Ernesto Barreda | “Desde las tinieblas a la paz”

Ernesto Barreda
“Desde las tinieblas a la paz”

Publicado el 2 diciembre 1990

Interrumpió su trabajo pictórico durante 18 meses, con alguna consulta psicológica de por medio. Después de ese paréntesis, 1979-1981, cambió el color de su obra y de su vida. Hasta entonces, su obra había sido considerada prima-hermana del tenebrismo, y su propia hija juzgaba como “tétricas” sus pinturas. El mismo reconoce hasta hoy como maestros suyos al español Gutiérrez Solana, expresionista sombrío, que pintaba con colores sucios y oscuros y que fue asociado al esperpentismo literario del 98; y al norteamericano Edward Hopper, amante de los paisajes desolados.

Ahora sus témperas de tamaño uniforme y colores muy puros han ganado alegría, aunque casi siempre el hombre permanece ausente. Artísticamente se ha transformado: ¿“Ahora oigo murmullos muy sutiles que antes no escuchaba, aturdido como estaba por mis propias voces”.

Su sensibilidad aguda le acompaña desde la primera infancia. A los 8 años ya era discípulo de su propio padre, “un buen pintor peruano, con mucho oficio”, que ha sido hasta hoy su único maestro en pintura. El dibujo le hizo buscar otros profesores en la Ecole des Beaux Arts de París y en la Escuela de Arquitectura de la U. Católica de Chile, donde obtuvo título para su otro oficio: la arquitectura.

Ernesto (“Tito”) Barreda Fabres ha cubierto de edificios notorios las grandes ciudades chilenas, con su oficina Alemparte, Barreda y Asociados.

Sus pinturas se conocen afuera por varias exposiciones internacionales. A él, sin embargo, poco se le conoce en sus gustos y disgustos, porque prefiere hablar de lo que hace y muy poco de sí mismo. Aquí abrimos un forado, y a través de él parece asomarse aún alguna tiniebla contumaz.

¿Qué le exaspera de los viejos?

Su dogmatismo prepotente.

¿Y de los jóvenes?

Su dogmatismo inocente.

Cuando le viene una depresión, ¿qué recuerdo le ayuda a sonreír?

Ninguno.

¿Para qué tipo de juegos aún se deja tiempo?

Ninguno me atrae.

¿Con qué comidas y bebidas se le hace agua la boca?

Con el caviar Beluga tapa amarilla.

¿Qué literatura prefiere?

No tolero los sentimentalismos criollos, rancios y quejumbrosos: me gusta leer historia y ensayos. En literatura, los rusos de antes y ahora.

¿Alguna vez ha lamentado no ser una persona completamente anónima?

No. Tengo una sana dosis de egocentrismo.

¿Qué cosas ha inventado el chileno?

El más o menos.

¿Qué rescataría para Chile de los “socialismos reales”, que parecieran en liquidación?

Nada.

¿Reconoce algún ídolo hoy día o lo ha reconocido antes?

Nunca he tenido ídolos.

¿De qué manera practica la democracia en su casa?

Se rumorea que no la practico.

Obligado a nacer de nuevo y fuera de Latinoamérica, ¿qué cuna escogería?

Estoy satisfecho con la mía: París.

Se le está quemando su casa y usted ya salvó a su familia. Puede rescatar algo más. ¿Qué sacaría?

Las tarjetas de crédito.

De todas las cosas que ha hecho o conseguido (sin contar su encantadora familia), ¿qué le ha producido mayor satisfacción?

Mi primer viaje a Europa pagado por mí.

¿Cree que el mundo será mejor o peor dentro de un siglo?

Mejor. El mundo casi siempre progresa y aquello de los buenos tiempos de ayer son majaderías de los que no pueden evolucionar o rehúsan hacerlo.

Usted tendrá un fracaso definitivo en lo profesional o lo matrimonial. Diga cuál teme menos y por qué.

El posible fracaso profesional me preocupa muy poco y lo veo poco probable.

¿Ha llorado frente a su pareja en momentos de conflicto?

No.

¿Qué piensa del gabinete en la sombra que reclutó Andrés Allamand?

Que todavía hay quienes se creen, a pesar de todo lo que ha pasado, los ingleses de Sudamérica.

¿Qué siente cuando se enfrenta a la certeza de ser una persona famosa o reconocida en su medio?

Que todo es prestado.

(Ernesto Barreda murió el año 2014)

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