Luis Maira |  Estratega vietnamita en el amor

Luis Maira
Estratega vietnamita en el amor

Publicado el 25 febrero 1991

Tres veces diputado hasta antes de Pinochet y derrotado candidato a senador por Concepción en 1989, acaba de cambiar su domicilio político desde la Izquierda Cristiana al Partido Socialista, de cuya mesa directiva es miembro.

En tiempos de Frei dejó la Democracia Cristiana por juzgarla muy moderada, y ahora se cuenta entre los campeones de la moderación y la renovación dentro de la izquierda, después de vivir un largo exilio en México (estuvo ocho meses asilado en su embajada antes de obtener salvoconducto).

Líder indiscutido en sus años juveniles, el abogado Luis Maira –nacido en 1940–, fue político precoz. Hoy es político maduro, que mientras prepara su eventual segundo asalto electoral al Senado se dedica a dar clases, a hacer consultorías, a preparar informes sobres asuntos internacionales.

Casado con Marcela Serrano Pérez, miembro del “clan Serrano”, todas mujeres destacadas, hijas de Horacio y de Elisa Pérez Walker, han inventado una manera de vivir en pareja que les acomoda: habitan la misma casa, en pisos diferentes, con entradas y timbres distintos y administración separada. Sólo comparten lo que quieren compartir. Con nosotros Maira compartió algunas de sus ideas y obsesiones.

¿Siempre duerme tranquilamente, señor Maira?

Nadie después de los 40 años duerme tranquilamente.

¿El día más feliz de su vida, descartando matrimonios y nacimientos?

El 5 de octubre de 1988. O más bien, la noche, Sentí que habíamos culminado con éxito una hazaña y que Chile volvía a ser un país posible.

Algunos piensan que ciertos grupos chilenos no estarían tan renovados y otros tan amplios de criterio si no vieren bayonetas caladas. ¿Qué cree?

Creo que la gran mayoría de los dirigentes políticos y sociales ha cambiado de verdad y que ha llegado la hora de que se renueven los militares.

Cuando se le ha perdido algo, ¿usted es de esas personas que buscan con los ojos o con la boca?

Invariablemente con la boca. Es un defecto que no he logrado superar.

De los socialismos reales, ¿qué rescataría para Chile?

Creo que su vocación inicial por la igualdad humana. Pero su propia trayectoria demuestra que para conseguir este objetivo sólo la democracia y la libertad resultan caminos adecuados.

De las razas que reconoce en sus antepasados, ¿cuál le parece la más presente en su personalidad y gustos?

Soy bastante español, incluso en las contradicciones. Siento la carga severa del carácter vasco y el espíritu alegre de lo andaluz como dos vertientes que tironean todas mis acciones.

¿Dónde estaba entre el 11 y el 13 de septiembre de 1973? ¿Qué hizo? ¿Qué pensó y sintió?

Primero estuve en mi casa hasta pasadas las 9 de la mañana, esperando a la persona que debía recogerme. Pero no llegó. Había sido detenida en un allanamiento. Luego salí solo en mi auto en dirección a una fábrica en la comuna de Maipú, donde habíamos acordado reunirnos. No logré llegar y me fui a casa de un tío, donde pasé el toque de queda. Ahí viví la noticia del bombardeo y la muerte de Allende. Sentí una profunda tristeza y depresión y me pregunté angustiosamente cuánto más podría haber hecho para evitar ese desenlace y el trágico período que sentía que se iniciaba. Es una pregunta que me he seguido haciendo…

Diga tres características propias de una mujer de mal gusto para vestir.

Usar las medias sueltas, permitir que se le ciña el vestido de tal modo que se note la ropa interior, y usar en todas las circunstancias sólo tacos bajos.

Cuando ha comprobado que ciertas personas procuran evitar su presencia, ¿qué sintió?, ¿qué hizo?

Viví esa experiencia al regreso del exilio, cuando había gente que se cambiaba de vereda para no cruzarse conmigo. Les di facilidades e hice que no me daba cuenta. Algunos de ellos, después del triunfo de la Concertación, han venido a mi oficina a pedirme ayuda…

Usted tendrá un fracaso definitivo en lo profesional o en el matrimonio. Diga a cuál teme menos y por qué.

No son comparables. Un fracaso afectivo es un momento de demolición de la vida personal. Un fracaso profesional es, en el peor de los casos, un desafío para cambiar de escenario.

Cuando sale de su casa en la noche (el fin de semana, por ejemplo), ¿por dónde van sus pasos?, ¿qué busca?

Usualmente me muevo impulsado por alguna pequeña gula a comprar alguna cosa para comer.

¿Qué le parece el domingo?

Fantástico y diferente. Si no hay compromisos políticos, significa la posibilidad de dormir hasta más tarde, desayunar tranquilamente con Marcela, revisar los diarios y juguetear largo rato con Margarita, mi hija de tres años, y con Elisa mi “segunda hija” de ocho. Luego almorzar todos juntos algo rico, leer una novela, oír música, conversar o ir al cine. Siempre los domingo me parecen cortos.

¿Qué virtud suya intentaría que se le reconociera como acto de justicia?

El haber tratado de actuar sin cálculo, con rectitud y decencia.

¿Hay cosas que le faltan a su personalidad y otras que le sobran?

Si existiera algún instituto o clínica que hiciera ese trabajo, mis demandas serían bastante amplias. Para empezar, exigiría que me aumentaran mis habilidades manuales y me permitieran combinar mejor la inteligencia especulativa con el sentido práctico. Pero, sobre todo, exigiría que me dotaran de una capacidad mayor para transmitir el afecto que siento por tanta gente. Me gustaría ser más expresivo…

¿De qué manera practica la democracia en su casa?

Para asumir mis responsabilidades he adoptado el sistema de “dos casas en una misma vivienda”. Esto me obliga a practicar diariamente la propuesta china de combinar en cada persona el trabajo manual con el intelectual.

¿Cuál ha sido la pasión más grande de su vida?

Mi involucramiento con la política, que es como esos virus tropicales que una vez que se contraen acompañan a los hombres toda la vida.

Cuando le viene una depresión, ¿qué recuerdo le ayuda a sonreír?

Una frase que siempre me decía mi madre: “Hijo, la vida es mucho más difícil de lo que a uno le enseñan en el colegio”.

De lo dicho en su contra, ¿qué le ha hecho gracia?

Durante el gobierno de Allende la prensa de extrema derecha me empezó a llamar “Maira-Util”, en alusión a Tonto-Útil. Me pareció ingenioso.

¿Qué estrategia, táctica y maniobras empleó para conquistar a su pareja cuando la conoció?

Mi amigo Armando Arancibia (diputado PPD), que es versado en estos temas, reconoce la existencia de cuatro estrategias básicas: la de los generales alemanes, una ofensiva por sorpresa con despliegue de todas las capacidades disponibles. La de los mariscales rusos, que se basa en la entrega del terreno para que la contraparte se interne hasta que la sorprenda el invierno. La de la “pera madura”, que consiste simplemente en una espera atenta; y la de los guerrilleros vietnamitas, donde lo esencial es la persistencia frente a las dificultades iniciales y una confianza sin límites en el éxito final. Esto último, agrega mi amigo Arancibia, acaba por desconcertar a la adversaria y facilita la conquista. En mi caso, empleé exitosamente la estrategia vietnamita.

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