Esperando a los bobos

Esperando a los bobos

Existen unos seres raros en los cuales conviene pensar cuando discutimos si la Patagonia chilena debe construir represas o buscar otras formas de producir energía. Se trata de los bobos. No hablamos del bobo común, sino de esos seres que de comunes tienen poco, y de afortunados, mucho: los burgueses-bohemios, cuyas siglas inglesas-bo-bo- surgieron de bourgeois-bohemians, invento de un antiguo editor del Wall Street Journal. Los bobos no tienen un pelo de lesos y son los más importantes clientes turísticos a que Chile puede aspirar. Dejan el doble o el triple de divisas que un visitante común. Mañana, el turismo tiene la opción de ocupar el lugar de nuestro cobre como productor de riqueza. Es lo que resulta fácil concluir si leemos un estudio presentado en la última Bolsa Internacional de Turismo de Berlín, la ITB, por Tourism Intelligence (www.tourism-intelligence.com)

Nos advierte ese trabajo que en el ya casi vecino año 2015, sólo de Alemania saldrán a recorrer el mundo 50 millones de personas de alto consumo. Ellos podrán valorizar la naturaleza y la cultura del norte de Chile, de sus islas Rapa Nui y Robinson Crusoe, del Sur y la Región Austral. Imaginamos a los chileno-alemanes del Sur como perfectos anfitriones de esos bobos germanos, profesionales de alto ingreso, nacidos en los 60 y 70. Su número se multiplica varias veces si sumamos a los otros europeos, a los estadounidenses, israelitas, chinos, coreanos, australianos, canadienses y a los ciudadanos de otros países con economías fuertes.

La Tourism Intelligence, organización con domicilio en la ciudad renana de Bielefeld, Alemania, y en Trinidad, está dirigida por europeos, sudafricanos y caribeños, todos especialistas en investigación, análisis y planificación estratégica de viajes y turismo. Estos consultores, líderes del llamado “nuevo turismo”, se apoyan en estudios de mercado sobre los gustos turísticos de los bobos. Dicen que conservan valores hippies, como su amor por la naturaleza y la salud de cuerpo y mente, pero tienen el éxito profesional de los yuppies y consiguen los mejores sueldos de Europa. Cada día buscan más naturaleza virgen, pesca deportiva, actividades al aire libre, observación de fauna, diferentes gastronomías, cielos limpios y exóticas riquezas culturales. Los actuales destinos de playa -cerca de la saturación- deberían ceder su lugar a áreas de naturaleza que hayan experimentado pocos cambios en miles de años, y que nos proporcionen la riqueza más escasa hoy día: una sanadora tranquilidad.

Nadie tiene derecho a pedir que Chile renuncie a buscar la energía que necesita. Tampoco, a ver con indiferencia que las urgencias del presente se resuelvan dañando su naturaleza, fabuloso sustento potencial de las generaciones que vienen. Por eso, un especialista en turismo y desarrollo nos incita a cazar bobos y a no ser bobos.