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Drake ¿Héroe o hooligan? – Luis Alberto Ganderats
Drake ¿Héroe o hooligan?

Drake ¿Héroe o hooligan?

En Coquimbo se instaló una imagen de Drake y el alcalde ha tenido que dar muchas explicaciones, hasta cambiarle el nombre. ¿Héroe o antiguo hooligan? En Londres es héroe. Rastreamos sus huellas hasta llegar al lugar en que naciera y abordamos la réplica del buque con que saqueó Valparaíso y huyó de La Herradura.

Sonriendo, como tierna abuela que es, me hizo pasar al salón de su casa, repleto de modestas cosas antiguas, y con un retrato de Drake entre sus manos me dijo:

-Éste es uno de los hombres grandes que ha conocido nuestra historia. Ningún otro inglés dio antes la vuelta al mundo. Ninguno como él hizo tanto por su patria al derrotar a la Invencible Armada. Por eso yo cuido mucho esta casa donde él nació. Es una reliquia.

Ermyntrude E. Toop ahora camina y habla suavemente mientras me guía hacia unos muros del corral. Es lo único de esa casa que permanece de pie. Es del siglo XV y fue casi demolida por orden de Enrique VIII, cuya hija, Isabel, haría de Drake, más tarde, un caballero…

Caminamos por un paraje de encinas, de prados verdísimos. Es la granja de Crowndale, vecina a Tavistock, condado de Devon, en el sur de Inglaterra. Parece uno de los lugares campestres más bellos de Europa.

Abuelos de la anciana compraron la granja hace casi un siglo a la familia que la recibió de los Drake cuatro siglos antes. Eran tierras de la abadía del pueblo, arrendadas por el padre de ese impetuoso navegante, un pastor luterano. Como María Tudor, la reina católica, combatió a los protestantes ingleses, la familia se vio obligada a abandonar todo.

Dice la abuela:

-Como usted ve, si no es por esa reina que los persiguió, nunca habría existido un Drake marino. Habría seguido en el campo.

Y otra sería la historia de Chile y del mundo.

El inglés que me acompaña en esta visita va silencioso, pero mueve la cabeza para decir que la señora tiene razón. Es que Mr. John Tremlett sabe de esas cosas. Nacido en familia vieja de militares, conocía estas cosas antes de nacer. Y no guarda resquemores contra España: un almirante de su estirpe, otro Tremlett, fue premiado hace dos siglos con el rango de general en el “ejército patriota” español. Y dice:

-Pero no es raro que para ustedes, los chilenos, nuestro héroe sea un vulgar pirata. Siempre es así. El juvenil rey de Macedonia Alejandro Magno criticó un día a un prisionero por sus correrías y él cometió la imprudencia de no guardar silencio: “Me llaman pirata porque sólo tengo un barco, y a ti porque tienes una gran flota te llaman conquistador…”

En Gran Bretaña -no hay duda- nuestro pirata Drake es un héroe. Después de Raleigh no se conoce otro navegante con más cartel. En el sur de Inglaterra, las plazas se llaman Drake; los niños pintan murales callejeros sobre Drake; un teatro principal de Plymouth, el Drake, exhibía por esos días la segunda parte de una gran serie de guerras… galácticas. Los museos también se hallan llenos de Drake.

Por eso, la visita a la anciana que vive ahora en Crowndale Farm me ha dejado pensativo. Revisa con los anteojos en la punta de la nariz un registro de cuántos viajeros han pasado por la antigua granja en el último medio siglo.

-Ustedes son los primeros sudamericanos -nos dice al fotógrafo Jorge Ianiszewski y a mí-. Antes de 1930 esta casa no se abría a los extranjeros.

Comencé mi primer encuentro adulto con el corsario inglés al cruzar el bravo mar de Drake, en dirección a la Antártica, al que le persigue una leyenda negra. Otra leyenda negra, la del mismo Drake, me pareció más injusta todavía al ir en viaje al otro polo de la Tierra, el Polo Norte, y detenerme por unos días en el sur de Inglaterra. Fue un hombre excepcional, sin duda. Por eso, de todas las sensaciones de este reencuentro, la más importante ha sido poder palpar, en una añosa abadía llamada Buckland, algunas de las cosas que le pertenecieron. Recorrer las dependencias de esa mansión -que él habitara cuando ya era un navegante de muchos mares- también se convirtió en una experiencia diferente.

No existen hoy personas en la región que lleven su nombre familiar. El último Drake de Plymouth desapareció hace 68 años.

Explicando al hombre

Chile, pieza secundaria (a lo más) del ajedrez político del siglo XVI, luce importante por Drake. Su  personalidad y sus métodos se entienden a la luz de la gran política universal de entonces, que nos explica sin apasionamientos Mr. Tremlett. Lo hace al dejar el Golden Hind y cuando nos dirigimos a Bickham House, su residencia campestre de Kenn, cerca de Exeter.

Mr. Tremlett es inglés, pero procura ser imparcial:

-Isabel envió a Drake porque América era monopolio comercial de España. Eso no gustaba a los comerciantes de Londres y Bristol. Además, estaba molesta con el partido católico de Inglaterra: quería desquitarse de ella, por ser  protestante, promoviendo la entronización de una católica, María Estuardo.

España, baluarte del catolicismo, figuraba por entonces como gran potencia.

Añade Tremlett:

-Y no podemos olvidar que Isabel estaba en pugna con Roma, pues el Papa quería recuperar Inglaterra para la fe católica. Había mucha intolerancia religiosa entonces. No podemos ignorar tampoco que las aspiraciones de desarrollo inglés debían lograrse, naturalmente, a costa de sus adversarios, y el principal adversario era España. Todo esto hacía inevitable la presencia de hombres como Hawkins y su sobrino Drake en la América española.

Por eso a nadie puede extrañar, tampoco, que entre los accionistas de las empresas corsarias de Hawkins y Drake, figurara, privadamente, “miss Elizabeth Tudor”, la propia reina.

Tampoco puede extrañar que Drake, hijo de un perseguido pastor protestante, fuera aún menos papista que la reina, y que los españoles le compararan con el diablo, y que se lo echaran al hombro llamándole “El Draque”.

“Sir Francis” o “El Draque” dan lo mismo.

El nombre es lo de menos.

Ahora El Draque es anzuelo turístico en Coquimbo.

Seguirá ahí. En el Sur, nadie ha pensado en cambiarle el nombre al mar y llamarlo el Mar de Draque.

En el Golden Hind

Vivo una experiencia que ni siquiera imaginé al desembarcar en Inglaterra: visito el galeón Golden Hind II, a flote en el puerto de Plymouth. Puedo experimentar la estrechez del buque con que Drake saqueó Valparaíso hace 420 años, el mismo con que dio la vuelta al globo.

Se guarda normalmente en San Francisco, y he visto su velamen desplegado al pasar bajo el puente de la Torre de Londres como si fuera una visita del siglo XVI en la víspera del tercer milenio.

Es una cáscara de nuez llena de color, llena de cañones y llena de hermosas velas nórdicas. Pero no es, claro, más que una cáscara de nuez. Una réplica fiel, en la cual se filmó la película de televisión “Drake´s Aventure” (John Thaw como Drake, y Charlotte Cornwall como Isabel II).

Un marino estadounidense, David Mahan, de espesa barba roja, me sirve de anfitrión durante la visita al galeón en Plymouth. Todos, por supuesto, se hallan alborotados. Pues a bordo del Golden Hind la reina Isabel convirtió a Drake en caballero, y con la visita del hijo de Isabel II -cuatro siglos después- recibió la simbólica confirmación de Sir.

Todo este nuevo galeón se debe a expertos de museos británicos y estudiosos de la construcción naval que trabajaron para que fuera construido en California con el mayor rigor. Y se hizo en California no por casualidad: Drake fue el primero que visitó sus costas, dio su halo inicial de vida histórica a San Francisco, y por eso es el nombre que hasta hoy se recuerda en una de sus bahías.

Bajamos a la segunda cubierta del Golden Hind II. Es necesario caminar haciendo involuntarias genuflexiones (no es mi especialidad frente a los odiosos imperialistas británicos). Decenas de pequeños cañones se asoman por otras tantas ventanucas. Parece real, precario, mínimo. La hazaña de Drake crece a los ojos de cualquiera. Asombra pensar que por las correrías de este galeón minúsculo, la historia del Chile colonial haya sufrido algunos cambios.

Gracias a Drake…

Al dejar en evidencia la vulnerabilidad de nuestras costas, Drake influyó positivamente en la historia colonial. Así lo han dicho muchos historiadores, entre otros el investigador Augusto Salinas, con cuyo trabajo hemos armado mejor la historia de estas páginas. Importante fue -dice- la influencia que su viaje tuvo en nuestra naciente nacionalidad.

En primer término, habría que destacar la convicción de los habitantes del reino sobre la necesidad de estrechar filas y defenderse por sí mismos de agresiones del exterior. Tanto Quiroga como los gobernadores posteriores insistieron en la necesidad de independizarse del Perú respecto a la defensa, y trataron de fabricar cañones de bronce, pólvora y barcos apropiados para el resguardo del Estrecho, de las costas y de los puertos de Valdivia y Valparaíso.

Era peligrosa para la unidad del reino la creciente brecha entre españoles y nativos. Los españoles nacidos aquí protestaban contra España por la política de otorgar repartimientos de indios, tierras y bien pagados cargos, a españoles nacidos en Europa, recién llegados, en vez de favorecer a soldados e hijos de conquistadores nacidos en América.

Algunas autoridades españolas recelaban de la lealtad de los súbditos nacidos en estas tierras, porque “no conocen a su rey ni tienen aquella crianza y se mueven a cualquiera novedad”. Temían que los chilenos podrían unirse a los corsarios, como ya lo habían hecho los indios en isla Mocha, y así poner en peligro el reino. En alguna base se sustentaba la preocupación.

La idea de autosuficiencia tenía, sin embargo, límites que todos conocían. La guerra de Arauco aumentaba en intensidad. La osadía de las potencias expansionistas que había logrado abrir el Estrecho, fue entendida por los soldados avezados como una amenaza no sólo contra Chile sino también contra Perú y México.

“Este reino” (Chile) es la llave de los reinos del Perú y de la Nueva España”, escribió Quiroga al virrey Toledo.

“Si los adversarios se apoderasen de él no bastarían diligencias ni fuerzas humanas para echarlos y harían de aquí cruel guerra (a los otros reinos)”. La responsabilidad debía ser compartida, “pues la causa es común y toca a todos el daño”.

Pronto se entendió que el Estrecho (y, por ende, Chile) no sólo era la clave de la seguridad regional, sino de todo el océano Pacífico.

Hechos y desechos en Chile

Las fuentes españolas permiten seguir la ruta de Drake después del Estrecho. El 25 de noviembre de 1578 desde el Golden Hind avistaron la isla Mocha, donde Drake decidió desembarcar en busca de agua y provisiones. Los naturales les habrían dado una buena bienvenida, y por unas chucherías les proporcionaron dos guanacos y otros alimentos frescos.

Al día siguiente, el inglés envió a tierra a dos marineros, quienes fueron muertos por los indios. Se dirigió con nueve de sus hombres a la costa, decidido a vengar tal osadía, pero fue recibido con una andanada de piedras, palos y flechas que ultimaron al piloto y al cirujano de a bordo. Drake fue herido en una mejilla.

Ofendido, o para no tener otra mocha en isla Mocha, optó por no buscar venganza.

Tras cinco días de tranquila navegación, los expedicionarios vieron una apacible bahía, la de Quintero, donde pescaban unos changos. Allí obtuvieron un cerdo, una gallina y huevos. Uno de los nativos, Felipe, se ofreció a guiarlos al cercano puerto de Valparaíso, creyendo que necesitaban ayuda. Otro, más receloso, decidió avisar a Santiago.

Los hombres de Drake, en tanto, se recuperaban de los rigores del paso por el Estrecho. Respiraban a pleno pulmón en lo que hoy son las playas de El Durazno y El Papagayo, con buen aire quinterano, que en el siglo XXI dejaría de serlo.

Repuestos, se embarcaron otra vez.

Aquella mañana del 5 de diciembre había poco movimiento en el pequeño Valparaíso (Quillota era la ciudad más importante en el área). El barco “Los Reyes”, del oidor Torres y del piloto Hernando Lamero, parecía el único con vida, a cargo de un contramaestre… griego y tres marineros. Los demás pasajeros y tripulantes habían bajado al poblado, mientras se estibaba la carga con destino a la rica Potosí, vía Arica. Llevaba vino, carne salada y bizcocho. Este barco transportaba también gran cantidad de tablas y de oro. Los tripulantes vieron en el horizonte un navío y poco rato después tenían en cubierta catorce soldados de Drake armados de sables de abordaje y arcabuces. El griego y un negro fueron bien guardados…

Sólo un grumete alcanzó a escapar, herido, y se alejó nadando para dar aviso a las autoridades del puerto.

Valparaíso asaltado

Mientras los pocos porteños y los tripulantes del barco cautivo huyeron tierra adentro, los hombres de Drake entraban a tiendas y bodegas, haciendo buena provisión de galletas, cecinas, frutas secas y charqui, sin pasar por caja.

Estaban contentos y se pusieron más contentos al descubrir unas tres mil botijas de buen vino, que llevaron al barco capturado.

Un día redondo.

Los pasajeros que no pudieron huir, se dieron cuenta del hambre y enfermedades de los ingleses. Muchos yacían en jergones, con escorbuto y gastroenteritis. Estaban escasos de pólvora, según observó el piloto del barco capturado, el portugués Juan Fernández (que años más tarde descubriría el archipiélago que lleva su nombre).

El escribano santiaguino, Nicolás de Gárnica, que pasaba unos días en Valparaíso, relataría que vio acercarse esa noche un grupo de soldados ingleses. Drake, que lucía un sucio vendaje en su mejilla derecha, se quejó amargamente de los españoles de Chile. Indignado, le contó que un par de españoles renegados habían animado y acaudillado a los indios de la isla Mocha. Esto no le parecía limpio ni decente. Él estaba dispuesto a pagar por las provisiones, aseguró.

El escribano escuchaba estas quejas mientras a su alrededor sólo veía marineros borrachos que transportaban todo lo que podían a los barcos y destrozaban o incendiaban el resto.

Dice que “el Draque” era “un mancebo bien dispuesto, de hasta 35 años”, lo cual no coincide parcialmente con la descripción del cronista Edmund Howes: “Era bajo, de miembros fuertes y pecho ancho; de cabeza redondeada, cabellera café, barba llena, ojos redondos, grandes y claros. Rostro agraciado, claro, alegre” (la figura levantada ahora en Coquimbo lo muestra de piernas y cara larga).

Drake le contó a De Gárnica que su flota de tres navíos había entrado por el Estrecho y que pensaba remontar la costa del Pacífico hasta dar con el pasaje que, decían, llevaba al Atlántico.

La “limpieza” … del indefenso Valparaíso continuó por más de tres días. Se llevaron hasta cálices y ornamentos. Se dice que una imagen de Jesús tallada en madera habría sido lanzada al mar, entre risas del capellán (?) y otros del Golden Hind.

Los ingleses ofrecieron al negro llevarlo con él y tratarlo como hombre libre. Se negó. No se sabe si por lealtad o porque la justicia española decía bien claro que todo esclavo fugado tendría castigos que iban desde cortarle los tendones del pie hasta borrarle los genitales.

Drake circulaba siempre rodeado de una fuerte guardia personal y sólo cruzaba saludos de rigor con su capellán y otros caballeros.

Primer botín en el Pacífico: unos 20 mil pesos de oro valdiviano y casi tres mil botijas de vino por un valor superior a los 18 mil pesos. A todo esto había que añadir las cartas y derroteros del barco “Los Reyes”.

Un sistema de chasquis permitió poner sobre aviso a los pobladores de La Serena y sólo la inmensa distancia desde este lugar a Lima impidió una acción más efectiva y oportuna.

Verano violento

El 19 de diciembre, casi verano en Chile, Drake descubre una extensa bahía, una playa de arena blanca y agua de vertiente. La Herradura, en Coquimbo. Una embarcación fue bajada del Golden Hind con el propósito de buscar agua y reconocer los alrededores, ya que el capitán estaba deseoso de carenar su barco y desguazar el buque capturado en Valparaíso.

Ese mismo día, las autoridades de La Serena recibieron informes de Valparaíso sobre los corsarios. El general Hernando de Aguirre, corregidor de la ciudad, hijo de Francisco de Aguirre, compañero de Valdivia y antepasado de miles de chilenos actuales, ordenó el retiro a los valles del interior de mujeres, niños y objetos del culto. Y organizó una tropa con los pocos vecinos que no estaban combatiendo en Arauco (la historia no tenía visos de terminar…).

Temerosos por la artillería de Drake, muchos jinetes avanzaron entre dunas y algarrobos, hasta ver la costa. Satisfechos, los hombres de Hernando de Aguirre comprobaron que la avanzada enemiga era apenas una docena de individuos ocupados en llevar toneles de agua a la embarcación. Dio entonces orden de atacar y pronto los jinetes más audaces estuvieron a tiro de los sorprendidos ingleses, que huyeron nadando hacia un bote.

Uno de ellos, sin embargo, trató de proteger valientemente la retirada de sus soldados. Richard Minion alcanzó a disparar su arcabuz una vez contra el enemigo, cuando éstos cerraron sobre él y le despedazaron a sablazos. Su sangre tiñó de rojo las limpias aguas de La Herradura.

Muy pronto Drake dejaba las aguas y tierras chilenas, a las que se pensó que nunca regresaría.

Ha vuelto sólo ahora, el año 1998, en forma de una figura decorativa, para atraer curiosos y turistas a la apacible Coquimbo.

No es para escandalizarse tanto. Aquí hemos recibidos con honores a los descendientes de quienes financiaron a Drake y lo hicieron caballero.

Pero, claro, hacer negocios es otra cosa.

¿Y quién es él?

El Consejo de Monumentos Nacionales, sin embargo, no quiere saber nada con el Paseo de Corsarios y Piratas de Coquimbo, donde se ha levantado la imagen de Drake, una idea turística de la Unión Comunal de Juntas de Vecinos.

La enorme imagen de Drake se halla en un mirador de La Pampilla, frente a la playa de La Herradura, desde donde él huyó y fue muerto uno de los suyos.

El Consejo pidió que la estatua sea demolida, y para eso anunció una presentación ante la justicia. Finalmente, los coquimbanos se rindieron: la imagen no será demolida, pero simbolizará sólo -sin nombre- a los navegantes que pasaron por la zona.

No se sabe si el Consejo aprovechará para pedir el cambio de nombre del mar de Drake. Podrían ponerle mar del Teniente Bello. O de Luciano Bello, para terminar la humorada.

Cuna y sepultura

La embajadora de Gran Bretaña en Santiago, Madelaine Evans Castelblanco, dijo lo siguiente:

“Sin lugar a dudas, Drake debe ser tenido por un notable marino y un personaje histórico de gran importancia. Fue el primer capitán de marina en navegar alrededor del mundo (ya que Magallanes murió antes de completar su propia travesía), y es considerado uno de los grandes exploradores de la historia. Más que ningún otro, fue también responsable de la derrota de la Invencible Armada española, uno de los intentos más ambiciosos que algún país haya tenido por invadir a otro en el Nuevo Mundo. Su ejemplo fue una inspiración para la exitosa resistencia que opuso Gran Bretaña a los posteriores intentos de invasión de Bonaparte y Hitler”.

Muerto alrededor de los 55 años (habría nacido en 1540), Drake se inició muy joven en la marinería sobre el estuario del Támesis. Cuando los españoles interrumpieron el tráfico del sector, emigró a Plymouth, desde donde -aún adolescente- hizo sus primeras correrías contra España. A los 38 años llegó a Chile. Vicealmirante contra la Armada Invencible, fue vencido más tarde, en aguas americanas, por una disentería, a bordo de un buque. Su cuerpo fue lanzado solemnemente al mar el año 1596, en Portobelo, Panamá, ciudad nacida jurídicamente meses más tarde.

Origen del viaje a Chile

La flota de cinco navíos que zarpó de Plymouth en diciembre de 1577 al mando de Drake, se dirigía a… Egipto. Eso creían casi todos, porque los objetivos del viaje se mantuvieron en secreto. La reina inglesa no quería ofender al rey español. Sin embargo, nobles amigos de la soberana pusieron su dinero en la empresa.

A medida que la flota se acercaba al temido paralelo 52º S, era mayor la incertidumbre sobre los propósitos del viaje. El 11 de agosto del año siguiente, 1578, Drake pidió al capellán Francis Fletcher que diera la comunión a los tripulantes, y, en medio de una brillante arenga, les reveló el verdadero propósito de esa navegación: de ellos dependía que Inglaterra les quitara el monopolio de las especias a españoles y portugueses. También que se vengara de los “papistas”, como llamaban los protestantes a los católicos. Pocos días más tarde los navegantes doblaban nuestra punta Dúngenes y penetraban en el estrecho de Magallanes.

Las peripecias sufridas por los tres barcos que quedaban de la flota (dos se hicieron pedazos en  rocas) fueron recogidas por el citado capellán en The World Encompassed (1628). El 6 de septiembre entraron a mar abierto, el Pacífico. Pero faltaban dolores por vivir. Los barcos fueron empujados hacia el sur. Uno de ellos zozobró y otro se devolvió por el Estrecho rumbo a Inglaterra. El Pelican, con Drake a bordo, fue arrastrado hacia el sur por el temporal y los ingleses comprobaron que Tierra del Fuego no era el místico continente conocido como Terra Australis, sino una isla más al sur de la cual se unían el Atlántico y el mar del Sur.

Drake, el capellán y un paje desembarcaron en una misteriosa isla, que llamaron Elizabeth. Octubre de 1578.

Quizá fue ahí donde el Pelican cambió de nombre y pasó a llamarse Golden Hind (Cierva Dorada), para homenajear a Sir Christopher Hatton, uno de los accionistas del viaje y en cuyo escudo figuraba una cierva. Hatton, según una reina de Escocia, fue el espigado y apuesto amante de la reina Elizabeth, aunque no parece haber constancia de ello. De lo que sí hay constancia es  que ganó miles de libras esterlinas con los saqueos del Golden Hide, y que durante toda su vida adulta recibió todo tipo de ayudas de la monarca británica, de quien fue su guardián principal y amigo estrecho.

Parte del mucho dinero que recibió de la Corona lo invirtió en el Golden Hind, que llegaría al Chile de entonces y aún no olvidamos.

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