Fernando Rosas  | “No le tengo miedo a nada”

Fernando Rosas
“No le tengo miedo a nada”

En cualquier declaración suya, Rosas muestra algunas de sus florescencias artísticas, y también alguna espina, perfectamente aguzada, como corresponde a la sensibilidad de un artista. He aquí un botoncito de Rosas:

Yo defendí siempre, y sigo defendiendo, la actividad artística por encima de cualquier trinchera ideológica. Para unos yo soy un hombre de izquierda; para otros, un momio. Y no faltan quienes me consideran un equilibrista.

O sea, un Rosas de jardín colgante.

Pero la verdad es que jamás he militado en partido político alguno, y pretendo que la música sea un lugar de encuentro para la gente, piense ella lo que piense. Eso fue lo que pensé siempre, pero fui poco comprendido. ¡A uno tenían que ponerle una etiqueta!, como si no pudiera existir gente independiente.

Lo otro que ha aprendido, dice, “es que el éxito provoca envidia, y aunque soy muy confiado, ahora sé que es prudente cuidarse un poquito. Hay gente más pequeña de lo que parece”.

Así se quejaba, hace ya no poco tiempo, a la periodista Raquel Correa, en revista Ercilla, por haber sido marginado de la Universidad Católica de Santiago luego de efectuar una labor excepcional. El director de orquesta Fernando Rosas -también egresado de Derecho- tomaría luego otra dirección: la de la Agrupación Beethoven, y luego de la Radio Beethoven, ambas de Santiago, ambas culturales, ambas con la antena dirigida a la mejor música culta.

Su batuta ha permanecido desde entonces más quieta que inquieta Y no por primera vez, pues antes, “en un momento estuve peleado con todos”, como él lo admite, si bien no se culpa.

Yo soy de lo más pacífico. Claro que cuando en un país hay mucha gente servil que agacha la cabeza… Cuando creo en algo estoy dispuesto a dar la vida por eso. Jamás he sido ni seré servil. La verdad es que yo no peleo: defiendo cosas.

Cosas es para él sinónimo de música, fundamentalmente. Y por eso un popular programa de música por televisión que él hizo tuvo un título que quería ser un hincapié en la calidad: Música-música. Afirmación de un sueño que le nació desde niño: quería algún día dirigir una orquesta, aunque fuera una vez y después morir.

A los 53 años piensa y actúa con la vehemencia de sus años juveniles. Siente que la peor pérdida podría ser la de su libertad, la de derecho irrenunciable a decidir sobre sí mismo. Y por eso, “cuando me la coartan, brinco”. Está acostumbrado a dirigir, no a que lo dirijan.

Cualquiera que no viva en la luna sabe que Fernando Rosas Pfingsthorn es uno de los porteños más importantes de su generación que ha permanecido en este país, un chileno excepcional que se ha quedado aquí con el propósito de hacer lo que sea -lo mejor posible- , pero hacerlo en Chile. Sufre como pocos con esta bendita, y no siempre explicable enfermedad del corazón y del alma que se llama patriotismo.

Le pedimos que esta vez pulsara una cuerda distinta a la de otras entrevistas. Lo hizo sin remilgos, convencido, eso sí (ya dijo alguien algo parecido), que en la vida debemos decir siempre la verdad, pero no todas las verdades.

¿Ha sido vencido por algún automatismo superfluo?

-Sí, prender cigarrillos más de los necesarios.

En estado depresivo, ¿qué recuerdo le ayuda a sonreír?

-¡Ninguno!

¿Qué le hace reír a carcajadas?

-Chistes como aquel en que un tipo le pregunta a otro: ¿Sufrió mucho su casa con el terremoto de marzo? Y el otro responde: No, no sufrió nada, se vino abajo de un viaje.

¿Qué siente cuando lo elogian?

-A decir verdad, me siento bien.

¿Qué cosas de la vida política chilena le atoran?

-Difícil contestar; estamos en receso.

¿Con qué realidad cotidiana simbolizaría la tontera?

-Con la cara de lata que tiene la mayoría de las personas que viaja en el Metro de Santiago.

¿A qué le tiene miedo?

-A nada.

¿Qué rasgo físico suyo le incomodaba en la niñez?

-El ser demasiado alto, gordo y feo.

¿Y qué es lo que más le gusta de usted?

-Cuando soy capaz de escuchar.

¿Y qué le desagrada más de usted?

-Ser, a veces, muy hablador.

¿A qué majadero le quitaría el uso de la palabra temporalmente?

-A varios comentaristas deportivos y a otros especímenes de la televisión.

¿Qué siente frente a la homosexualidad?
-Profunda lástima. Pienso que, por lo general, el homosexual -casi siempre sin culpa suya- sufre lo indecible al ser rechazado por una parte importante de las sociedad.

¿La perfecta felicidad terrenal?

-Vacaciones a orillas de un lago acompañado de mi mujer,

¿Logros militares que le han asombrado?

-La defensa de Inglaterra por su Fuerza Aérea, en 1941, y la resistencia rusa a las fuerzas alemanas en la Segunda Guerra.

¿Por qué siente gran curiosidad?

-Por saber cuándo demonios van a cambiar las cosas que yo quisiera cambiar.

¿Su mayor satisfacción?

-Haber dirigido la primera orquesta profesional chilena que hizo conciertos en Europa, Estados Unidos y en casi todos los países latinoamericanos, entre 1964 y1976: la Orquesta de Cámara de la Universidad Católica.

¿Qué desea concluir antes de su muerte?

-Nada, ya. Pienso ahora que la vida es una carrera de postas y nuestra función es correr un tramo.

¿Qué virtud suya intentaría que se le reconociera como acto de justicia?

-La honestidad a toda prueba.

¿El chileno más divertido según usted?

-Divertido, no sé. Ingeniosos son Jaime Celedón y Enrique Lafourcade.


De lo dicho contra usted, ¿qué le ha hecho gracia?

-¡Que no sé nada de música!

¿Qué programas de TV sintoniza habitualmente?

-Ninguno habitualmente. Los mejores son a veces el domingo en la mañana. La Franja Cultural por los canales a la misma hora y el mismo día, es una muestra de increíble estupidez.

¿Qué comportamiento de la sociedad le resulta incomprensible?

-El conformismo con situaciones de notoria injusticia.

¿Qué tema le vuelve cuando no logra dormirse?

-Lo terriblemente corta que es la vida.

Nota. Fernando Rosas Pfingsthorm murió a los 76 años en el 2007. En 2001 fue fundador, junto a Luisa Durán de Lagos, de la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles de Chile, de la que fue director ejecutivo. Ver texto publicado en revista en formato PDF Fernando-Rosas