Damanhur | Los dioses subterráneos

Damanhur
Los dioses subterráneos

Fuimos a la eco-sociedad italiana de Damanhur, que lleva 30 años tallando y decorando sorprendentes templos bajo tierra, que quieren ser anuncios de un nuevo mundo. Es la comunidad esotérica más grande y provocativa del planeta.

Por Luis Alberto Ganderats

Como no soy crítico de arte y la vida me ha negado cualquier trance místico, no logró entender lo que me está pasando. Me miro en los muros de la Sala de los Espejos, uno de los templos de Damanhur,  y descubro que tengo la boca abierta y las cejas juntas, como si dijera: “Esto no puede ser cierto.”  A mi lado, una joven mujer rompe en llanto cuando la atmósfera de la caverna se llena de sonidos de enormes gongs sinfónicos Paiste, o de cuencos tibetanos. Lo que ocurre es que los templos subterráneos de Damanhur no se parecen a nada de lo que me haya tocado ver (despierto). Se entra por  a través de una construcción baja y sin carácter. Podría parecer una oficina de ventas de un edificio en proyecto, con un pequeño estacionamiento al frente. Luego se entra a un túnel y se pasa de una sala a la otra por pasillos convencionales o por puertas secretas que se abren como por arte de magia, y se descuelgan como un breve puente, para encontrarse repentinamente en una atmósfera irreal. Son templos hechos a mano, pintados o tallados con más intuición que academia, el resultado es a lo menos inquietante. Sus creadores repiten con placer una calificación un poco excesiva que hizo el británico Daily Mail: “Es la octava maravilla del mundo”. Los que tienen una visión estética opuesta tampoco se miden mucho. Hablan de “incontinencia decorativa”, o que parecen la obra de alguien que “se comió  una paella hecha con una partida añeja de LSD”.

¡Que ellos discutan!

Sigamos nosotros viviendo nuestro asombro en este lugar italiano de nombre egipcio cavado en los primeros cerros de los Alpes, cerca de Suiza y Francia. Por 17 años fue construido en forma clandestina. Hoy es un lugar abierto a visitas de todo el planeta, que deben pagar unos 80 dólares para visitar todos los templos. Saben mucho de él todos los interesados en el tema esotérico y de las nuevas religiones, y los que buscan la expresión contemporánea del neopaganismo. Pero en Damanhur lo primero que me dicen al llegar es que no son una nueva religión, sino una comunidad  dedicada a la investigación espiritual, a estudiar la historia tanto como las religiones y la Naturaleza, con el propósito de contribuir al nacimiento de un mundo mejor. Y han tenido éxito. Sting, hace pocas semanas, y otros famosos en forma permanente, llegan hasta Damanhur para verlo con ojos propios. Desde mediados de los años 70 hasta hoy, la comunidad ha crecido sin pausa, aunque fracasando en su intento de que no la asocien al tema religioso. Cuando el cine sorprendió al mundo con Avatar y la vida del pueblo de los los Na´vi, un experto romano dijo que la religión de esos seres nació, muy probablemente, del conocimiento que el creador de la película pudo tener de las ideas New Age que circulan en  Damanhur. Ese experto es Massimo Introvigne, el mayor estudioso europeo en nuevas religiones, que ha dictado cursos sobre el tema incluso en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum, de Roma, donde los Legionarios de Cristo  forman  “a los sacerdotes del Tercer Milenio”. Según Introvigne, Damanhur es la comunidad New Age  más grande y sólida del mundo, con sus 600 miembros residentes, en distintas casas-familias repartidas en un territorio de pocos kilómetros cuadrados.

El niño que soñaba

Oberto Airaudi, que en mayo cumplió 61 años, fundador de Damanhur , vio estos templos hace medio siglo. De niño, en su casa campesina cerca de Turín soñaba con mundos como los que ahora visitamos. Eran “viajes  astrales”, ligados a vidas pasadas. Se conectó, dice, con una antigua civilización perdida en el tiempo, cuyos habitantes, altamente desarrollados, trabajaban todos por el bien común. Ellos tenían templos de sueño y pesadilla, los mismos que él recrea en Damanhur, añadiéndoles contenidos de hoy y del mañana. Ya lleva 90.000 metros cuadrados construidos, que representan apenas el 10 por ciento del total.  Hasta hoy se ha hecho el Laberinto, la Sala del Agua, de la Tierra, de las Esferas, de los espejos, de los Metales, el Templo Azul y otros pocos.

Resulta evidente en estos templos la influencia del dios Horus. El niño Oberto Airaudi seguramente lo descubrió en el gran Museo Egipcio, sólo superado en el mundo por el del Cairo. Champollion dijo: El camino a Menfis y Tebas pasa por Turín. Ahora podríamos decir que el Damanhur italiano pasa por Turín. Horus es el dios tutor de un templo, ¡subterráneo!, construido  en la antigua Damanhur, cerca de Alejandría, nombre que él adoptó para su comunidad. Lamentablemente, no conozco mucho más del Damanhur egipcio. Pero los templos subterráneos italianos que ahora recorremos me están llenando de informaciones y sensaciones. Siento que con ellas podría llenar 100 páginas de asombros y placer, de espacios nebulosos y oscuros; de  intrincadas explicaciones sobre el funcionamiento interno de la comunidad. Sabemos que quienes nos guían por los templos son “ciudadanos”, y escogen a sus  “reyes” (en el concepto druida), que encabezan los grupos de “familias”. Esas familias pueden estar formadas hasta por 20 personas que tienen  parecidas vocaciones y especialidades para aportar a Damanhur. Todas se agrupan, con relativa autonomía, en lo que ellos llaman Federación de Damanhur.

Al poner atención en lo que dicen y hacen, se diría que aspiran a crear una pequeña nación dentro de otra. Tienen universidad propia, colegio y jardín infantil, talleres de joyas y de obras de decoración, libros propios, tiendas y un restaurante; pequeñas “embajadas” en todos los continentes, y sus ciudadanos crearon un partido político y ya ocupan todos los cargos municipales elegidos en la pequeña comuna de Vidracco. Ahora van en camino a crear el desmesurado Templo de los Pueblos, donde representantes de los indígenas de todo el mundo podrán reunirse para intercambiar sabidurías y propuestas destinadas a construir un mundo mejor. El templo tendrá una sala de mil asientos (el Salón de las Delegaciones de la ONU tiene sólo 330 bancas más.)  Esta especie de ONU de los pueblos originarios pretende que sus delegados vuelvan a las comunidades de origen a promover la buena nueva y de ese modo ir mejorando el mudo. Para levantar este gran anfiteatro subterráneo, ya compraron cavernas vecinas de una ex mina de cal, y están en pleno proceso de reunir fondos, tareas en la cual su fundador, ex corredor de seguros, ha mostrado habilidad.

Quienes vengan a estas asambleas de pueblos originarios podrán hacer el mismo camino que he hecho: abordar un tren hasta  Ivrea, una vieja y bella ciudad a 40 km al norte de Turín, y a la salida de la estación tomar un taxi, que en 10 minutos los depositará bajo un gran letrero que dice Federación de Damanhur, en el pueblo de Baldissero Canavesse. www.damanhur.es Ahí funcionan las oficinas y edificios educacionales. Los templos  y un centro comercial y artístico llamado DamanhurCrea, se hallan un poco lejos y es recomendable ir en vehículo a motor o en bicicleta. Resulta deslumbrante la atmósfera creada en la sede de oficinas y colegios de Damanhur. Todos están pintados rigurosamente blancos, con una alegre decoración de plantas e insectos enormes, que recuerdan la Revolución de las Flores. Esa forma de adornar las fachadas parece toda una metáfora de un cierto panteísmo que se advierte al llegar. En Damanhur vale lo mismo el hombre que las otras criaturas, los dioses se confunden con el Todo, siguiendo la concepción clásica. Dios somos todos, y la divinidad parece entenderse como principio del mundo, en incesante cambio cíclico, que no coincide con las ideas católicas. Eso no nos impide descubrir en sus templos subterráneos la imagen de Cristo y de los símbolos más importantes de las religiones del mundo.

Los templos –nos explica una guía fundadora de Damanhur– están cavados dentro de una veta de roca milonita, que tiene gran capacidad para dejar fluir los  ríos de energía, las “líneas sincrónicas”,  que atraviesan la Tierra y la conectan con el resto del Universo, “llevando ideas, pensamientos y sueños.”  En una sala con nueve grandes esferas de cristal –corazón del templo–,”es donde se cruzan más líneas energéticas del planeta”, dice.  Estos templos no han sido construidos por arquitectos, por ingenieros o por artistas universitarios. Todos ellos se formaron dentro de la comunidad, creciendo un poco cada día, con una exigencia suave, pero persistente de los líderes. “Cada ser puede ser artista si se suma a los otros”. En una de las salas que otorga presencia a todas las grandes culturas universales, Chile no está ausente: vemos un pequeño moai, y en otro muro, un pingüino emperador de nuestra Antártica. Al centro del templo de los metales, la columna madre  representa al cobre junto con la cerámica.

Lo que se enseña

Supervisados por Oberto Airaudi — filósofo, curador, escritor, pintor y experto en hipnosis- la universidad libre de Damanhur y la propia comunidad, ofrecen muchos cursos y conferencias sobre temas que les interesa investigar o difundir. Veamos algunos: Viaje Astral, que permite  “salir con nuestra parte energética en plena conciencia para llevar a cabo experiencias fuera del cuerpo, y acceder conscientemente a dimensiones de la realidad que normalmente exploramos solo mediante el sueño”; Física Espiritual, un viaje hacia “el corazón de la filosofía damanhuriana”, que “explora la naturaleza del alma y de las varias personalidades que la componen, los sentidos interiores (extrasensoriales) y la reencarnación, y conducen a un estilo de vida que corresponde a las leyes que regulan el equilibrio universal”;  Sentidos Interiores, que van más allá de los cinco sentidos que todos conocemos, y explora aquellos que interesan a Damanhur: los sentidos del soñar, recordar, cambiar, desear y de lo divino. Representan “un paso indispensable hacia el despertar del Dios latente dentro de cada uno de nosotros”,  “en algunos momentos guiados con seguridad, dulzura y humor por la SELF, una inteligencia espiritual sutil.” También estudian el tema de las Civilizaciones Galácticas y la Atlántida,  civilizaciones desaparecidas –dicen– que han dejado huella en los mitos, como Iperborea, Mu y Lemuria. La Atlántida,  según algunos mitos y teorías esotéricas es la “matriz de todas las civilizaciones históricamente conocidas, colonias ellas de muchos grandes imperios que abarcaron nuestra galaxia y otras”. Por último se ofrecen caminos de estudio para la conexión con Vidas Anteriores, y también se propone tener contacto y comunicación con el Mundo Vegetal, “criaturas con gran experiencia, mucho más antigua que la humana”. “Hacerlo de modo consciente, descubriendo las diferentes voces y energías del castaño, del cerezo y de la encina…Se puede aprender a comunicarnos con las plantas, a recibir sus sabios consejos terapéuticos e inspiraciones creativas…”.

Las áreas de interés de Oberto Airaudi intranquilizan a su colega filósofo  Fernando Savater, escritor vasco, famoso cronista de viajes, terco partidario de una sociedad laica. La doctrina de Damanhur, escribe, incluye “todo el habitual baratillo”: el pensamiento positivo, las líneas sincrónicas y los ríos de energía. Los damanhurianos se casan por un año, renovable. “A cata y prueba”, ironiza.

La comunidad no se detiene a polemizar. Una fundadora nos recuerda que sólo usando las manos han movido dos millones de baldes con rocas y tierra para construir los templos. Que reciben visitas guiadas a gente de todo el mundo, organizan estadías de varios días, con visitas y opciones de meditación en los distintos templos subterráneos y en grandes espirales y templos del espacio exterior.

–¿Cuál puede ser la mejor definición de Damanhur?

–Un espacio donde la devoción modela la Tierra. 

–¿Cuándo estará terminado?

–Terminado no es una palabra adecuada en Damanhur. Todo está vivo, y cambiando.

(Nota. Oberto Airaudi murió en 2013).

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