Sorpresas entre Tongoy y Los Vilos

Sorpresas entre Tongoy y Los Vilos

Hay que salir de la Panamericana Norte y entrar en las provincias de Choapa y Limarí para descubrir que entre Tongo y Los Vilos hay mil lugares que enriquecen a la Cuarta Región como destino de viajes y vacaciones. Recorrimos  todo Coquimbo, incluyendo La Serena,  en busca de lo nuevo y distinto. Una visión a paso ligero.

Nos envuelve la paz del Oriente cuando recién iniciamos un recorrido por la Región de Coquimbo, a dos horas de Santiago. Budas, pagodas, una casa de bambú, linternas de piedra, saunas sobre las olas, y un maestro yogui que hace clases de sattva yoga a estudiantes extranjeros, para liberar cuerpo y alma. Este santuario sobre la roca, que antes fuera sólo para iniciados, ahora se encuentra abierto a todo viajero que quiera gozar del retiro y bienestar –wellness retreats–, con buen servicio hotelero y 16 habitaciones sin televisor. Conocimos a este maestro yogui, Gustavo Ponce, cuando era embajador de Chile en Japón, tras vivir 20 años en ese país formándose en artes marciales. Luego se fue a la India, y volvió a Chile como embajador del yoga. Creó entonces un centro en Las Condes, y tras una maduración que duró una década, dio forma este “santuario” sobre el mar de Ensenada, entre Quilimarí y Los Vilos, que llamó Canal Om.   Un poco al sur, camino al valle de Quilamarí, habíamos encontrado otro espacio exótico que recibe viajeros: el pequeño oasis florido de Miravalle. Un nuevo Buda vigila la práctica de medicina ayurvédica, que propone una visión más interactiva de la realidad, donde las plantas se escogen para lograr el equilibrio entre el individuo y su entorno. Tiene salas de meditación, jacuzzi al aire libre, piletas de cuarzo, cocina orgánica, baños de barro, masajes … Y si hablamos de centros magnéticos, entre las variadas ofertas de Coquimbo sobresalen. Uno es el Spa Cochiguaz, que en ese pueblo ofrece baños de hierbas, sesiones de reiki y reflexología   El otro se llama Hospedaje Sundari, próximo a Vicuña, con terapias como ayurveda y fitoterapia, meditación y gimnasia tibetana.

Lugares turísticos de todo tipo, que interesen a muchos, como los ya mencionados, ojalá desconocidos para casi todos, es lo que nos hemos propuesto rastrear en un recorrido que estamos iniciando por la Cuarta Región. Iremos de extremo a extremo. No será breve, pues del Norte Chico es esta la Región más… grande, y los lugares de interés se hallan repartidos en toda su geografía. En la primera parte del viaje nos proponemos discutir la expresión común que sugiere que no hay nada claro “entre Tongoy  y Los Vilos”.  La escasa razón que pueda tener, se acaba si el viajero abandona la Panamericana Norte –un poquito que sea– para entrar hacia el  corazón de las provincias de Choapa y Limarí. Pronto sabrá que ese dicho tan común anda medio perdido.Anda “entre Tongoy y Los Vilos”.

Brujas de Salamanca

No parece casual que lugares como Canal Om y Miravalle, que ponen sus ojos más allá de la Tierra y cerca de lo inexplicable, se encuentren tan cerca de Salamanca, ciudad a la cual vamos, camino a la cordillera. Salamanca, en la lengua española antigua, es el nombre de los aquelarres o centros de brujería, y aún hoy en Chile y países vecinos, una salamanca es la cueva natural de ciertos cerros. Y al lado de esta ciudad campesina y minera, en Chalinga, nos han hablado de una salamanca en el cerro Manquehua. La tradición dice que un grupo de indígenas desapareció allí perseguido por los españoles, y periódicamente se les divisa a dos mil metros de altura, portando luces, especialmente para Viernes Santo y el día de San Juan. Según los creyentes de la brujería, esta cueva –llamada Raja de Manquehua—se encuentra unida bajo tierra con las cuevas encantadas de Talagante y Chiloé. Uno de los convencidos es don Rigo,  famoso en todo el valle de Chalinga por sus exquisitos chacolos y chichas de uva. Dice que esta es zona de brujos, pero advierte: “No hacen nada”. Hay que preguntar por él en Cancha Brava. Muy cerca se pueden visitar también curiosos hornos secadores de tabaco, enormes, ya fuera de uso. Y es posible conocer un caserío muy particular llamado Señor de la Tierra, nombre dado por una imagen de Cristo encontrada bajo tierra. Tiene apenas 150 habitantes, pero recibe 5 mil personas o más en su fiesta de veneración, que el año que viene se celebrará a partir del 8 de enero, por nueve días. Aquí el Choapa profundo sigue vivo.

Si queremos comer sabroso y seguro, es una buena idea dejarse llevar hasta Llimpo, lugar a 12 km de Salamanca. Allí está el premiado restaurante Las Tococas. Su dueña, Gloria Pastén, hace comida y postres chilenos con paladar de gourmet, que ya pudo mostrar en Francia, y encantan a muchos ejecutivos de Los Pelambres, cuprífera omnipotente. Más de la mitad de todo lo que exporta la Cuarta Región viene de esta minera. Choapa, Illapel y Salamanca se han llenado de hoteles, pensiones y residenciales para atender a los trabajadores y visitantes de Los Pelambres, muchos organizados por la propia minera. Pero son muchos los que se quejan por los abusos en el agua. “Si me la dejas me matas, si me la quitas, me muero.

La vecina zona de Illapel  puede encantar a los niños y a los amantes de la fauna. A 15 km, en el sector de Aucó, existen las últimas colonias de chinchilla chilena, protegidas en una reserva nacional de CONAF. Un pequeño zoológico a oscuras exhibe varios ejemplares, más algunos marsupiales chilenos y otras especies en peligro. En la reserva Las Chinchilles también es posible observar zorros, yacas, quiques, cururos, pumas y al gato colo-colo. 

Otro gran tema nos lleva de regreso a la Panamericana Norte. Al lado del mar –aún faltan 190 km para llegar a La Serena–nos espera el futuro de la energía: el monumental Parque Eólico Canela. Un moderno mirador nos permite observar a los gigantes de Chile: 40 generadores que tienen la altura de la Torre Entel de Santiago, y que producen energía moviendo aspas descomunales gracias al viento.  Es un emprendimiento de EndesaEco, que está todavía en su primera etapa, pues se propone instalar algunos miles de estos gigantes, en 40 campos eólicos. Los tres que están en operación (Totoral, Canela I y II) producen dos terceras partes de nuestra energía renovable, y es el segundo complejo más grande de América latina. El futuro no es chancaca, pero puede ser Canela.

Al valle del asombro

En Canela abandonamos la provincia de Choapa, para pasar la vecina, la del Limarí. Visitaremos el más importante observatorio astronómico turístico de Chile y Sudamérica: el Cruz del Sur, que desde este verano tendrá en operación un planetario para 70 personas. www.observatoriocruzdelsur.cl Tenemos que avanzar 74 km desde Canela hasta Combarbalá. En las afueras se encuentra el observatorio. También visitamos una cantera de la Piedra Nacional de Chile, la combarbalita –especie de mármol semi blando–, con la cual los artesanos locales producen mil objetos diferentes a precios muy bajos. Hay aquí piedra para un siglo de explotación.

Es el último lugar para detenerse antes de llegar a la ciudad de Ovalle, capital de esta provincia. Su valle se esfuerza por desplazar al valle del Elqui en lo turístico y en lo económico. Ya tiene ganado un gran trecho, lo cual puede resultar una sorpresa para los que la miran de lejos. Tiene muchos hoteles realmente excepcionales, como la  Hacienda Santa Cristina, a 4 km de la Panamericana Norte, en Quebrada Seca, a la altura de Ovalle, www.haciendasantacristina.cl, y Hacienda Los Andes, metida en la cordillera, en Río Hurtado, no muy lejos del Valle de Elqui. La californiana Gayot, Guía de la Buena Vida, lo calificó como uno de los diez mejores “ranchos” del mundo en 2009, por sus excursiones a caballo y hospedaje con pulcritud alemana www.haciendalosandes.com Entre los hostales llama la atención el Apuwara, de Combarbalá, muy chileno de origen, pero con rica atmósfera de hotelito internacional. www.apuwara.cl

Ninguno de ellos, sin embargo, es tan creativo, original como el cómodo Hotel Limarí, un cuatro estrellas instalado a cinco minutos de Ovalle, camino a Sotaquí.www.hotellimari.com. cuando sus huéspedes realizan excursiones o tours pueden alojar en otros buenos hoteles de la Cuarta Región, gracias a varios convenios gestionados por su gerente, Marcelo Meyer Clandestino. Incluye hoteles tan alejados como el EcoLodge Casona Distante, de Alcoguaz, en el Elqui profundo.www.casonadistante.cl  El Hotel Limarí tiene una carta de tours que cubre el tema mágico, cabalgatas y turismo de bodegas, incluyendo Mal Paso y Tabalí. En el Valle del Encanto, entre grandes quiscos y rocas con petroglifos, promueve ceremonias esotéricas en que usan fogatas y antorchas, conducidas por el chamán Samuel Peña. A pedido de los huéspedes, también realiza maniobras de sanación utilizando el método mexicano del temazcal, una milenaria práctica chamánica, sobre la base de vapor, ramas de árbol frescas, cantos, masajes, visualizaciones, ejercicios de meditación y aromaterapia, más otras formas de la herbolaria. Este servicio se da en el propio hotel. Su carta de tours incluye además visitas a las playas de Coquimbo y La Serena, al Valle del Elqui, a los seis observatorios turísticos, los parques Fray Jorge y Talinay, las termas de Socos, el parque eólico de Canela y los embalses regionales. Se organiza cualquier viaje que quite el sueño al viajero curioso (dispuesto a pagar). 

Limarí está lleno de vida gracias al turismo y a la minería del oro, que fortalecen la hotelería y los servicios. Hay también un ambiente relajado y festivo. En el Hotel Hacienda Santa Cristina vemos un pequeño letrero que refleja bien esa atmósfera. En él se detalla con humor lo que va ocurriendo con los participantes de una fiesta bien regada, en las distintas etapas:

  1. Facilidad de palabra
  2. Exaltación de la amistad
  3. Cantos regionales
  4. Tuteo a la autoridad
  5. Insultos al poder eclesiástico
  6. Delirium Tremens

Así, cualquiera se tienta con echar ancla en la provincia del Limarí. Pero debemos seguir a la provincia del Elqui, la más importante de las tres que forman la Cuarta Región. Es también la más famosa y trajinada por la prensa turística. Por eso vamos a recorrerla casi a paso de carga, deteniéndonos sólo en lo nuevo o más sugerente.

Elqui sabe sabe

La provincia de las grandes playas tal vez tiene en Socos la mejor playa de Chile, en Tongoy. Ahora el pueblo parece afectado por el masivo cultivo de ostiones y locos, y con los experimentos para producir corvinas. Los afuerinos que llegaron en busca de trabajo han cambiado las costumbres. Es la queja de muchos. Pero el cultivo de ostiones ha producido un fenómeno en la gastronomía de la región completa. Por ejemplo, los finos restaurantes Molokai, en Puerto Velero, en Guanaqueros y La Herradura, ya ganaron un primer premio por su arte del maridaje, es decir, la combinación de platos y copas regionales, creaciones de Elizabeth Opazo, una chef que prefiere cocinar junto al mar, donde hace milagros. Sus milagros, claro, no son nada si se comparan con los milagros que obra lejos del mar el más importante de los vecinos de la provincia, de rostro indígena: la Virgen de Andacollo, a 50 km de Tongoy, camino a Ovalle. Miles llegan a pagar mandas cada año, animando una de las más antiguas y concurridas expresiones  religiosas de Chile, la llamada Fiesta Grande de la Virgen del Rosario de Andacollo, que ya está cerca (23 al 26 de diciembre).

Esta antigua religiosidad popular, sin embargo, no ha logrado hacer de La Serena un vecindario   virtuoso. Eso dicen todos.Tuvo y tiene más iglesias que cualquier otra ciudad de Chile (comparativamente), pero predominan los líderes que prefieren una sociedad laica, y los que se dicen creyentes cargan con una fama dudosa. Ayer abundaban los casados que tenían doble y triple vida sexual, lo cual se sintetizaba con malicia:  “De día beato, de noche gato”, título de un libro local. Lo escuché recordar ahora en la Casa Piñera, de la Universidad de La Serena, que es monumento nacional. Fue construida por el minero y almacenero Alejandro Aracena hace 150 años, pero por matrimonio con Paula Piñera, de sangre peruana,  pasó a manos de la familia del actual Presidente, hasta que fue vendida en 1970. Es el tipo de casa de tres patios, en las cuales  los caballeros –me dijo el historiador Fernando Moraga, ahora desaparecido– solían iniciar la noche con su esposa en el primer patio; pasaban luego al segundo, el de las jovencitas del servicio, y terminaban en el tercero con las hijas de esclavas. 

Lo colonial mantiene hoy día pocas expresiones auténticas en La Serena. Fue demolida en buena parte y hecha de nuevo por el presidente radical González Videla. Pero para convertirla en “ciudad colonial” contrató a dos personas que no eran de la región y tenían título profesional alguno. Uno fue el autodidacta sajón Oscar Prager, remodelador de jardines en California y Praga, quien no se ocupó de interpretar el alma de la arquitectura colonial chilena, sino parecía más inclinado por la californiana. Junto a él estuvo un joven de Concepción, Wilhelm Ulriksen, estudiante de Arquitectura, que llegaba a Chile luego de pasar largo tiempo en Rusia. El resultado arquitectónico suele ser llamado “vagamente neo colonial”.  Pero, finalmente, esos dos hombres de sangre germana y nórdica le dieron finalmente un carácter a La Serena, que hoy los vecinos cuidan y los visitantes aprecian. Lo mismo ocurre, claro, con otra obra exótica, el precioso parque japonés Kokoro No Niwa (Jardín del Corazón), instalado en el corazón de la ciudad. Regalo de la CAP, es uno de los más grandes de Latinoamérica.

Nació de ese modo una de las ciudades con escuelas y edificios públicos más dignos de Chile. Si hoy vamos a las playas de La Serena y Coquimbo, a los restaurantes de ella y a los trasnochadores Barrio Inglés y el casino Enjoy de su vecino, habremos gozado de uno de los centros turísticos más entretenidos de Chile. Para encontrar otro centro urbano regional que sorprenda por su valor turístico, deberíamos mucho por la pre-cordillera, hasta el pueblo de Pisco Elqui. Bonito, acogedor, con servicios modernos en sus antiguas casas. Buenos restaurantes, en especial uno, llamado El durmiente Elquino, que se jacta de no cocinar jamás cazuelas, ni pasteles de choclo ni pollo asado. Con talento gastronómico y sentido de la decoración de los platos y bebidas –como el merkén-sour–, prepara un costillar de cerdo enriquecido con quínoa y finas hierbas. Es la creación de Julieta Espíndola y su marido, el agrónomo Héctor Rivera. Por $15.000 aseguran una comida abundante, sabrosa y delicada.

No lejos de Pisco Elqui, camino a Cochiguaz, nos encontramos de pronto con lo que sentimos como la imagen viva del esotérico Valle de Elqui. Sobre una gran piedra junto al camino de tierra, en la soledad más completa, un hombre de barba sentado en posición del loto, medita.

–Estoy activando mi nave para los viajes astrales. Por eso me vine a Cochiguaz–, dice cuando le preguntamos por qué dejó la ciudad de Iquique, donde nació, para vivir como okupa en un sitio de dueño desconocido, bajo unas pocas tablas. Tiene muy manoseado un libro de José Argüelles, fundador del movimiento Trece Lunas, que ha popularizado las profecías mayas sobre el año 2012 y el cambio de los tiempos. A este hombre se le acaba un modo de vivir y se le anuncia otro muy distinto. Dicen que a veces grita por las noches. Para activar su nave, no sólo medita. Activa su cerebro parándose sobre su cabeza, sin más ayuda que un suéter rápidamente doblado sobre la tierra, con la cabeza en el suelo y sus brazos en torno al cuerpo, con las manos rozando las rodillas. Permanece así, tieso como un ciprés, por varios minutos.

–¿Difícil?

–Ya no.

A sus 50 años, Flavio Dante Casselli Rojas se dedica a tallar instrumentos indígenas oceánicos como el dilliridú y hace finos collares chamánicos en punto escama. Se alimenta de lo que abunda en los huertos del pueblo: naranjas, paltas, membrillos, nísperos. Pero nadie más vive en su rancha.

–¿Le acomoda vivir solo?

–No vivo solo. Vivo conmigo.

Regresamos a Santiago antes que este recorrido nortino se transforme en un viaje sin retorno.

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