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Foco en Freud – Luis Alberto Ganderats
Foco en Freud

Foco en Freud

Buscando su intimidad, recorrimos sin prisa la casa de Viena donde el padre del sicoanálisis vivió casi medio siglo. En ese momento, la televisión británica filmaba escenas de su vida en la casa donde viviera casi toda su vida, mientras Chile concluía el montaje de una exposición sobre su herencia científica, durante la cual habrá conferencias y mesas redondas.

Por Luis Alberto Ganderats , desde Viena

Estoy seguro de no equivocarme. Cuando le pregunté al recepcionista del Hotel President sobre la ubicación de la casa de Freud guardó un silencio más largo de lo normal.

Luego de ese silencio me recorrió con los ojos, hizo una marca sobre un plano de Viena y me lo entregó sin comentarios, negándose a insinuar siquiera una sonrisa de cortesía.

Tal vez él no perdona a Freud que sintiera más odio que amor por la ciudad en la que vivió casi ochenta años. O bien este recepcionista es uno de los millones de hombres que ven en el padre del sicoanálisis “un pervertido que creyó advertir perversión hasta en el amor filial de los niños”.

¿O es otro su sentimiento?

Los nazis quemaron sus libros y alguno lo atacó con malicia:

“Tienen la prensa, tienen la bolsa, ahora tienen el subconsciente”.

Fue un judío, pese a todo, su peor enemigo. “El opio freudiano”, previno Emil Ludwig,  “pone en peligro a nuestra generación”. “A tientas, en regiones desconocidas Freud se ha erigido en dictador“.

He llegado ahora a la casa donde este dictador singular vivió casi medio siglo.

Todo se encuentra alborotado. Cámaras de cine y focos dominan en el cuarto silencioso usado para sicoanalizar a sus pacientes. El gabinete donde redactó las teorías que provocaron asombro o escandalera, parece ahora un escenario de televisión. ¡Freud superstar!

Recorro libremente la casa. Sin poder evitarlo, entreabro una puerta empapelada por la cual se escurrían sus pacientes cuando alguien aguardaba en la sala de espera. Descubro que entre esta sala y la consulta hay una doble puerta a prueba de oídos curiosos.

El famoso diván ya no está. Se encuentra en la casa londinense donde el murió, libre de la persecución de quienes él llamó “la chusma infame”, los nazis. Hoy los visitantes de su casa vienesa tienen que caminar entre camarógrafos, actores y auxiliares. Para la televisión británica se filma en estos momentos la vida de Freud. Dirige Hugh Brody, del British Film Institute

Yo no filmaría la vida de un dictador; es la vida de uno de los grandes liberadores del ser humano. Sus descubrimientos pudieron resultar amargos para el hombre, de ningún modo negativos.

EN CHILE Y EN AUSTRIA

Mientras aquí los británicos filman la vida de Salomón Segismundo Freud, museógrafos santiaguinos terminan de montar en la Biblioteca Nacional la exposición  Freud y el origen del sicoanálisis, que se inaugurará pasado mañana. Hasta el 13 de agosto, en la Biblioteca se ofrecerán charlas a cargo de expertos austríacos y chilenos, mesas redondas y documentos fílmicos sobre este hombre que alteró profundamente el pensamiento y el arte humanos.

Muchos anuncian ahora, sin embargo, que a 45 años de su muerte, sus ideas matrices languidecen.

¿Ha muerto o morirá Freud por segunda vez?

Aquí, en el centro de la hermosa vieja Viena, Berggasse 19, ombligo del sicoanálisis, nada hace pensar que Freud sea de una madera amenazada por termitas. Estudiantes de los principales países del mundo recorren con una inconfundible actitud de respeto la casa en la cual él vivió, estudió y curó por casi cincuenta años (1891-1938).

Desde 1938 hasta los años 70, el espíritu de Freud estuvo ausente aquí. Sus cosas permanecen intactas en la casa de Londres donde vivió sus últimos días (huyendo del nazismo). Hasta que se creó una sociedad austríaca, la Freud Geselischafi, con ayuda del gobierno de Austria (donde Hitler nació), para difundir su pensamiento y reabrir la histórica residencia.

Ahora podemos ver aquí muchos de sus libros, algunos muebles en la sala de espera, objetos originales y una completísima exhibición fotográfica en las salas que él ocupara como consultorio y gabinete de estudio. Fotos murales muestran lo que había en cada lugar de ambas salas en 1938, incluyendo el diván en que nace el sicoanálisis.

Esta exposición fotográfica en la casa de Viena fue organizada por uno de los expertos que ofrecerán conferencias en Santiago, gracias a la Embajada de Austria: el profesor Harald Leupold-Löwental, vicepresidente de la Sociedad Sicoanalítica Internacional. Su tema, el 26 de julio, será Viena 1900, los orígenes históricos y culturales del sicoanálisis. Otros lo harán sobre su influencia en el cine, la literatura, la plástica, la filosofía y la siquiatría.

Desde hace diez años, la Freud Gesellschaft organiza seminarios y grupos de trabajo, y atiende a quienes llegan —como Revista del Domingo— a excursionar por la capital geográfica del sicoanálisis y a observar de cerca la vida y la imagen de uno de los científicos más polémicos y revolucionarios de la historia moderna.

Nadie sale defraudado.

NEUROSIS DE UN SABIO

Con la ayuda de un catálogo, vamos reconociendo fotos y documentos y para que nadie tropiece con los textos en alemán el visitante dispone de textos en varias lenguas.

Podemos ver la casa donde nació en 1856, que aún existe. Se halla en Freiberg, Moravia, hoy parte de Checoslovaquia (antes fue austrohúngara). De ella salió Freud cuando era un niño, y su padre, Jacobo, un pequeño vendedor comisionista textil. Desde los 3 años y hasta los 82 años vivió en Viena. Se hizo vienés.

Hijo mayor (de siete), muy preferido por su madre, tuvo una niñez feliz y a los 16 ingresó a estudiar medicina. Tardaría tres años más de lo normal en egresar, pues prefería la investigación  a la práctica médica. Se fue desviando por los caminos que de pronto descubría entusiasmado.

Nunca él se consideró un muchacho normal. Así lo leemos en una carta que enviara a Martha Bernays, poco antes de casarse con ella, cuando tenía 29 años:

Creo que la gente ve algo extraño en mí, y la razón está en que durante mi juventud jamás me sentí joven, y ahora que estoy entrando en la edad madura no actúo en consecuencia. En otra época me sentía lleno de ambición y ávido de aprender… Ahora, y desde hace mucho tiempo, sé que no soy un genio y ni siguiera comprendo cómo alguna vez lo he podido anhelar”.

Ya asomaban en ellas inseguridades, angustias y depresiones neuróticas, que -según se crece- logró eliminar, autoanalizándose, cuando tenía 44 y seis hijos, a fines del siglo XIX.

Junto con el siglo XX comienza a surgir otro Freud. Más seguro de sí mismo. Menos neuróticamente dependiente de amigos y colegas, como lo fuera por largos años. Tolera mucho mejor la incomprensión general de las gentes y, casi soberbio, escribe en 1907 a Jung:

Después de todo, uno trabaja principalmente para los anales de la historia”.

VIENA, LA MADRASTRA

No fue en el siglo XX, sin embargo, cuando Freud hizo los aportes más originales. Cuando aún era presa de síntomas neuróticos, propuso y escribió sus ideas más importantes sobre el sicoanálisis y la interpretación de los sueños. La muerte de su padre en 1897 desata conflictos que le conducen a descubrir su propio complejo de Edipo. Reconoce sus sentimientos de amor y odio por quien le había dado la vida, pero le disputaba -de alguna manera- el amor de su madre.

El visitante descubre aquí varias fotos de esos dos involuntarios protagonistas de la historia del sicoanálisis. Descubre, asimismo, que Freud debió realizar sus investigaciones mientras luchaba dramáticamente por subsistir. Problemas económicos lo tuvieron lejos del matrimonio y de su novia por largos años. A ella -cuyo rostro de rasgos poco armoniosos domina hoy, desde una fotografía, un sector de su casa-, el doctor Freud le escribió 900 cartas; la más breve, de cuatro carillas.

Para ganar dinero, trabajaba como neurólogo infantil y más tarde como sicoanalista, sin recibir las entradas suficientes. A veces, con una clientela ahuyentada por el escándalo:

“Dentro de poco tendré que colgar mi fotografía en la salita de espera, con la leyenda “Finalmente solo”, anunciaba irónicamente  a su cuñada Minna.
Siempre la Universidad de Viena le negó la propiedad de una cátedra universitaria. Lo trató como  a un hijastro. Sus teorías chocaron con corrientes en que dominaba aún la terapia física. Los médicos sabían poco sobre los factores síquicos de las enfermedades. Todo síntoma se explicaba por lesiones o anormalidades orgánicas. Los tratamientos eran realizados con drogas, hidroterapia y electroterapia.

Cuando él, a partir de la hipnosis aprendida con Charcot, en París, pasa de la sugestión a la asociación libre -base del sicoanálisis- asombra a muchos; pero tampoco logra acceso la cátedra.

JUDIO DESCREIDO

En verdad, no sólo sus teorías le hacían difícil el camino. También le dañaba su ateísmo, dentro de una filiación judía. Los cristianos no aceptaban su teoría de que la génesis de la actitud religiosa puede “ser trazada con toda claridad hasta llegar al sentimiento de desamparo infantil”, posición muy de acuerdo con lo dicho por él a Charles Singer en una carta personal:

“Ni en mi vida privada ni en mis escritas oculté jamás mi condición de acérrimo descreído”.

En una tercera confesión que hemos hallado aquí, explica también su relación con la religión de sus padres:

Lo que me tenía atado a mi raza no era -he de admitirlo-la fe, ni incluso el orgullo nacional (judío), pues siempre he sido escéptico. Pero quedaban, sin embargo, dentro de mí los elementos suficientes para hacer irresistible la atracción del judaísmo y los judíos, como muchas facultades emocionales, más vigorosas cuanto menos podían ser expresadas en palabras, la conciencia clara de una identidad interior”.

Viviendo desde niño en una sociedad que le fue crecientemente hostil por su origen, terminó casi solamente rodeado de amigos y colegas de su mismo orígen. Ya viejo, escribía a Charles Singer con franqueza y no poca ironía:

“Se nos ha reprochado a los judíos que el transcurso del tiempo nos ha hecho cobardes (en tiempos fuimos un pueblo valiente). En tal transformación yo no tuve arte ni parte”.

IMPUREZAS DEL PURO

Su valentía personal, sin embargo, no sólo la demostró al enfrentar con serenidad las censuras más ácidas. También al seguir trabajando durante el período en que tuvo que ser operado del paladar más de treinta veces, a partir de los 67 años de edad.

Sufría de cáncer en la cavidad bucal. A su costumbre de fumar cigarros puros creía deberle, eso sí, “la mayor parte de mi autocontrol y mi tenacidad en el trabajo”.

Más tarde se lamentaba:

“Hace dos meses que no paso bien ni una hora siquiera. No puedo hablar correctamente, ni comer ni fumar, y los dolores continuos me tienen fatigado, tonto y malicioso. Tampoco hago progresos con trabajos nuevos”.

En busca de salud vuela en avión por primera vez el año 1930, para ir al sanatorio de uno de sus discípulos. Aquí se exhibe una interesante fotografía berlinesa en que se le ve subiendo a un antiquísimo Lufthansa

“Me enteré en el sanatorio”, escribe, “de que la salud puede recuperarse al precio de cierto sacrificio. He dejado por completo de fumar, después que por espacio de cincuenta años me ha servido de arma y protección en la lucha con la vida”.

ROZANDO EL MISTERIO  

Ya comenzaba a ponerse intolerante, incluso con quienes más le habían preocupado y ocupado. Lo reconoce en una carta: “Mi paciencia con las naturalezas patológicas se encuentra disminuida por los análisis verdaderos. Tanto en el arte como en la vida soy intolerante con ellos”.

Observo ahora sus fotografías de esa época -año 1930-. Su rostro aparece enteramente cubierto por la expresión de una voluntad ingobernable. Las mujeres que hoy visitan su casa -la mayoría jóvenes- observan sus fotografías con un detenimiento poco común. Su gesto es el del sabio dispuesto a luchar contra todos para liberar al hombre adulto de sus impulsos infantiles, y fortalecer así “la realización madura de sus destinos”.

Nunca cede, pasando incluso sobre enfermedades, críticas agrias, situaciones económicas humillantes:

Estoy envejeciendo”, escribe a los 76 años, “e indudablemente me pongo flojo e indolente, así como maleducado, por los muchos regalos de alimentos, puros y dinero que me hacen aceptar pues de otra forma no podría vivir. Por ahora, sigo trabajando más fuertemente de lo que debería”.

Ya disfrutaba, eso sí, de la conciencia de haber hecho aportes al conocimiento de la mente.

Dos párrafos:

He iniciado muchas cosas y sugerido otras, de las cuales dispondrá el futuro”(…).

“Me miran como si fuera un monomaníaco, y yo tengo la clara sensación de haber tocado uno de los grandes misterios de la naturaleza humana”.

GAY Y ADULTERO…

En lo familiar no hallaba motivos para quejarse. Su matrimonio se vio siempre estable. No  parecen tener base, por lo tanto, las maliciosas sugerencias hechas -luego de su muerte- por adversarios, respecto a una supuesta relación amorosa con Minna Bernays, hermana soltera de su mujer, que vivió largo tiempo con ellos.

Otros de sus adversarios fueron más lejos. Sugirieron la existencia de relaciones ambiguas con su colega el otorrinolaringólogo Wilhem Fliess, con quien mantuvo una extensa correspondencia, parte de la cual hemos visto ahora en su casa. Algunos insisten en que pudo existir una fuerte corriente homosexual oculta, soterrada, en dicha relación amistoso-profesional. Sus seguidores sólo admiten que pudo tratarse de una dependencia casi adolescente de una figura paterna. Era la época en que Freud aún presentaba síntomas neuróticos, que le hacían muy dependiente.

Como él recordaba claramente sus sueños nocturnos, pudo mejorarse a sí mismo al analizarlos. Así logró también descubrir el choque entre la voluntad y el instinto del individuo. Hallaría en los sueños algo más que una anécdota: símbolos, distorsiones, deseos frustrados, realización de deseos.

POR FIN EL FIN

Su obra La interpretación de los sueños -terminada después de trabajar solitariamente durante diez años- es considerada por muchos como “una piedra miliar en la senda del progreso del conocimiento humano”.

Los nazis pensaban distinto, y por eso él pudo enviar en 1933 a Ernest Jones una carta que aquí tenemos a la vista:

En la Edad Media me hubieran quemado a mí; ahora se contentan con quemar mis libros”.

Otros lo echaban a la hoguera del ridículo. Su ácido, ingenioso y famoso compatriota Karl Kraus, que no entendía mucho sobre la mente humana, escribió:

“Los hijos de los padres sicoanalistas se mustian pronto. Cuando son lactantes, deben conceder que al hacer caca tienen sensaciones placenteras. Más tarde se les preguntará qué se les ha ocurrido al presenciar camino a la escuela la defecación de un caballo, La dicha es indecible cuando se llega a una edad en la que el adolescente confiesa que, en sueños, ha violado a su madre”.

La “cortina de hierro” también cayó sobre el sicoanálisis, pues los comunistas lo consideraron una muestra de la corrupción burguesa. Mucho más tarde llegaría a ser verdad revelada para el esnobismo de ciertos izquierdistas occidentales. Freud pudo pensar en esa clase de personas cuando escribió, en 1920:

La manera como hoy la gente acepta y digiere (el sistema sicoanalítico) no me ha hecho mayor impresión que su comporta miento anterior, cuando lo rechazaban sin entender”.

Con este sentimiento dominante -pues además disputó y polemizó con maestros, colaboradores y discípulos suyos- llegó a la vejez muy lúcido y cansado. Pero ya no era el  viajero gozador de siempre.

Vemos aquí en su casa la carta que escribió a Albrecht Schaeffer tres días antes de morir:

“Tengo más de 83 años; debiera haber muerto ya y sólo me queda seguir el consejo de su poema: Espera, espera”.

La portada del vespertino francés Paris-Soir del 23 de septiembre de 1939 interpretó sus deseos:

“El famoso Freud falleció esta mañana”.

Hasta hoy. sin embargo, no descansa en paz. Y con razón. Quizás sólo Einstein y Marx han producido como él tanta conmoción profunda en el mundo que les tocó vivir.

Su casa vienesa seguirá siendo un lugar de peregrinación, aunque le disguste a ciertos recepcionistas de hotel.

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