Marcelo Salas y el Lazio shileno

Marcelo Salas y el Lazio shileno

Increíbles descubrimientos hicimos en esta región de Italia: hubo otros Marcelos Salas antes que él, hace 2.500 años. Los latinoamericanos tenemos exactamente aquí nuestro más remoto origen, pues el Lacio vio nacer el latín y también la cultura europea, que los romanos esparcieron por el mundo. Al final, sin embargo, fuimos testigos de un empate entre Roma y el fútbol.

Texto: Luis Alberto Ganderats + Paula Peters

Fue una divertida conversación escuchada en el Metro santiaguino lo que nos llevó al tema. Un papá sin saber qué responder cuando su hijo le pregunta “qué cosa es esa cuestión del Lazio”.

-Es como el calcio, yo creo. Así se llama el fútbol en italiano. Calcio.

-Papá, yo le digo del Lazio no del calcio.

-Ah… Será fútbol en algún un dialecto… Lazio, calcio, por ahí va.

-Mmmm, ya…

Después se produjo un silencio que se podía tocar con la mano.

Pensando en otros adultos como él (y antes que alguien nos hiciera la pregunta a nosotros…), nos a pusimos a abrir y cerrar enciclopedias, libros en español y otros en la lengua del Lacio, que consultamos en el Instituto Chileno-Italiano de Cultura. Debíamos averiguar qué había oculto tras el nombre del club Lazio, por el cual jugará Marcelo Salas después del Mundial de Francia, que en español se escribe Lacio.

Lo que comenzó como una pregunta infantil terminaría para nosotros en toda una aventura. Se mezclaron la sorpresa, el hallazgo más inesperado junto a confusas cronologías e historias.

Descubrimos -con una sonrisa- que Marcelo Salas nació con el Lazio en la frente.

Y no sólo eso. Su forma de celebrar los goles, con una pierna flectada o con rodilla en el suelo, y un brazo buscando el cielo, pareciera tener una genealogía que lleva a la antigüedad. En grabados etruscos de hace 2.500 años, que aún se conservan en el Lazio, vimos a remotísimos marcelos salas celebrando, de ese modo, quizá qué conquistas. La prueba gráfica se encuentra en las páginas siguientes. (Es un Lacio que se podría escribir como shileno: Lashio). Hasta imaginamos -con la ayuda de nuestro Alvaro Osorio, mago de la diagramación digital- a Marcelo Salas posando en el Lacio junto a una enorme mano que recuerda el gesto con que él celebra. Esa mano romana es la de Constantino y se conserva -junto a su cabeza también de mármol- en el atrio del Palacio de los Conservadores, del Capitolio romano.

Los etruscos, cuyo origen sigue como un enigma sin resolver, posiblemente venían del Asia Menor cuando invadieron Roma seis siglos antes de Cristo. Su alfabeto revela procedencia griega. Ellos transmitieron a Roma los juegos de gladiadores y algo muy notorio hasta hoy: las pinturas que también recuerdan el saludo regocijado de Marcelo Salas después de un gol. Son murales de los túmulos funerarios de Tarquinia, en que se advierte la concepción alegre de la vida que caracterizaba a los gozadores etruscos.

Pero todo lo anterior sólo es una anécdota, un divertimento, a propósito del fútbol. Lo importante es que logramos saber que la nueva camiseta de Marcelo Salas lleva un nombre que ningún equipo de Occidente puede superar: en la zona del Lacio -centro de la bota italiana- nació la hoy llamada “cultura europea”.

Ni más ni menos. Ahí la forjaron los romanos y luego la repartieron por el mundo conocido.

Parece mérito suficiente. Pero el Lacio puede jactarse de otro parto inmortal: el latín. Fue la lengua de sus tribus, con bastantes préstamos de los griegos y los etruscos invasores. El latín se convertiría en la lengua para hablarle a Dios, la lengua oficial de la Iglesia Católica hasta 1962, y daría origen a las lenguas romances, que hablamos nosotros y que hablaran nuestros abuelos remotos: el español, el dálmata, el francés, el portugués, el rumano, el catalán, el italiano…

El latín fue la lengua de Cicerón y Augusto, de Séneca y Catón el Censor, de Virgilio y Horacio, de san Agustín y Spinoza. El idioma hecho para escribir máximas, fórmulas judiciales e inscripciones solemnes. No para corear los goles del Lazio, aunque sí para nombrar a Marcelo, que lleva nombre latino vinculado al origen de Roma: el padre de Rómulo, fundador del pueblo romano, según la tradición, fue Mars -Marte-, señor de la guerra, y Marcelo no es otra cosa que el diminutivo español de Mars.

Sorprendente esta región laciana, no más grande que la antigua provincia de Santiago. Pero la bella Roma, que se halla en la cumbre de la fama y la cultura, no deja ver otras ciudades y pueblos que forman parte de las provincias del Lazio. Por eso, con imágenes poco conocidas de esas provincias hemos llenado estas páginas, tratando -de paso- que se den la mano el fútbol y la cultura.

Para producir un empate entre el fútbol plebeyo y la respingona Ciudad Eterna, es justo recordar lo que Indro Montanelli dejó escrito en La historia de Roma:

“La ciudad original, esa que el mito se empeña en emparentar con Rómulo y Remo, no era más que un villorrio de adobe, embarrado y maloliente. Y el habitante romano original, un tipejo más seco que una piedra que gustaba de ensuciar la misma túnica durante seis meses y que mataba a pedradas a sus semejantes con la misma facilidad con que hoy se dan los buenos días”.

Casio Bruttani ayuda a poner más cosas en su lugar. Dice que hoy en el Lacio y en su Roma milenaria, quedan tres aspectos vivos del ayer: uno es el amor en todas sus expresiones, incluso las “formas más pantagruélicas”; otro, la corrupción en la política y…

“…el fútbol, fiel, apasionado y a veces nocturno reflejo de los juegos del Circo Romano, con la novedad de que ahora los cristianos gritan desde las graderías del estadio, y no desde las arenas, en las que, a su costa, los leones dieron su significado más profundo al viejo dicho de jugar con garra”.

Nos engaña García Márquez cuando dice que en Roma “cada ventana abierta derrama un aria apasionada”. El área chica -no el aria- es lo que apasiona más a los italianos, y de ahí provienen los gritos que “cada ventana abierta derrama” en este caluroso verano europeo.

Por eso, el goleador Salas jugará en el Lacio de Roma.

¡OH!

Un texto para entender las fotos principales de este reportaje: En unas cámaras funerarias subterráneas de Tarquinia, provincia de Viterbo, en el Lacio, descubrimos un fresco en la tumba de Las Leonas, y en él una imagen que se diría inspiró el festejo de gol con su mano que hace Marcelo Salas. Para que el lector pueda comprobarlo, pusimos a ese alegre etrusco junto a un no menos alegre shileno.

 Celebración. Otra sospechosa semejanza: se parecen hasta en el peinado, aunque los separan 2.500 años. Rodilla en el suelo, la mano por los aires. Pertenece a otra de las tumbas, la del Triclinio, lírica creación de la etapa tardía de la pintura arcaica etrusca, hecha cinco siglos antes de Cristo.

El Lacio en breves

Por Paula Peters

Significado de Lazio

 Los orígenes del nombre Lacio o Lazio no son claros. Leyendas lo atribuyen a Latino, uno de los tres hijos de Ulises. Otros piensan que se origina en el vocablo latium, ancho, amplio. Y son muchos los que ven ahí el concepto de plano, de tierra plana: latus. Cuando los pastores viajaban a través del montañoso paisaje, sentían alivio al encontrar tierra pareja y más amable.

Panza de la vaca

Los que no pertenecen al Lacio le llaman -por razones múltiples- la pancia de la vaca. Algunas de las razones, claro, tienen que ver con su situación en el centro de la península, por la tibieza del clima mediterráneo y la riqueza actual de su suelo, que antes fue casi puro pantano, saneado desde el siglo XVIII.

Romanos y burinos

Lo que más los caracteriza es la forma irónica y sarcástica con que enfrentan el destino. Así lo dice un laciano.

Por lo general, los de la costa -Ostia, Civitavecchia- poseen un espíritu más abierto para enfrentar los cambios. Por mirar al Mediterráneo -al Tirreno-, se ven más abiertos a la unión con otros pueblos. Los de la montaña, como suele ocurrir, son de costumbres más conservadoras.

Aunque vive en la región del Lazio, si se le pregunta al romano si es laciano, responde que es romano. No sólo por el poderío histórico de la ciudad de Roma, sino porque intenta distinguirse del burino, campesino o provinciano. Pero entre burinos, en la capital provincial de Viterbo, ciudad etrusca, estuvo durante un tiempo la residencia de los papas de la Iglesia Católica. El año 1309 se traslada desde el Lacio a la francesa Avignon, para luego reinstalarse en Roma. Ahí, en Avignon, el martes de la semana pasada, Salas y Zamorano se fotografiaron en las puertas de la antigua sede del papado. Cuando Salas se vaya al Lacio, podrá visitar dos sedes papales: la del Vaticano y la de Viterbo. Cerca de la gloria eterna.

Puerta del Gótico

Por el Lazio entra el gótico a la península con la abadía de Fossanova, iniciada por los benedictinos en el siglo IX, luego concedida por el Papa a la Orden de San Bernardo. En su enfermería murió santo Tomás de Aquino.

La catedral de Anagni, en cambio, no contó con santos ni artistas, pero tuvo un rol muy importante en la historia de la Iglesia Católica. A ella acudían los papas al sentirse amenazados por la nobleza o el gobierno. Entre los hechos más importantes que tuvieron lugar está el conocido fiasco de Anagni, que cuenta Dante en la Divina Comedia -excomulgado por ello-, cuando el papa Bonifacio VIII fue públicamente humillado por los señores de Francia y Felipe el Bello. Aquí, en 1378, fue elegido el antipapa, que dio inicio al cisma occidental entre la corte de Avignon y la corte romana. Su catedral es una de las más bellas iglesias románicas de todo el Lacio.

Suelo florecido

En Genzano, la fiesta del Corpus Domini se celebra de una manera muy particular. La calle principal se divide en escenas de cuadros católicos famosos, entre los que no faltan Rafael ni el Caravaggio. Después de trazar la imagen con tiza, la superficie es cubierta de pétalos multicolores. Por la alfombra de flores pasa la procesión… La puesta de las flores en un trayecto de 210 metros se hace en el camino a la iglesia de Santa María de la Cima. La tradición se inició en 1756 y se le llama A infiorata.

Ciudades y gente

Las fronteras del Lacio se hallan en el Mediterráneo (mar Tirreno), los Apeninos y los Abruzos. Tiene fronteras internas, pues la Ciudad del Vaticano es un Estado dentro de la región. Surcada por el río Tíber, se divide en cinco provincias, con las capitales de Roma, Viterbo, Rieti, Frosinone y Latina. Extensión: 17 mil kilómetros cuadrados; población: más de 5 millones (un 10 por ciento de todos los habitantes del país).

La atrasada zona norte se vio muy afectada por un progresivo despoblamiento. Al sur de Roma, en cambio, el desarrollo de zonas industriales ha contribuido a un concreto crecimiento demográfico y económico.

En Rieti y Viterbo se practica una agricultura de carácter extensivo y las zonas saneadas (ex pantanos) se distinguen por la utilización de modernas técnicas. Los bosques ocupan una quinta parte de la superficie. El discreto desarrollo industrial se afirma en la producción de materiales para la construcción, petroquímica, textil, mecánica y alimentaria. El gran fuerte económico corresponde a servicios, el 73 %, por la preponderancia de Roma y su administración pública, crédito, bancos, turismo, seguros.

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