¡Viva el cuchillo!

¡Viva el cuchillo!

Un amigo mexicano de paso por Chile me abre el apetito. Dice que nadie que viaje a Europa puede perderse ¿Verdadero o falseto?, comedia musical sobre un tema dramático desarrollado con gracia por el transexual Ernesto Tomasini (foto, él en imágenes sobrepuestas). Se ocupa de los niños que eran castrados para que luego tuvieran la fuerza pulmonar de un adulto, una laringe pequeña y flexible, y cuerdas bucales cortas, y así cantar como soprano o contralto. Seres con “la clase de voz que se imaginaba que poseían los ángeles.” El testimonio sobre un amigo de Mozart, es elocuente: “Oí a Tenducci. Tiene aspecto de hombre, pero dicen que no lo es. La voz es más melodiosa que la del hombre y la mujer; y trina tan divinamente que mientras lo escuchaba creí hallarme en el paraíso.”

Sus voces tenían un impacto emocional enorme“, dice S. Bardwell, directora del Museo Haendel de Londres, que organizó una reciente exposición sobre el tema. Ahí vimos los instrumentos con los cuales los niños eran privados de sus genitales, o se les inducía la atrofia testicular, no siempre la impotencia. Antes de los 10 años, ellos debían dar su “consentimiento”…En una carta de 1685, Charles de Saint-Evremond (foto, con chaqueta de cuero y pañuelo al cuello) intenta convencer a un niño que acepte ser castrado: “Están, por tanto, garantizadas tus amantes, y te librarás de un gran mal. ¡Tendrás la suerte de no tener mujer, y más suerte aún de no tener hijos!

Cada año, cuatro mil menores sufrieron castración en Italia, durante más de 200 años, para abastecer a cuerpos de ópera y coros religiosos, incluidos el de la Capilla Sixtina.

Esta práctica, casi siempre condenada por la Iglesia Católica, gozó por siglos de tolerancia en los hechos. El papa Clemente VIII (1536-1605) autorizó la castración ad Gloriam Dei, sólo”por la gloria de Dios” (foto, el pontífice con atavío completo). La música sacra de la época pedía voces con registros muy agudos, pero por un largo período la Iglesia Católica tuvo prohibido el canto de las mujeres en público, siguiendo una epístola de san Pablo que dice: Las mujeres deben permanecer calladas en la iglesia”. Hombres castrados ocuparon su lugar.

Siguieron cantando en El Vaticano y muchas iglesias, hasta que León XIII prohibió en 1902 su presentación en ceremonias eclesiásticas. Una excepción notable: Alessandro Moreschi, que ofició como cantante y jefe del coro de la Capilla Sixtina hasta avanzado el siglo XX. Se ha escrito que era ovacionado al grito de “Evviva il coltello” (“¡Viva el cuchillo!”). Retirado en 1913, parece el único del cual existe una grabación de su voz. Ya era cantante maduro, y nunca tuvo, dicen, la calidad ni la formación musical de castrados virtuosos como Farinelli, que podía producir 250 notas sin tomar aliento.A ellos, jamás el mundo los volverá a escuchar. A Moreschi podemos oírle, con el coro sixtino, en: www.archive.org/audio/xspf_player.php?collectionid=AlessandroMoreschi