Los rascacielos quieren hablar

Los rascacielos quieren hablar

Un terremoto se ve venir sobre la arquitectura más llamativa de hoy. Algunos, por lo menos, intentan moverle el piso, especialmente a los edificios que parecen origamis de acero o veleros en temporal. Los miran sin entenderlos, aunque exteriormente pueden gustar como escultura. Sus críticos le llaman arquitectura-espectáculo. Rupturista, audaz, llena de efectos, rendida ante las formas, y muy olvidadiza, pues a menudo no se acuerda de lo principal, que es integrarse armónicamente al entorno, servir al usuario, aprovechar bien la energía que escasea en el planeta, y tratar de hacer con todo eso –si le dan las fuerzas– una obra de arte.

El arquitecto asturiano Arturo de Terán avanza entre las polvaredas del terremoto anunciado, consciente de que sus opiniones pueden estar “impregnadas de falta de respeto hacia los genios de la modernidad”. Pero no duda dirigirse a sus colegas -a Calatrava, a Gehry, a muchos famosos- para advertirles que “podemos estar vagando por las rutas de la frivolidad.” Esta arquitectura tiene “las horas contadas“, anuncia, porque ve signos llenos de sentido que muestran esa tendencia. “Lo grave es que sus autores se han creído que el arte y su arquitectura son la misma cosa…”

Algo enorme entra al debate. Otra arquitectura-espectáculo se apodera de las primeras páginas de la prensa mundial: los rascacielos que asoman sus cumbres por sobre las nubes. Todos nosotros, hace pocos meses, hablábamos de la Burj Dubai (foto), torre que -aun inconclusa-ya es la más alta del planeta, y superará los 800 metros. (Nota: Se le ha cambiado el nombre por el de Burj Khalifa, en honor del vecino khalifa de Abu Dhabi, el más rico de todos).

De pronto, lo que había sido tema grande durante meses, se empequeñeció. En Kuwait, se anuncia no ya un edificio de 800 metros de altura, sino de 1.001 metros (por Las mil y una noches), llamado Mubarak al Kabir. Formaría parte de La ciudad de la seda, cerca de Irán. Más tarde -no hay fecha aún- sería superada por los 1.600 metros de la saudita Mile High Towers, que se planea para Jedda, camino a La Meca, y por los…1.852 metros de la Al Jabar Tower, parte de una ciudad proyectada en Bahrein, país isleño del Golfo más pequeño que la comuna de Curacaví, y cuyo cerro más alto no alcanza los 200 metros.  

Después de las Torres Gemelas se pensó que Al Qaeda había derrumbado  también todos los rascacielos en proyecto. Ha ocurrido lo contrario. Donde más se estiran es en los países islámicos, mientras EE.UU. vive su peor crisis de la construcción en décadas. Con la perspectiva del tiempo, alguien -no este columnista-, quizá podrá descifrar el fenómeno de los rascacielos desechando la idea más simple, que es la riqueza que da el petróleo, y analizando un cambio de época. O sea, las torres del Islam como metáforas. Encaramados en ellas, tal vez veremos claramente el eclipse del actual esquema de poder en el planeta.