Curazao  |  ¿Tuvo playas el paraíso?

Curazao
¿Tuvo playas el paraíso?

Buscamos más allá de la capital de las Antillas Holandesas, metiéndonos en el campo. Descubrimos las antiguas casas de esclavos y playas que nos hicieron preguntar: ¿Tendrían playas Adán y Eva?

Lo que menos podía ocurrir era quedarse con la boca abierta. Ir caminando por esa isla de paz y cordialidad que es Curazao y de pronto escuchar: “Anda a trabajar, pus tonto güev…”. Resulta bastante raro. Parece más raro que salgan de la boca de un muchacho negro. Y peor aún si el aludido, no más blanco que él, y en el mismo tono agringado, le responda con expresiones alusivas a su madre, en un perfecto chileno.

¿Quién se ha dedicado a difundir aquí nuestra cultura…?

Un maestro originario de Pancho, gancho.

René Fuenzalida, uno de los tantos porteños miembros de la “tribu de las patas locas”, salió a recorrer tierras hace más de diez años, en busca de trabajo y un futuro menos gris que el que veía para él y su familia. Luego de trabajar en la construcción del Parque O’Higgins de Santiago no habla conseguido nada muy seguro, y sin más equipaje que su experiencia de albañil se fue de Chile. Hace ya varios años ingresó por primera vez a Curazao como turista. Lo expulsaron poco tiempo más tarde. Se fue a Venezuela. Hizo un segundo intento, y cuando lo sorprendieron trabajando en forma ilegal, tuvo que partir otra vez.

Se fue a Haití.

Después de la tercera expulsión llegó a un puerto colombiano.

A la cuarta fue la vencida. Desde hace tres años trabaja en Curazao como albañil, con todas las autorizaciones legales, y como pequeño empresario del ramo, sin tantas formalidades… Cada mañana sale a recoger a los trabajadores que contrata, los deja reparando una casa o haciendo algunos cimientos, y se va luego a realizar su propio trabajo de albañilería. De paso, mientras controla a su gente o habla con sus compañeros de trabajo, va esparciendo el habla chilena. A veces con deliberada intención de que aprendan palabras gruesas, para luego gozar del espectáculo. Pero a menudo enseña sin proponérselo: le basta hablar. Adiestra con el ejemplo. En la pequeña capital de las Antillas Holandesas, junto al cónsul honorario de Chile, existe este informal difusor de nuestra idiosincrasia, que ha terminado por hacerse popular en el área de la construcción y sus clientes. Así lo confirma un ingeniero santiaguino, Héctor del Gaiso, antiguo profesional del Hotel Carrera Hilton de Santiago, que hoy trabaja para el Holding Hotelero de las Antillas Holandesas. Dice que el maestro Fuenzalida es tenaz como un pirquinero, y ya se ha hecho una pequeña situación sin perder nada de su carácter original.

Días atrás sorprendió a un guardia de seguridad sentado sobre el capó de su flamante Honda Accord, descansando. Se puso furioso. Antes de preguntarle cualquier cosa le dio una bofetada. Hasta ahí llegó el diálogo.

Mayúscula debió ser la sorpresa de ese guardia. Curazao es una pacífica isla del Atlántico, una isla tranquila del Caribe intranquilo. En pocas naciones del mundo es posible hallar gente de mejor carácter, más pulcramente vestidas, más alegremente hermosa. Las muchachas negras o mestizas, y también los hombres, erguidos como un huso, lucen vestuarios y sonrisas que parecen hechas para una alegre opereta negra.

PROBLEMAS EN LA PARRILLA

Calles y construcciones holandesas lucen como una enorme escenografía, pues no hay colores indecisos. Casas color lila, chocolate, esmeralda, magenta, púrpura, índigo, damasco, terracota, lúcuma… Todos. Y no sólo la arquitectura busca el arco iris. Más de setenta razas y nacionalidades se han fundido en esta isla de apenas 165 mil habitantes, y casi todos hablan tres idiomas: holandés, inglés y papiamento. Muchos miles aprendieron español en la educación básica o al sintonizar las telenovelas de la televisión y programas de radio de Venezuela.  

Pocos problemas tienen los curazoleños, según un hotelero santiaguino que trabaja para el Gobierno. La mayoría ve reducidas sus preocupaciones a saber cuál es la mejor carne para la parrilla… Todo esto a pesar que la mayor empresa del país, la Shell, acaba de abandonar su planta refinadora, que pasó a manos venezolanas, y no faltan cesantes en la isla.

Como se ha dicho antes, los holandeses, luego de 350 años, han dado aquí una lección a los países que tienen o tuvieron colonias en el mundo, sin desconocer que existen distancias históricas, demográficas, de territorio y profundidad de los problemas con otros países. De cualquier modo, resulta fácil comprobar aquí que con dificultades raciales, de clima, de idiomas, y de distancias, los holandeses han hecho de este disparate geográfico-administrativo que son las Antillas Holandesas, un lugar digno para la mayoría de los hombres.

Quisimos conocer más allá de lo que comúnmente se conoce de Curazao, que es Willemstad, su capital, con sus casas de dulce y chocolate. En auto recorrimos casi toda la isla -472 kilómetros cuadrados y 62 kilómetros de largo-, y comprobamos que es un gran desierto rocoso, montañoso y embrujador.

DESNUDOS OTRA VEZ

Salvo unos cuantos colonos portugueses, nadie trabaja la pobre tierra. Pero las centenarias casas de campo surgen aquí y allá con sus formas europeas y sus colores tropicales, cerca de playas coralíferas que obligan a la contemplación. En algunas, la privacidad y el calor permiten el nudismo total, y el baño femenino libre de corpiño. Entonces la contemplación se hace más alborotada.

Ocurre así, al menos, en la playa privada de Samta Pretu, donde la entrada vale sólo dos dólares y medio, pero el sendero tortuoso de ingreso exige un vehículo que cuesta varios miles de dólares.

La atmósfera de pasado que caracteriza a Curazao se hace aquí pasado remoto, el más remoto de todos: por la desnudez humana y las serpientes que se asolean en los riscos, es el regreso al Paraíso. (¿Tendría playas el Paraíso?) Otros desnudos o semidesnudos hubo en el pasado en esta región: los esclavos africanos. Fue Curazao el mayor supermercado esclavista del Caribe, y este sistema degradante sólo terminó en los 60 del siglo XIX. Pero los holandeses lo han hecho de tal modo -y tan bien- al menos en los últimos tiempos, que nadie reconocería en los negros curazoleños que manejan sus autos deportivos, a los descendientes en raya directa de aquellos esclavos.

ISLA DE LA FANTASIA

Han cambiado la esclavitud por la dignidad de nobles de la reina de Saba. Y como el pasado no los humilla, en este viaje acabo de descubrir uno de los lugares más bellos de la isla, Kenepa, recién restaurado. Casas donde alojaban los esclavos de una hacienda a principios del siglo XIX, junto a la gran casa patronal, construida en 1817. Los muros color caqui y los techos rojos bajo un cielo intensamente azul repleto de nubes esponjosas, producen un efecto cromático irrepetible por un pintor.

Abandonamos Curazao más entusiasmados que con la visión de los primeros días, cuando conocimos sus ya célebres construcciones holandesas junto al Caribe. Se agrega ahora la pedregosa magia del campo semi desierto, coloreado por cementerios alegres y por caseríos de vida lánguida.

Con las casas patronales y de esclavos espléndidamente revividas en estos días, el visitante podrá hacer un viaje al pasado muy distinto a cualquier otro.

Curazao se ha propuesto seguir siendo la isla de la fantasía.

Antillas Holandesas en corto

EL DESCUBRIMIENTO de Curazao fue hecho por el florentino Américo Vespucio, miembro de la expedición del conquense Alonso de Ojeda, en 1499. Se ha dicho que cuando Vespucio trató de capturar algunas mujeres indígenas, los hombres salieron en su defensa y los descubridores “quedaron húmedos de miedo”. Después de dar muchas vueltas, la historia llevó a esta isla y otras vecinas a poder de los holandeses en 1634, bajo cuya influencia siguen hasta hoy.

LA ECONOMIA de las Antillas Holandesas se afirma fundamentalmente en la refinería de petróleo, el turismo y los negocios de grandes consorcios y empresas que buscan un lugar para realizar transacciones sin angustias tributarias. La Shell refinó petróleo desde 1915 hasta noviembre último en Curazao, y la Esso, en Aruba.

LA ORGANIZACIÓN política ha sufrido cambios en los últimos tiempos, sin desaparecer por completo la influencia de Holanda. El primero de enero último la isla de Aruba dejó de pertenecer a las Antillas Holandesas, pero sigue bajo la tuición holandesa en forma separada. Los arubanos pasaron largo tiempo protestando contra el dominio de Curazao sobre las otras islas del grupo. Los blancos y mestizos de indígenas que dominan en Aruba no querían depender de los negros y mulatos curazoleños.

ANTES DE ARUBA y su separación, las Antillas Holandesas estaban formadas por las islas de Curazao, Aruba, Bonaire, Saint Maarten (San Martín), Saba y Saint Eustatius, con capital Willemstad, que es la única ciudad de Curazao. Constituían desde 1954 una entidad autónoma dentro del Reino de los Países Bajos, con apenas 933 kilómetros cuadrados y 258 mil habitantes en su conjunto. Curazao enarboló bandera propia en 1984, un gesto simbólico.

UN PAIS DISPARATE es Antillas Holandesas. Está constituido hoy por cinco islas, separadas en dos grupos, distantes ambas 900 kilómetros. Mientras Bonaire y Curazao se hallan junto a la costa venezolana, las tres restantes son vecinas de Puerto Rico, y hay que volar más de dos horas para llegar a ellas.

IDIOMAS, RAZAS Y RELIGIONES conforman lo más original de esta nación singular. El holandés, la lengua oficial, va acompañada del inglés y principalmente, del papiamento. En materia de razas, podría decirse que Curazao las tiene todas (unas setenta, con todos sus matices), a pesar de la escasa población. Dominan los negros y mestizos de negros, abundan holandeses, sudamericanos, judíos sefarditas, hindúes y chinos. Y en religiones, el 87 por ciento son católicos, pero existen la sinagoga más antigua del continente.

EL EXTRAÑO PAPIAMENTO sigue burlándose de quienes, procuran desentrañar su genealogía. Lo único que parece seguro es que su cuna estuvo en África Oriental, donde los campos de esclavos creados por los portugueses vieron nacer un idioma que permitía comunicarse a nativos africanos de tribus y naciones muy distintas. A esa lengua original se sumaron el habla de los sefarditas, de los españoles, de los holandeses y de hombres de lengua inglesa. Casi todos los curazoleños hablan papiamento y los diarios de mayor tirada lo utilizan como lengua única.

LA CENTRO DERECHA domina sin contrapeso la política curazoleña. Forman dos partidos, que doblan en votación al izquierdista moderado Frente Obrero. En 1969 se produjo un grave incidente protagonizado por trabajadores de la refinería, cuyo origen último era la discriminación racial que no se borra del todo. Desde entonces (fueron quemados cuarenta edificios y casas), la igualdad pareciera no tener manchas y la paz reina en Curazao. En cuanto a la independencia de Holanda, la mayoría no la busca. Dicen que los europeos no les consultaron antes de tomarse la isla, pero que ahora deberán tener el visto bueno de los antillanos para dejarles librados a su suerte…

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