Mujeres que viajan solas

Mujeres que viajan solas

Nadie tiene más hambre de viajes que la mujer. Pero se siente sujeta por sus roles de madre o de pareja. Podría viajar sola o con sus amigas, pero pocas lo hacen, inmovilizadas por el temor. Nos referimos a la mujer latinoamericana y no a la de países más liberales. Los viajes que hemos realizado en la última década no se parecen a los que hiciéramos antes por Europa, África y el Oriente. Hoy esas rutas están pobladas de mujeres solas o de grupitos de amigas; ¡más que hombres solos! Se ven felices, libres, no libertinas. La aventura del viaje ya no está reservada para los hombres, como supone la tradición. Sandra Canudas, periodista española que ha visitado medio mundo, dice que el éxito de los viajes en solitario de tantas mujeres se explica porque “tenemos habilidades comunicativas y facilidad para conectar con las personas.” La mayoría son viajeras informadas y prudentes.

El hambre de la mujer por el viaje no es puro rechazo a costumbres oxidadas. Muchas quieren hacer cosas que no pueden compartir con sus familias. Aprendizajes específicos, cruceros relajados o el disfrute de una temporada dedicadas a su propia salud, descanso y belleza. Estar solas. O enriquecer la larga soltería, especialmente ahora que, como dicen los españoles, “ya no se casa ni Dios.”

Cristina Morató, otra europea con viajes a los confines, piensa que la mujer no tiene más límites que los que ella se quiera dar. Ha llegado al Espacio y al corazón de la India. Pero no es necesario ir tan lejos. Después de recorrer casi el mundo entero, a esta viajera lo que más le ha gustado es la Patagonia. “Sin duda, en paisajes no he visto nada igual, la soledad, el frío, el hielo, son paisajes sin fin, grandiosos…” Le entusiasman los destinos tranquilos, sobre todo en Latinoamérica, como el Caribe de Costa Rica, “lleno de pueblos y playas de ensueño”, y el de México, con Tulum-Akumal y Playa del Carmen, y Cusco con Machu Picchu. 

Si la viajera va a países de mujeres sometidas, no tiene más remedio que asimilarse. Si no está segura de cómo vestir, debe imitar a las mujeres del lugar (Foto, a cabeza descubierta con grupo de musulmanas no ortodoxas). No mostrar las piernas si ellas no las muestran. O, al menos,  no parecer una turista. Para confundirse en la multitud debe ir vestida discretamente; sin joyas (salvo el anillo de casada…aunque sea soltera; por seguridad); llevar sus cosas valiosas ocultas en la bolsa sencilla de un supermercado local, y en lugares complicados, mantenerse más cerca de las mujeres que de los hombres.

Cristina Morató lo dice bien: todo viajero debe tener conciencia de sus límites. No todos estamos preparados para subir el techo del mundo, para vivir en la Amazonía peruana o brasileña, ni para caminar de noche en una ciudad insegura. Pero el mundo puede y debe ser caminado por la mujer. Gozosamente sola. O con amigas, y entre risas se les irá el día entero.