Shakira y el carnaval de febrero

Shakira y el carnaval de febrero

“Apenas estamos comenzando la fiesta/ apenas estamos comenzando a beber/ porque el que bebe… ¡se emborracha!/ Porque el que se emborracha… ¡se duerme!/ El que se duerme…¡no peca!/ El que no peca…¡va al cielo!/ Puesto que al cielo vamos… ¡bebamos!/ …”

No se trata sólo de beber. Hay que divertirse. Por eso, lo más serio de Barranquilla es su Carnaval, que agita el verano. Y de los hijos nacidos, Shakira es la más universal. Cumplirá 30 años el mismo mes de esa fiesta. Siempre dice: “De mi pueblo aprendí a bailar y a cantar. Es la música que he venido mamando desde la cuna“. Suena sincero. Y si sus palabras no lo fueran, su cuerpo lo es, y al cimbrar las caderas remece al planeta.

Artista y ciudad se confunden. Barranquilla no es la más linda de Colombia. Es la más alegre. Cuando la esclavitud formaba una cadena en América tan grande como los Andes, al poblado se le conocía como “sitio de libres.”  No llegaba el brazo de los esclavistas ni del gobierno. Por eso, Barranquilla es lo que es. Quizá por eso Shakira baila con la libertad que sabemos. Nada de esto existiría sin un desembarazo tan antiguo incrustado en la mente. Parece una salida facilona pensar que en su manera de bailar Shakira revela los genes de su padre árabe o una afortunada flexibilidad de caderas. La flexibilidad está en su cabeza.

En Barranquilla, muchas generaciones han sido capaces de sentir una y otra vez, cada febrero, la felicidad del esclavo recién liberado. Sabemos, sin embargo, que mientras más explosivas son las alegrías, más intensas suelen ser las tristezas. Lo lamenta un cartel: “¡Ay, Dios mío! ¡Ojalá todos los días fueran de Carnaval!” Febrero es, entonces, el mes para venir a Barranquilla. La cita de este verano es entre el 17 y el 20 de febrero, antes del Miércoles de Ceniza, “hasta que el cuerpo aguante.” Después de la de Río de Janeiro, no hay fiesta más grande.

El cuerpo se empieza a calentar el viernes anterior. Hay un pre-carnaval nocturno, una jubilosa anunciación llamada guacherna, donde resuenan matracas, llamadas guaches, que le dieron su nombre. Cantan las tamboras, las cumbias y cumbiambas. África regresa. Resucitan los abuelos mandingas, caravalíes y congos. Desfilan las candidatas a reina y los morenos con sus gaitas le dan al ritmo desde atrás. Que nadie sea espectador. “¡Quien lo vive es quien lo goza!”, dice su lema. Miles de shakiras se remecen con las alegrías de la cumbia. Un millón de personas viene al Carnaval. Saben que la risa barranquillera es un potente remedio anti-stress sin efectos secundarios.