San Pablito espera milagrito

San Pablito espera milagrito

Su suave textura parece imitación de la piel humana. Tal vez por eso lo utilizaron durante milenios para cubrir los cadáveres, luego de retirarles la piel, y así entregarlos a su postulación a la vida eterna. Hecho con la corteza de un ficus, el papel amate es el  papiro desarrollado por los indígenas en América Central, sobre todo en la parte  mexicana (/foto). Algunos lo fabrican; otros lo pintan. Se diferencia del papel del Nilo por el colorido deslumbrante de sus dibujos,  con pájaros enormes, monos y venados, en medio de hojas de palma y una vegetación espesa, recreados con todos los tonos del rojo, el amarillo y el verde. Ahora, artistas indígenas evolucionados emplean las técnicas ancestrales para ilustrar escenas de la vida diaria, con bodas, cosechas y hasta ceremonias funerarias de color festivo. Alfonso Lorenzo Santos puede ser el más notorio de ellos, aunque hay muchos en Ameyaltepec y otros rincones de México.

Recogiendo cortezas en primavera, cuando “la luna está tierna”, la milenaria producción de papel amate ha sido sostenida en los últimos siglos por artesanas otomíes y otras campesinas de la región nahua, en cerros no muy lejanos del D.F. La mayoría de los turistas ignora por qué esta tela se produce principalmente en una aldea perdida de la sierra. Los conquistadores trataron de terminar con ella, porque era usada en ceremonias religiosas primitivas. Unos pocos pueblos ocultos lograron mantener su sagrada tradición, que tenía mil años cuando Cristo nació. Por eso, San Pablito, la capital del amate, es un caserío escondido hasta para el GPS, al final de un ramal caminero del municipio de Pahuatlán. Parece deliberadamente opaco; sólo vemos casas sin historia y sin gracia; al caminar sus calles se escucha un monótono martilleo que sale de las viviendas. Cientos de mujeres golpean pacientemente la corteza cocida y remojada del ficus con las piedras de siempre, para que las distintas capas se adelgacen y fusionen. El mismo sonido se escucha, desde que hay memoria, en otras regiones del Pacífico. Los hombres que poblaron Rapa Nui, originarios de las Marquesas, tenían en su tierra un verdadero culto a este material. Los jefes más poderosos eran aquellos que habían acumulado mayor cantidad de telas hechas con cortezas de ficus. En Pascua, que ya no tiene ficus, esta tradición habrá vivido menos que un jazmín.      

Ningún pueblo del planeta, sin embargo, produce un arte sobre amate tan llamativo como el de los otomíes y nahuas. Hoy seguimos viendo figuras recortadas, vistosas como lenguas de fuego, que cuelgan en muchos lugares. Son ofrendas para ganar en salud y en la cosecha; son ruegos al Señor del Monte o al Espíritu del Platanero. Una ofrenda al Espíritu de la UNESCO…debería colgar el mundo, antes de que sea tarde. En el área de San Pablito ya se acabaron los ficus, desaparecieron todos los árboles aptos para producir amate; y San Pablito no hace milagritos. Que los haga UNESCO.