Olmué  | Volando aviones de la 2ª Guerra

Olmué
Volando aviones de la 2ª Guerra

“La vida son dos horas y hay que vivirla” parece el lema de los hermanos Corral, de Olmué, que han comenzado a ofrecer un tour único en el mundo. A los gringos y europeos los tientan a volar durante 12 días en la nutrida flota de aparatos aéreos que vemos en estas páginas. Les cobran 18 mil dólares por el plan más caro y 760 por acrobacias en biplanos de la Segunda Guerra… con diploma.

Por Luis Alberto Ganderats. Fotos de Juan Pablo Sierra

Me estoy acordando de un infierno muy divertido.

En este instante vuelo cabeza abajo en un avioncito de los años 30, sin techo en la cabina. Siento que mi cuerpo ha desaparecido. ¡No pesa nada!

(… ¿Me habré caído?)

Pesaba más de 200 kilos hace cinco segundos, cuando este moscardón amarillo hizo una picada como si se hubiese lanzado desde el tablón a la piscina.

O sea, mi cuerpo estaba dos veces más pesado de lo habitual, lo que no es poco decir pensará un amigo mio (colocado no cobra). Pero en este minuto no estoy para bromas.

El looping completo no dura más de 15 segundos, y la voltereta en el aire a 1.000 metros de altura comienza otra vez, como si estuviera en un carrusel entre las nubes muy blancas de Olmué y el puntudo cerro La Campana.

Ahí vamos…uuuuuuuhhh cabeza abajo, cabeza arriba, picada, recuperación, estoy liviano, estoy pesado…

¡De esta no salgo! Quién me manda a volar con Francisco Corral.

Francisco Corral, piloto acrobático, vuela solo desde los 15 años, es chiflado por los aviones de la Segunda Guerra y cobra varios miles de dólares para someter a tamaña incertidumbre a turistas ricos de todo el mundo. He querido saber qué se siente haciendo un looping o un spin, cuando el avión cae dando vueltas como un tirabuzón, y durante cinco o seis segundos la tierra gira enloquecida. O haciendo un rool, cuando el avión se precipita de espaldas como un pájaro cazado al vuelo.

Voy amarrado en los hombros, en las caderas y en las piernas, pero la experiencia me ha traído de vuelta al “infierno divertido” del que hablaba antes. Se trata de un chiste adolescente  que repetiré aprovechando que estamos picando en el looping y he subido de peso nuevamente. Es un chiste corto. Aquí voy…

El muerto era bueno y se fue al Cielo en vuelo non stop. A las dos semanas estaba más aburrido que buzo en el desierto.

Me quiero ir al Infierno– le anunció a san Pedro.

-¿Por qué?, hijo mío.

Aquí me aburro. A mí me gusta el h-leseo.

Dicho eso, se lanza en tirabuzón hasta el Infierno, donde Satanás lo recibe ensartándolo con su tridente, y para empezar lo sumerge en una caldera de aceite hirviendo…

El recién llegado exclama gozoso: “¡Así me gusta a mí, puro h-leseo no más!”.

A esto, Marcelo Corral le llama turismo aventura. Es el hermano de Francisco, que me ha hecho esta demostración  vertiginosa. Y el servicio que ellos prestan ya comienza a tentar a clientes en el mercado internacional. Son los únicos del planeta que ofrecen vuelos acrobáticos en biplanos de la Segunda Guerra sobre la cordillera de los Andes. Para eso disponen de cuatro modelos Boeing Stearman PT-17, todos sin carlinga (es decir, sin techo), full acrobáticos, que se vuelan desde la cabina trasera. El paciente, ¡perdón!, el cliente, viaja en la cabina delantera (ver foto de portada).

Pero ofrecen un h.leseo mucho más completo.

La invitación es a pasar varios días volando en todos los aparatos que forman la singular y millonaria flota de su empresa, llamada Aerotec: un dirigible británico Cameron, de 35 metros de largo y 18 de altura; cuatro globos de 25 metros de altura; seis planeadores (uno de ellos tolera velocidades de hasta 240 km/hora), y los aviones necesarios para soltar los planeadores en el aire.

-Somos los únicos en el mundo que ofrecemos esta variedad tan grande de vuelos de turismo aventura sobre la cordillera de los Andes.

-¿Y existe mercado?

Hemos encontrado un gran interés entre europeos y estadounidenses que lo han vivido todo y andan en busca de experiencias nuevas en lugares remotos. También tienen mucho interés los pilotos que sueñan con viajar en viejos aviones, en modelos antiguos de planeadores, y en un escenario como este.

-¿Y cuánto cuesta la gracia?

-Depende del plan. Se incluye la hostería  El Copihue, de Olmué. Todos los vuelos imaginables, junto con la instrucción mínima para realizar parte de los vuelos, controlados por nosotros. También excursiones por tierra al Parque Nacional La Campana, a Zapallar, vuelos por la costa y la cordillera.

-Pero aterricemos, ¿cuánto?

-El plan superior, de 12 días, cuesta 18 mil dólares. Es gente que gana mucho y este es como el sueño del pibe. Nosotros tenemos invertidos cientos de millones y hay un personal permanente de primerísimo nivel.

CAMBIO EN LA COMPAÑÍA

Los hermanos Corral Barrios y papá Corral (también llamado Francisco) empezaron con sus manos a limpiar el terreno donde ahora existe el aeródromo de Olmué, sede de los aeromodelistas de Valparaíso y de otros clubes. A los 15 años, los Corral Barrios eran los pilotos más jóvenes de Sudamérica. Ahora Francisco tiene 37 y Marcelo, 35.

Un día decidieron sacarle partido a la pasión y crearon Aerotec Publicidad, que ha llenado a Chile de globos, aviones, dirigibles y planeadores con propaganda. (Con un  lienzo de saludo sobrevolaron la casa de Pinochet en su último cumpleaños).

Este año organizaron el área de turismo aventura y sus servicios ya han comenzado a ofrecerse en el extranjero a través de los mayoristas Sportstour Turismo, con oficinas en el Sheraton, y en Intertravel. A partir de este verano estarán en circulación catálogos en las grandes agencias mundiales.

-Esperamos realizar unos 50 vuelos en 1998, y subir hasta no superar los 200. No queremos que nuestro servicio pierda su carácter personalizado ni bajar nuestros índices de seguridad.

-¿Y seguridad de primera?

Estamos hablando de turismo aventura. Eso no se puede perder de vista. Pero la seguridad es lo único que nos puede hacer crecer. Por eso, nuestros aviones de 1937 o 1940 los mantenemos con buen personal, compramos los repuestos originales que se mantienen en las empresas fabricantes y, los motores son enviados a Estados Unidos cuando es necesario. Todo debe mantenerse en estado óptimo. Lo demás sería un suicidio comercial.

-Algún riesgo habrá si se habla de “aventura”.

-Casi ningún riesgo de muerte. Excepcionalmente puede haber planeadores que aterricen en un potrero o un globo sobre la punta de un cero. El imprevisto es también parte de la emoción. Pero procuramos reducirlos al mínimo. Llevamos veinte años volando y nunca hemos tenido un accidente en avión. Y alguna vez un globo  fue arrastrado por el viento en una pista o arrugó una siembra de tomates. Imposible evitarlo, y cuando ocurre, pagamos.

DIRIGIBLE EN LA TORTA

Los dirigibles suelen asustar a la gente. Existe una  famosa y antiquísima filmación de uno de esos aparatos incendiándose en el aire, y los pasajeros lanzándose al vacío.

Corral no se deja acorralar.

-Eso es de la prehistoria. El primer Zeppelin, que se destruyó al caer, va a cumplir un siglo, y el de Hindemburg usaba hidrógeno y podía explotar. Ahora, no. Fue cambiado por el helio o por aire caliente. Son muy seguros, con motores de cuatro cilindros, como el de un ultraliviano. Por eso valen 70 millones de pesos de hoy, y este es el primero en turismo aventura.

Poco aventurero parece el dirigible. Sube como ascensor, se desplaza muy lentamente y recorre un radio de no más de 10 km2, por falta de autonomía. Se comanda por cordeles que mueven la cola, como timón de yate. El piloto, usando un pedal, se encarga de echar aire caliente para hacerlo subir.

Romántico es, claro, y sirve de adorno a la torta que ofrece Aerotec. La seguridad de los globos -todos de la británica Cameron- está dada por sensores eléctricos de temperatura en la cúpula, que anuncian un eventual exceso de calor. No hay riesgo de un incendio propiamente tal, sino que se produce una perforación si el calor sube más de los permitido. Si la alarma sonora no fuese advertida por el piloto, una argolla cae sobre el canasto, repitiendo la alarma.

-¿Qué se hace en ese caso?

–Dejar de usar el calor apenas se encuentre un lugar seguro, que siempre abundan, pues se vuela en áreas planas y sin cables. Lo único más arriesgado es que surjan vientos inesperados, y que al aterrizar el canasto sea arrastrado algunos metros. Pero nada tan dramático si va a cargo de un piloto con experiencia. Nuestros cuatro pilotos tienen licencia y experiencia.

PILA DE PLANEADORES

Lo que más puede producir un planeador, dice, es dolor de cabeza.

-Dolor de cabeza al gerente. Si cae lejos de la pista por una situación excepcional, en el 99,9 por ciento de los casos, a los pasajeros y al piloto no les pasará nada. Nosotros tendremos que bajar el aparato a lomo de mula. Puede ser difícil y caro. Una vez aterrizamos en una zona sin caminos, y la operación nos costó mucha plata. Este es un negocio aventura también.

Dificultades mayores ofrecen los vuelos en planeador sobre los Andes. Para sacar mayor partido al tiempo, son remolcados por un avión desde Olmué hasta San Felipe, y ahí soltados para remontar la cordillera. Pueden pasar un día volando. El cliente tiene derecho a ser remolcado todas las veces que quiera si faltan vientos ascendentes.

-Caímos una vez cerca de Temuco, en el campo. Los huasos no podían entender cómo volaba un planeador. Lo revisaban entero sin encontrar motor ¿Y cómo vuela?… ¿El viento lo hace subir?…Ah, ya, pero ¿cómo vuela?…No había caso. Hasta que uno descubrió en la cola un pito Stadhl, que anuncia cuando el planeador ha perdido velocidad y puede  caer. Y cómo ese pito funciona con una pila de linterna, encontraron la respuesta.

-¡Ah, vuela a pila!

¿Y qué les dio a los Corral?

Los hermanos Corral han recorrido casi toda Argentina buscando los biplanos de instrucción de la Segunda Guerra, que volaban con el Ejército y la Armada, y no sólo en Estados Unidos. Estos Boeing de 1937 a 1943 son escasos y la mayoría se encuentran en mal estado. Entonces instalaron un taller para repararlos. Cuestan hoy 150 mil dólares, dinero suficiente para comprar tres aviones pequeños modernos.

-¿Y qué les dio?

-Chifladura. Nos gustan. Queremos llega a tener una flota de diez antes del año 2000. Vamos a comprarlos en mal estado y los vamos a reparar.

Dice Francisco Corral que son difíciles de volar. Mucho más que un avión moderno. El piloto va en el asiento trasero, con escasa visibilidad hacia adelante. Son aparatos picadores, celosos de timón, con dos ruedas delanteras y una sola trasera. Una mala maniobra de aterrizaje puede hacerlo girar, entrar en carrusel, y las alas se dañan.

-Masoquismo puro…

-Goce puro. Es parte de nuestra vida desde niños. Por eso también somos representantes de globos, planeadores y aviones ligeros. Hemos aprendido mucho de nuestro padre, que a los 64 años dejó todas sus empresas para dedicarse solamente a su escuela de vuelo, donde él es el instructor.

-¿Y no son un poco masoquistas sus clientes?

Es gente de espíritu aventurero. Nuestro tour es agitado, ofrece sensaciones como las de una montaña rusa. Hay que venir a Chile en busca de sensaciones desconocidas, fuertes, límites. Y eso les gusta. O si no se habrían quedado en la casa cuidando al gato.

(Nota: Después de la destrucción de las Torres Gemelas -por el alto precio de los seguros-, Aerotec dejó de hacer turismo en globo y viajes en aviones de la Segunda Guerra, salvo para fotos aéreas).

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