él ni siquiera supo en ese momento que correspondía al gran poeta checo.

Sobre el posible origen del nombre Pablo se han tejido numerosas teorías, pero la mas vecina a la realidad histórica parece ser de una no conocida hasta hoy por falta de antecedentes. Habría nacido de su juvenil admiración por la clásica pareja de amantes Paolo y Francesca, especie de versión erotizada de Romeo y Julieta. Existen dos pruebas que abonan la teoría. Neruda en su Crepusculario se refiere con calor a esos amantes italianos,  y algunos poemas de su juventud fueron firmados por él  con el nombre de Paolo Neruda. Los escribió a Teresa Vásquez –una de las jóvenes inspiradoras de sus Veinte poemas– en un álbum personal que conserva Hernán Loyola nerudista ininmunizable.

Paolo Malatesta y Francesca de Polentani – dos cuñados amantes del siglo XIII – protagonizaron un drama que desde Dante, en su Divina Comedia, hasta nuestros días ha interesado a importantes autores. Neruda conoció la versión de D’Annunzio, llamada Canto de sangre y lujuria, y fue su juvenil admirador, al igual que Gabriela Mistral, que construyó su seudónimo con el nombre de Gabriele D’Annunzio y el apellido del Nobel Federico Mistral.

Inspiración amorosa

Una de sus tantas enfermedades le impidió recibirse de bachiller a los 15 años, pero a los 16 ya era estudiante de Francés en la Universidad de Chile. Más tarde, su federación de estudiantes premió y editó su poema La canción de la fiesta:

Hoy que la tierra madura se cimbra
en un temblor polvoroso y violento
van nuestras jóvenes almas henchidas
como las velas de un barco en el viento…

A los 19 años lanzó su primer libro, Crepusculario,  y a los 20, Veinte poemas de amor y una canción desesperada, del cual se ha vendido hasta hoy más de un millón de ejemplares.

Desde Crepusculario hasta Las manos del día ha pasado casi medio siglo. La producción es copiosa, como la de pocos poetas en el mundo. Un batallón de ingenieros críticos y periodistas han levantado una especie de plano fotogramético, para reconocer palmo a palmo, verso a verso, página a página, su vida y su obra. Siempre quedan, sin embargo, zonas inexploradas, como la inspiración  que en diversas edades y circunstancias puso el amor. En los Veinte poemas de amor y en otros mil versos palpitan bajo el ala poética las figuras en carne y hueso de dos mujeres.

Los dos amores más importantes de su época de soltero –inspiradores de sus Veinte poemas– transcurrieron en Temuco y Santiago. El romance sureño fue con Teresa Vásquez León, y el santiaguino, con Albertina Azócar, nombres hasta hoy no asociados a versos específicos en las biografías de Neruda. Inspirado en Teresa Vásquez, hoy casada con un mecánico de máquinas de escribir, compuso la mitad de los Veinte poemas (3, 4, 7, 8, 11, 12, 14, 17, 19 y 20):

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos…
… De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.               

Las familias del poeta y de Teresa veraneaban juntas en Puerto Saavedra, lugar donde están situados  geográficamente algunos de los poemas y la “canción desesperada”. Neruda no identifica a Teresa Vásquez en sus versos, pero al referirse a ella habla de ”mi andaluza”, de muñeca, de Terusa o de Marisol. Por los versos se desprende que Neruda valoraba en ella su vivacidad, hermosura y alegría. (A Albertina Azócar la llamaría Marisombra y de cien maneras más).

Versos y cartas escritos en esa época a la niña del Sur casi han desaparecido. Su madre, pudorosa tal vez, los quemó. Solo algunos lograron salvarse y los conserva el crítico Hernán Loyola. El verdadero nombre de Teresa Vásquez León no lo conoce con certeza ni el propio Neruda. Ella se hacia llamar, por alguna razón desconocida, Teresa Vásquez, pero al parecer sus apellidos son León Vásquez.

El otro sujeto femenino de los Veinte poemas, Albertina Azócar Soto, casó más tarde con el poeta Ángel Cruchaga Santa María. Neruda vivió con ella “un amor atolondrado” mientras estudiaban en el Instituto Pedagógico, y le acompañaría por el resto de su vida. Resulta  fácil identificarla en los versos: es la niña de los “ojos suavísimos”, la de la “boina gris”. No tenían aun 20 años:

Me gustas cuando callas por que estás como ausente
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que en un beso te cerrara la boca.
Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma
Y te pareces a la palabra melancolía.

A Albertina -“Marisombra”, “Rosaura”-, Neruda dedicó los poemas 1, 2, 5, 6, 9, 10, 13, 15, 16 y 18. Ella prefiere no hablar hoy de esos amores juveniles. Dijo a esta revista que no le parece propicio el momento para entregar su versión de episodios sentimentales que han sido recitados, sin personalizar, por millones de jóvenes en 28 lenguas.

Las protagonistas de estos inmortales y apasionados poemas de amor no han dejado descendencia en sus respectivos matrimonios.

Uno de los poemas mas enigmáticos de la producción de Neruda es el titulado ¿Dónde estará la Guillermina?

En su casa “La Sebastiana” de Isla Negra el poeta guarda un antiguo mascarón de proa con este nombre. Guillermina fue en la mocedad del poeta, un amor platónico, en ningún caso consumado:

Cuando mi hermana la invitó
Y yo salí a abrirle la puerta
Entro el Sol, entraron estrellas
Entraron dos trenzas de trigo
Y dos ojos interminables.

Era una muchacha de 15 años, amiga de su hermana Laura. Se llama Guillermina Rehren: hoy viuda, madre de dos hijos y abuela. Se sorprendió al saber que Neruda después de aquel encuentro le había dedicado esos versos:

¡Hay tantas Guillerminas! Yo lo vi solo unas cuantas veces cerca de mi casa, pero nunca conversamos. Entonces se pololeaba de esa manera…

Conoció mas tarde a Blanca Wilson, hija de un herrero de Temuco:

Le escribía por encargo de un amigo. Un día ella me preguntó si yo era el que redactaba las cartas… No me atreví a renegar de mis obras, y muy turbado le respondí que si. Entonces me pasó un membrillo que por supuesto no quise comer y guardé como un tesoro. Desplazado así mi compañero en el corazón de la muchacha. Continué escribiéndole cartas de amor y recibiendo membrillos….

Una viuda es otro personaje en la vida del poeta. Desde Santiago, Java, Rangún, Madrid o Paris escribía a su hermana Laura, que vivía en Temuco, preguntándole por “la viuda”. Era una joven que había perdido a su marido al poco tiempo de casarse y tenía dos hijos. Amalia Alviso Escalona –hija de un norteamericano, tal vez  de ascendencia italiana,  llamado Ramón, y de una chilena de nombre Ramona- nació en un hogar de prósperos  comerciantes temucanos: nunca correspondió, según parece, a la admiración del entonces oscuro primogénito de un conductor de trenes.

Amores en oriente

A los 23 años el joven poeta logró que un amigo lo hiciera nombrar cónsul honorario en Rangún (Birmania). Hasta los 27 ocupó sucesivamente igual cargo en el Colombo (Ceilán), Batavia (Java) y Singapur (Malasia). El ingreso resultaba miserable, pero el nombramiento le permitió huir de Santiago en busca de nuevos horizontes.

En Birmania el joven Neruda vivió una apasionada aventura amorosa. Acosado por la soledad, la pobreza del cargo, la soberbia racial de los europeos residentes y el fanatismo religioso de la población autóctona de Rangún, encontró consuelo en una nativa que se hacía llamar Josie Bliss, y vivió en casa de ella. Vestía como inglesa en los lugares públicos pero en privado usaba sarong y el nombre verdadero que el poeta ha olvidado: pudo ser Au Win, Un Nawng, u otro parecido. De ese amor nació el Tango del viudo, escrito a los 24 años, después que pudo huir de Rangún, atemorizado por la actitud al parecer amenazante de la joven. En las noches merodeaba alrededor de la cama con supuesta intención de atacar a su amante. Cuando Neruda consiguió su traslado a Ceilán dejó silenciosamente Rangún, sin llevarse ropa ni los libros, para no despertar sospechas. Durante el viaje escribió el misterioso Tango del viudo que a lo largo de 40 años se ha leído en todo el mundo sin conocerse los entretelones:

Oh maligna, ya habrás hallado la carta, ya habrás llorado de furia.
Y habrás insultado el recuerdo de mi madre
Llamándola perra podrida y madre de perros,
Ya habrás bebido sola, solitaria, el té del atardecer
Mirando mis viejos zapatos vacíos para siempre…
Enterrado bajo el cocotero hallarás mas tarde
El cuchillo que escondí allí por temor que me mataras…

La fuga de Ceilán no puso término al viacrucis birmano. Un día apareció la dulce Josie en Colombo y se instaló frente a la casa del poeta.

  • Desde la puerta de enfrente se dedicó a observar y luego a insultar y a agredir a cuanta gente me visitaba, consumida por sus celos devoradores, al mismo tiempo que amenazaba con incendiar mi casa. Recuerdo que atacó con su largo cuchillo a una dulce muchacha inglesa que vino a visitarme.

Dulce muchacha que en el lenguaje eufemístico de Neruda es sinónimo de joven cariñosa y proclive al romance. Josie Bliss que antes debió ser “dulce”, terminó por perder toda esperanza en su vigilancia en Colombo. Le pidió a Pablo que la acompañara hasta el barco que la llevaría para siempre de vuelta a Rangún:

  • Cuando el barco estaba por salir y yo debía abandonarlo, se desprendió de sus acompañantes y besándome en un arrebato de dolor y amor me llenó la cara de lágrimas. Como en un rito me besaba los brazos, el traje y, de pronto, bajó hasta los zapatos, sin que yo pudiera evitarlo. Cuando se alzó de nuevo, su rostro estaba enharinado con la tiza de mis zapatos blancos. No podía pedirle que desistiera del viaje, que abandonara conmigo el barco… La razón me lo impedía, pero mi corazón adquirió allí una cicatriz que no se ha borrado. Aquel dolor turbulento, aquellas lágrimas terribles rodando sobre el rostro enharinado, continuaron en mi memoria.

Matrimonio en Batavia

El exótico cónsul chileno de 26 años hizo soñar a una joven javanesa, hija de un holandés arruinado por especulaciones comerciales. María Antonieta Haagenar Vogelzanz conoció a Neruda a comienzos de 1930, en Batavia. La llamaban Maruca. En diciembre se casaron. El poeta, solo en un país de lengua y costumbres extrañas, se unión a la mujer de origen occidental más próxima a sus hábitos; rubia, más alta que él y de ojos claros. Fue la madre de su único hijo, Malva Marina Trinidad, que nació con hidrocefalia y murió años mas tarde. Los esposos se entendían en inglés. Maruca no hablaba castellano.

En las Obras Completas de Neruda ningún poema de amor está dedicado a su primera esposa o ligado a su recuerdo sentimental. Tal vez escribió algunos, pero nunca fueron publicados. Sólo en las estrofas de su poema Itinerarios el poeta rememora con desaliento:

Para qué me casé en Batavia?
Fui caballero sin castillo
Improcedente viajero
Persona sin ropa y sin oro
Idiota puro y errante…

El gobierno de Chile suprimió el cargo consular en 1932 a causa de la gran crisis. Neruda regresó con su esposa javanesa a Santiago. No pasó mucho sin que “nuevos y viejos amores lo perturbaran en Santiago y Temuco”. Dos años mas tarde viajó como cónsul a Barcelona con Maruca. En España las relaciones se hicieron mas frágiles. El nacimiento de Malva Marina a poco de su llegada a Madrid (1934) añadió un elemento doloroso al trizado matrimonio. Neruda escribió a su padre:

– No me he apresurado a comunicarle la noticia por que todo no ha andado muy bien. Parce que la niña nació antes de tiempo, y ha costado mucho que viviera… La niña es muy chiquita, nació pesando solo dos kilos 400 gramos, pero es muy linda como una muñequita, con ojos azules como su abuelo, la nariz de Maruca por suerte, y la boca mía… Por supuesto que la lucha no ha terminado aun, pero creo que se ha ganado ya la mejor parte, y que ahora adelantará en peso y se pondrá gordita pronto.

La niña murió en Paris a los 8 años. Sus padres se habían separado seis años antes. Neruda vació su dolor en el poema Enfermedades en mi casa, aunque sin nombrar a su hija:

Estoy cansado de una gota,
Estoy herido en solamente un pétalo,
Y por un agujero de alfiler sube un río de sangre sin consuelo,
Y me ahogo en las aguas del rocío que se pudre en la sombra,
Y por una sonrisa que no crece, por una boca dulce, por unos dedos que el rosal quisiera
Escribo este poema que sólo es un lamento,
Solamente un lamento.

Quince años con Delia

En 1934, antes de separarse formalmente de su esposa javanesa, Neruda había conocido en Madrid –en la casa del diplomático chileno Carlos Morla Lynch- a la grabadora argentina Delia del Carril. Esta, hija de ricos estancieros y cuñada de Ricardo Güiraldes, autor de Don Segundo Sombra, influyó fuertemente en la formación ideológica del poeta, entonces no militante del Partido Comunista. Era una mujer activa, interesante y sensible. Tenía 45 años, 15 más que Neruda. Pronto los unió una estrecha amistad. Se casaron el año 1943 en México.

La vida entre ambos se desarrolló en alto nivel intelectual y su unión fue famosa en los medios artísticos y literarios. Duró hasta 1956, pero sin quebrantamientos sólo hasta 1949, cuando Neruda entro a la vida de Matilde Urrutia, su actual esposa, “echando la puerta abajo”.

En su Memorial de Isla Negra, de 1964, intenta explicar cómo agonizaron lentamente, dolorosamente, esos 15 años de unión sentimental:

Tal vez en ti no nacía el rencor.
Porque está escrito donde no se lee
Que el amor extinguido no es la muerte
Sino una forma amarga de nacer
Perdón para mi corazón en donde
Habita el gran rumor de las abejas…

Delia del Carril continúa viviendo en Chile sin haber abandonado nunca su arte. Viajó recientemente a Europa a exponer sus grabados, llena de entusiasmo pese a sus casi 80 años y a una dolorosa enfermedad que la tiene semi postrada desde hace algún tiempo. Neruda la recuerda con aprecio.

Matildina Silvestre

En Arte de pájaros escribió Pablo Neruda los poemas El pájaro ella y El pájaro yo. Para ella inventó el nombre científico Matildina Silvestre y para él, Pablo Insulidae Nigra. La pareja de pájaros enamorados formaron su nido furtivamente hace 20 años. Ella dio recitales de canto en varios países americanos (es egresada del Conservatorio Nacional), y en México echó raíces para fundar una escuela de música. Neruda la encontró allá en 1949, cuando viajó con Delia del Carril a un congreso de intelectuales. Fue el reencuentro con Matilde. Se habían conocido tres años antes durante un concierto en el Parque Forestal de  Santiago. Ese 1949 se unieron para siempre, secretamente. Al poco tiempo, Matilde Urrutia confió a Neruda que esperaban un hijo. Lo perdió antes que naciera. A ese dolor nunca llegó el consuelo de otro anuncio semejante. El gran poeta y gran amador tal vez no dejará descendencia.

La unión se hizo pública en 1956 (cuando se separó de Delia del Carril) y fue legalizada  once años más tarde, en noviembre de 1967. A “Rosario de la Cerda”, nombre utilizado por Matilde durante los años de sus relaciones secretas, Neruda le escribió:

La unión se hizo pública en 1956 (cuando se separó de Delia del Carril) y fue legalizada  once años más tarde, en noviembre de 1967. A “Rosario de la Cerda”, nombre utilizado por Matilde durante los años de sus relaciones secretas, Neruda le escribió:

Ninguna más, amor, dormirá con mis sueños.
Irás, iremos juntos por las aguas del tiempo…
… De todas las cosas que he visto
a ti quiero seguirte viendo,
de todo lo que he tocado
sólo tu piel quiero seguir tocando…

Quienes conocen a Neruda afirman que desde esa unión su vida ha cambiado. En ella encontró no sólo la estabilidad de un profundo amor, sino a la celosa cancerbera que vigila su tranquilidad, rechaza visitas y como perfecta secretaria planifica sus horas de trabajo y de ocio. El poeta admite que el impulso de su “Matilde bienamada” es necesario lubricante para su cuerpo “tremendamente perezoso”. Ahora vive tranquilo. En amores ya no es el “ladrón de caminos” de otras épocas. Cree –según sus versos- que morirá junto a su actual esposa.

Lenguas y ediciones

El enmarañando bosque de la historia bibliográfica de Neruda depara tantas sorpresas como el paraje de sus amores. Cerca de 500 ediciones en 27 lenguas transforman la obra del poeta no sólo en la más importante de Chile, sino en una de las más destacadas de la poesía mundial. Su edición preferida es la de España en el corazón, realizada en pleno frente de batalla durante la Guerra Civil Española (1938). El libro estaba destinado a encender el ánimo de los combatientes republicanos. El encargado de imprimirlo, Manuel Altolaguirre, contó en una carta de 1941 los pormenores de esa labor:

Fue impreso en el Monasterio de Montserrat, donde los frailes tenían uno de los mejores talleres de Cataluña… Nos enteramos que cerca del Frente, en Orpi, había una fábrica de papel abandonada y decidimos ponerla a funcionar… El día que se fabricó el papel del libro de Pablo fueron soldados los que trabajaron en el molino. No sólo se utilizaron las materias primas que facilitó el Comisariado (papel y trapos). sino que los soldados echaron en la pasta ropas y vendajes. trofeos de guerra, una bandera enemiga y la camisa de un prisionero moro. El libro… fue compuesto por soldados tipógrafos e impreso también por soldados.

A Gonzalo Losada, fundador de su actual casa editora, lo conoció en 1944. Con él hizo algunas ediciones, pero sólo diez años más tarde le entregó el control de sus publicaciones en castellano. Losada comúnmente lanza ediciones sobrias, nada espectaculares, pero ha roto moldes al publicar las Obras Completas (tercera edición en 1968), impresas en papel biblia, con rico empaste, como los grandes clásicos del mundo. También destacan la edición pop de Estravagario, la de La Barcarola y la reciente edición encuadernada de Canto General, su obra de más aliento.

Clandestinamente, algunos miembros del Partido Comunista imprimieron en 1950 la edición chilena de Canto General usando un pie de imprenta ficticio. El mismo año se lanzó en México, con ilustraciones de los muralistas Rivera y Siqueiros y la firma de Neruda y los dos artistas en cada ejemplar de suscripción. (Otros libros de Neruda llevan ilustraciones de Picasso y Léger). En 1952 una  imprenta napolitana dio a luz Los versos del capitán, que no llevaban el nombre del autor, entonces prófugo por razones —o sinrazones— políticas. El tiraje fue limitadísimo: 44 ejemplares, con el nombre de cada uno de los suscriptores. El libro contaba la historia de los secretos amores de Matilde Urrutia con “el capitán”, nombre que ella solía darle a Neruda. Pero el amor no resultó tan secreto para Paolo Ricci, el editor, pues la nómina de suscriptores comenzaba así: 

1.Matilde Urrutia
2.Pablo Neruda
3.Neruda-Urrutia

Durante mucho tiempo se especuló en Chile y otros países si tras Los versos del capitán estaba el timón de Pablo Neruda y el motor sentimental de Matilde Urrutia, pues el poeta seguía unido a Delia del Carril.

La edición más original en la obra de Neruda es tal vez el libro-objeto editado en Ginebra por la casa Givaudan en 1966, que contiene Alturas de Macchu Pichu. Neruda lo llama “disparate hermoso y fantástico”. El poema sirve de base y de enlace para un conjunto de collages y litografías sobre cajas de cartón, ensambladas según diseño de Hundertwasser. Tal vez la mas hermosa de las ediciones chilenas es la de Arte de pájaros, que se imprimió ese mismo año en Editorial Lord Cochrane por orden de la Sociedad de Amigos del Arte Contemporáneo. Contiene ilustraciones de Nemesio Antúnez, Mario Carreño, Héctor Herrera y Mario Toral. Este año se lanzará una edición perfeccionada.

Los traductores de Neruda constituyen una especie de cofradía combativa y combatiente en todo el planeta. Los que realizan versiones en el mismo idioma suelen vivir disgustados por razones de competición. Cada uno aspira a la exclusividad. No pocas veces Neruda tiene que dilucidar curiosos conflictos entre ellos. Muchos han llegado a una seria especialización nerudiana y defienden con vehemencia sus fueros.

Entre sus traductores se cuentan personalidades de la intelectualidad europea. El Nobel Salvatore Quasimodo se enorgulleció de ser el mejor traductor de Neruda al italiano, lengua en que su obra ha sido más difundida después del castellano. Artur Lundkvist, miembro de la Academia que otorga los premios Nobel, es su gran admirador y traductor al sueco, y Jean Marcenac se encuentra entre los grandes que llevan su poesía al francés. Ingleses, norteamericanos, búlgaros, griegos, chinos, japoneses, árabes y otros traductores sostienen competencias por mantener u obtener la exclusividad. Dánai Stratigopoulu, poetisa y cantante griega que actualmente reside en Chile, acusa:

Mi competidor en griego que traduce para el editor Karavías sabe del español lo más indispensable para entenderse en bares y cantinas de los bajos fondos de Valparaíso…

Los traductores de Neruda están escribiendo un verdadero poema guerrero. Son las sorpresas de la poesía.

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