Chungará | El lago chileno más alto del mundo

Chungará
El lago chileno más alto del mundo

Supera al Titicaca en unos 700 metros de altura, pero sólo lo conocen escasos chilenos,  y la mayoría de estos apenas de nombradas. La Revista del Domingo quiso ayudar a descubrirlo y llegó hasta sus orillas después de recorrer 2.200 kilómetros y atravesar desiertos, sierras, montañas, hasta llegar al Altiplano. Desde sus orillas se divisa la frontera boliviana, y cerca de él quedan muestras de supuestas venganzas de sus aguas traidoras.

La temible puna del Altiplano, que acecha a vehículos y visitantes, los pésimos caminos y enormes distancias, han hecho un desconocido del más notable lago chileno. Situado a más de 700 metros sobre la altura del Titicaca -considerado el más alto del mundo, seguramente por su mayor tamaño-, el Chungará sólo resulta familiar a algunos habitantes del Altiplano de Arica y lo conocen de nombre una minoría de chilenos. Su belleza, sin embargo, unida a una espectacular situación geográfica, le permiten resaltar en todo el globo. La Revista del Domingo recorrió más de dos mil kilómetros desde Santiago hasta casi el límite con Bolivia, donde está situado ese pequeño lago. El esfuerzo tuvo la recompensa de una visión insospechada para el chileno y que se aprecia en las fotografías de estas páginas.

RUMBO AL LAGO

No resulta fácil llegar hasta las frías aguas del Chungará. Los 220 kilómetros que lo separan de Arica demandan unas seis horas de viaje, atravesando desiertos, sierras escarpadas, altas montañas por caminos de mil curvas y el multicolor escenario del Altiplano -a más de 4 mil metros de altura-, cubierto de una vegetación verde pastel y de salares blancos como nieve. A medida que se tragan kilómetros se acercan dos volcanes gemelos y vecinos, los Payachatas, tan soberbios como el Villarrica, macizos y siempre nevados. A sus pies surgen el lago Chungará y las lagunas de Cota-Cotani (“Muchas lagunas” en lengua aymará). Cota-Cotani en otra época fue un pequeño lago, pero la lava de los Payachatas lo transformó en una multitud de pequeñas lagunas entre montículos de tierra casi negra. Aunque no resulte ya una comparación original, no hay remedio: el visitante se imagina estar frente a un paisaje de la Luna.

Rebaños de auquénidos -principalmente llamas y alpacas- pastan cerca del camino, vigilados desde cerros vecinos, discretamente, por pastores de rasgos indígenas. A lo lejos surgen de pronto pequeños grupos de ñandúes, los avestruces de América, y veloces guanacos. Todo el paisaje resulta muy diferente a la imagen de un Chile campesino o desértico. Los poblados que se encuentran en la ruta parecen vivir miles de años atrás en la historia. Techos de paja brava, semejante al coirón, y muros toscos y blanquizcos forman las chozas y pequeños templos. Todo es extraño. En el caserío de Chucuyo -vecino a Chungará- la anciana Erusilda de Huanca no pudo respondernos:
-Yo no hablo bien español. Soy “aymarista!.

“AYMARISTAS” Y FLAMENCOS

Todos los habitantes de la región usan preferentemente la lengua aymará. Muchos se dicen huarisos, nombre que dan a un animal híbrido de auquénidos. Ellos se sienten indistintamente chilenos o bolivianos. Sus parientes viven a uno u otro lado. La frontera corre a sólo 12 kilómetros. Trabajos y compras se realizan a ambos lados.
-Ahora que cuesta comprar cosas en Arica vendo mi lanita en Bolivia y allá compro chuñito y otras cositas- confesó Máximo Coma Paco, un pastor de llamas vecino a Chucuyo-. Los carabineros nos requisan las cositas que compramos en Arica y nos dejan muy pocas. Nos acusan de hacer contrabando a Bolivia. Es muy injusto. No tenemos ninguna movilización colectiva a Arica y tenemos que bajar en camiones unas pocas veces al año.

En decenas de kilómetros a la redonda, solo viven algunos cientos de chilenos altiplánicos. La mayoría en Parinacota, poblado cuyo nombre recuerda a los flamencos de las aguas vecinas (parina es el nombre del flamenco tarapaqueño y cota significa (lago o laguna). Cerca de allí, pasando junto a Cota-Cotani, se llega por fin a Chungará. Las riberas están cubiertas por una vegetación que asoma apenas unos centímetros del suelo, formando una especie de ciénega o vegas llamados bofedales. En las aguas azules y muy frías resaltan los flamencos, solemnes y elegantes, $que incesantemente emiten graznidos roncos. Junto a ellos, patos negros de escasa corpulencia, nadan con asombrosa rapidez, indiferentes a las visitas. Los flamencos emprenden a veces el vuelo dejando una estela rosada.

ORIGEN DEL CHUNGARÁ

Chungará se encuentra a 4.539 metros de altura (el Titicaca a poco más de 3.800) y en sus 12 kilómetros cuadrados se reflejan los Payachatas y el Guallatire, otro hermoso volcán vecino. Es un pequeño lago, equivalente a menos de la mitad del Pirihueico de Valdivia y del Budi de Cautín, pero de belleza sólo comparable a la de los más hermosos lagos del Sur. Sus volcanes, los Payachatas, son -a juicio del explorador alemán Walter Khaler-Lang-“los más hermosos de toda la cordillera de los Andes” (pertenecen a Chile y Bolivia, y el propio Chungará figura en algunas enciclopedias como “lago boliviano, alimentado por el río de igual nombre”.

Al parecer este lago era en otras épocas considerablemente más pequeño. Las aguas del río Chungará habrían alimentado entonces a las actuales lagunas de Cota-Cotani. Una erupción de los Payachatas cegó tal vez la salida y dio origen al lago Chungará. Restos de las erupciones aún pueden observar a simple vista en el sector de Nakhata, cuyo nombre significa Piedras Calcinadas.

Ninguno de los aimarás de la región vive a orillas del lago Chungará. Carece de bofedales extensos para la cría de ganado y sus aguas son demasiado frías como para bañarse  en ellas. Sólo en estos días se ha instalado en sus riberas un pequeño campamento de obreros que realizan bajos relacionados con el río Lauca. Se proyecta vaciar parte del agua de Chungará a la laguna Parinacota (muy próxima), de la cual nace el polémico río Lauca. De esta manera aumentaría su caudal, permitiendo explotar mejor el valle de Azapa (junto a Arica) y la planta hidroeléctrica de Chapiquiña (10.000 kilowatts), la más importante en Tarapacá.

MALEFICIO EN EL ALTIPLANO

Voces aisladas se han levantado en la región para impedir que el lago chileno más alto del mundo se convierta en una laguna insignificante. Los habitantes del lugar recuerdan que esas “son aguas vengativas” Para corroborarlo relatan una leyenda semejante a la de Sodoma y la mujer convertida en estatua de sal. Dicen que hace muchas lunas existían en el lugar las casas de un pastor rico y corrompido. Un ser divino ordenó la destrucción del poblado en castigo por su mala vida. Quiso, sin embargo, evitar la muerte de una sirvienta del pastor. Le dijo que huyera con su hijo, pero sin mirar para atrás. La mujer desobedeció la orden. Hoy en el camino a Bolivia -por la apacheta de Guacollo-, sobresale una roca de metro y medio. Tiene las formas de una mujer aborigen cargando un niño en su espalda.

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