Dharamsala | Luces y sombras en torno al Tibet

Dharamsala
Luces y sombras en torno al Tibet

Llegamos hasta el Himalaya indio para conocer el hogar del Dalai Lama y tratar de entender el boom del budismo tibetano en Occidente. Pero en la ruta se nos revelaron otros caminos. Descubrimos la trama de un silenciado choque entre la China de Mao y miles de guerrilleros tibetanos entrenados y armados por la CIA. Origen, tal vez, de la muerte anunciada de los Dalai Lama y de un hoy improbable Tíbet independiente

TEXTO Y FOTOS: Luis Alberto Ganderats. DESDE INDIA

Aún no amanece. Hay atmósfera de recogimiento cuando camino hacia un templo próximo a la casa del Dalai Lama, a los pies del Himalaya. Es el sector alto de un lugar llamado Dharamsala, en el norte de la India. Cuando ingreso al templo, está vacío. Busco un lugar discreto. En la calle veo personas escarbando dentro de enormes basureros. Algunos burros bajan arreados por campesinos gaddis. Vienen caminando aquí desde el principio de los tiempos, y hoy conviven con los budistas y dan alojamiento a mochileros.

Uno a uno, llegan 27 monjes vistiendo sus hábitos conchevino, ponen sus cuerpos sobre el suelo, con solemnidad. Como en el templo soy el único que no viste hábito, durante unos minutos me preocupo de no bajar la sonrisa, para despejar cualquier sospecha y confiando en que los monjes se concentren en sus mantras. Pero el lama que dirige la ceremonia baja la cabeza, nunca la mirada, y me hace un repaso ocular. Yo pongo cara de estar iluminado. Parece rendirse y me manda un tazón tibio con té salado, leche y mantequilla.

Discretamente instalo una cámara fotográfica. Quiero imágenes auténticas de la ceremonia. En los muros, como en calidoscopio, veo imágenes de Avalokitesvara, encarnación de la compasión. Se trata, dicen, de un ser avanzado, un bodhisattva, de quien el Dalai Lama se define como su “emanación”.

Por casi una hora se prolongan las recitaciones de mantras. Por la cadencia de la lengua suenan como arrullos. Cuando el amanecer enciende el Himalaya, concluye la recitación. Los monjes salen en tropel. Parecen ansiosos por participar de una fiesta que hace hervir a Dharamsala en estos días: el Año Nuevo Tibetano 2145.

India lo esconde

Un novicio me acompaña para mostrarme la casa del Dalai Lama.Visitamos el bello templo Tsuglagkhang, donde él encabeza las ceremonias. Rodeamos el recinto entre banderitas de plegarias y ruedas de bronce con el mantra om mani padme hum. Me cuenta que también oran por internet. Disponen de una rueda de oraciones estacionaria, eléctrica, que se acciona mediante una interfaz web después de ingresar mantras o deseos.

En Dharamsala hay una escuela de arte, edificios de viviendas, museos mínimos, escuelas de yoga y pequeños comercios y agencias de turismo.Vemos poca riqueza y no siempre armonía. En nada se parece al ambiente de lujo que rodeó al joven Dalai Lama en el Palacio Potala, de Lhasa, cuando hasta 1959 fue líder espiritual y también monarca absoluto de un Tíbet feudal.Tiempo en que vestía trajes de seda china y vivía junto a una corte teocrática.

Ese es el Tíbet que los ancianos recuerdan aquí con nostalgia. Y del cual la información que existe es confusa. El territorio del Tíbet histórico se encuentra tras un espeso cortinaje de misterios. Está desmembrado. Un trozo es el “territorio autónomo” de China, al que el Dalai Lama quiere volver, con Lhasa como capital. Otros grandes fragmentos están fundidos con provincias chinas. Orden de Mao.

Desde ambos gobiernos surgen ásperos pronunciamientos políticos, y circulan muchas informaciones incompletas sobre muertes y destrucciones. Algunos mienten con la facilidad con que estornudan. A ratos, parece que los voceros recuerdan lo que nunca sucedió. Por eso, mi viaje en torno al Dalai Lama lo hago por rutas inciertas.

Estuve antes en Xi‘An. Era punto de partida de la Ruta de la Seda.A esa tierra del Ejército de Terracota llegaron impetuosas tropas tibetanas en el otro milenio. Querían conquistar China. Avanzaron mucho, pero les duró un suspiro.Ahora ocurre lo contrario. He llegado a montañas del Himalaya indio, donde miles de tibetanos buscaron refugio huyendo de los chinos. Llevan 59 años en esta ciudad como huéspedes del gobierno. El Dalai Lama quería una ciudad a la mano, pero India lo puso aquí, lejos de la prensa. A 12 horas de Nueva Delhi, y sin aeropuerto.

Bandera blanca

Aquí reina un Dalai Lama octogenario. En la inclinación de su espalda lleva la memoria de sus años. Pero en los ojos mantiene vivo el fulgor de la inteligencia, y sigue fino de cabeza, tal como le conociera hace largo tiempo, en una entrevista privada que nunca olvidé. Su sonrisa sigue siendo la misma, aunque no le ha ido bien. Eso lo saben todos los mandatarios del mundo, que nunca lo reciben oficialmente. El propio Obama declaró que no es partidario de la independencia del Tíbet.Lo mismo dicen todos. Noruega se atrevió un poco más al otorgarle el Premio Nobel de la Paz. ¿Resultado? Hoy los ciudadanos noruegos tienen negado su ingreso a China.

En distintas épocas, chinos y tibetanos han negociado secretamente, pero siempre para volver atrás.En este 2018 pareciera que el rol de Dalai Lama ha sobrevivido a su utilidad. Sabemos que el pesimista siempre se queja del viento, mientras que el realista ajusta las velas. Es lo que él hace ahora. Empieza a levantar bandera blanca.“Vamos a crear una unión con China, felices y en paz, con una verdadera autonomía en lo religioso y espiritual”, profetizó a su gran amigo Robert Thurman, intelectual budista, padre de Uma, la actriz. Y ha ido más lejos.“El budismo podría ser tal vez una contribución importante a la mente china”.

Mi guía indio me informa que el Dalai Lama habría enviado secreta- mente a China a su hombre de mayor confianza, Samdhong Rinpoche. Quiere sondear nuevamente una posible visita a Beijing.Y es que en amor vale menos lo que se da que lo que se cede.Y eso espera China. Mao, tras vencer al nacionalista Chiang Kai–Shek, se tomó parte del Tíbet en los años 1949–50. Alegó tener derechos anteriores. Tres provincias de las cuatro que formaban el Tíbet histórico –o parte

de ellas—efectivamente habían sido chinas en distintas épocas.Tardó un suspiro en fundirlas con provincias de la naciente República Popular. Un año más tarde ambos líderes firmaron un tratado que convirtió a Tibet en una parte de China, como “territorio autónomo”. Beijing se quedó con relaciones exteriores y el derecho a instalar tropas en ese territorio autónomo. A cambio, el Dalai Lama seguiría mandando en el gobierno interno, en lo religioso y espiritual.

Tíbet y CIA

Durante un tiempo, las relaciones fluyeron con aparente normalidad. En 1954 el Dalai Lama participó en un congreso del Partido Nacional del Pueblo, en Beijing. Volvió en 1955. Era Año Nuevo Tibetano, y con Mao lo celebraron animada- mente. Sonriendo, aún vestido de seda china, el Dalai Lama aparece en las fotos hecho un pincel.

Ciertamente, él no cedió independencia con plena libertad. Pero tampoco abundan argumentos para afirmar que Tíbet fue siempre país independiente. En el siglo XIII, los lamas que gobernaban desde sus monasterios fortificados perdieron independencia al aliarse con el Imperio Mogol que nacía, y luego con otras dinastías dominantes en la historia china. Estuvo siempre atado a ellas por las armas, por el budismo o por el placer de que esas dinastías les concedieran la calidad de príncipes. Incluso, llegó al límite de nombrar IV Dalai Lamaa Yonten Gyatso, nieto de un emperador mongol…

Tuvo, sí, un breve lapso de independencia indiscutible, cuando en 1911 se acabaron los emperadores en Beijing y nació la república. China tuvo que enfrentar guerras intestinas, sufrió invasiones y explotaron las dos guerras mundiales. No dispuso de tiempo para ocuparse del Tíbet. Entonces el anterior Dalai Lama tomó las riendas. Le resultó (a medias), sólo por el tiempo que los comunistas tardaron en vencer a las tropas nacionalistas del actual Taiwán, y quedarse con todo el poder. Fue entonces cuando, con la firma del Dalai Lama, el Tibet volvió a ser parte de China, como “territorio autónomo”.

Tales gestiones fueron encabezadas por el jefe militar tibetano, quien luego trabajó para Mao…Y el IX Panchen Lama, que debería seleccionar al próximo Dalai Lama, se casó con una china y… también reconoció a Mao (su hija china ha estudiado en Estados Unidos y en Beijing, donde ahora vive).

Como el destino no hace visitas a domicilio, y los tibetanos querían independencia, salieron a buscarlo. Y apareció la CIA. Algo empezó a ocurrir bajo tierra mientras parecían convivir en paz. Desde 1956, con sigilo, la CIA dio instrucción guerrillera a cerca de dos mil com- batientes tibetanos en las Rocallosas, Colorado,Islas Marianas y Mustang, en Nepal, principal área de acoso a los chinos. Ese mismo año, el Dalai Lama viajó a la India,con la intención de pedir asilo político. Se lo había prometido el Primer Ministro Nehru, quien finalmente no cumplió. Estas son informaciones que entrega el propio hermano mayor del Dalai Lama, GyaloThondup,educado por jesuitas, en un libro publicado hace dos años con Random House India (The Noodle Maker of Kalimpong: La historia no contada de mi lucha por el Tíbet). Thondup revela que él y otro de sus hermanos siempre oficiaron de contacto principal para el reclutamiento de jóvenes tibetanos por la CIA.

En 1959 la convivencia entre chinos y tibetanos se había oxidado. China envió tropas a Lhasa, y el Dalai Lama tuvo que huir coordinado con la División de Actividades Especiales de la CIA. Lejos de Lhasa habría tomado un vuelo a la India. Los pormenores del trabajo de esa agencia de inteligencia en Tíbet durante 17 años han sido revelados en libros escritos por sus ex agentes Knaus, Conboy, Morrison, Laird, E. McCarthy, Dunham.

Uno de los libros lleva prólogo del propio Dalai Lama, quien ter- minó lamentando que con la CIA “fue más lo que perdimos que lo que ganamos”. Así se lo dijo al agente Kennet Knaus, muerto en 2016. Este reconoció que vivían la Guerra Fría, y los políticos de Estados Unidos realmente no querían liberar al Tíbet. Querían hostilizar a China en beneficio propio. La situación duró hasta el día en que Nixon/Kissinger decidieron negociar con Mao. Nixon viajó a Beijing en 1972, y antes de dos años, a 1.500 rebeldes tibetanos entrenados por la CIA se les acabó toda esperanza.Y para complacer a China,durante años el Dalai Lama… no pudo ingresar a Estados Unidos.

Knaus –luego agente de la CIA en la Escuela de Gobierno de Harvard— publicó un se- gundo libro. Dice que lo hizo por remordimiento.

Al leerlo, hasta el más escéptico queda en silencio.

Lo malo sale peor

“El Dalai Lama conquistó el mundo, pero fue derrotado por China”, concluye un reciente libro. Ha conquistado a millones por su prédica sobre la compasión y el acceso a la vida plena a través de la doctrina lamaísta. Su imagen ha subido a los altares tibetanos con “esa sonrisa que parece prometer un paraíso perdido en la Tierra”. ¿Por qué el Dalai parece llevar el sol siempre consigo? Alguien ha teorizado que tiene capacidad para estimular las “neuronas espejo” de quienes le ven,descritas por Giacomo Rizzolatti. Ello ayudaría al contagio emocional y a la empatía. Que quienes lo ven sonreír contento, sonrían contentos; y permanezcan contentos.

Apoyada a su influencia, la pequeña vertiente budista lamaísta que él encabeza, la escuela Gelup, se ha expandido con fuerza de tsunami por el Occidente cristiano, a pesar de que él se niega a reconocer la existencia de un dios creador del Hombre y del Universo.Ese tsunami llegó a Latinoamérica, y las cuatro escuelas principales del budismo tibetano tienen sedes en Chile.

Pero casi todo lo que al Dalai Lama le podía salir mal le ha salido peor en los casi 60 años pasados desde que huyó de los chinos rumbo a la India, vistiendo el traje negro de sus guardias, para no ser descubierto. Aseguran en Dharamsala que todavía los policías de la República Popular siguen hostilizando a los budistas rebeldes en Lhasa. Denuncian la muerte de numerosos jóvenes desde entonces; no pocos quemados a lo bonzo.

Falta libertad de movimiento en el Tíbet, aunque casi todos los monasterios y templos permanecen activos, y abiertos al turismo, tras su restauración por los daños sufridos principalmente en el tiempo de los Guardias Rojos. Los extranjeros pueden visitar casi cualquier sitio –los hay de excepcional interés turístico–cultural–, pero siempre con acompañante oficial, a través de agencia.

Veamos excepciones de bulto. Hace sólo semanas que el gobierno prohibió el ingreso por tiempo indeterminado de cualquier persona al instituto budista de Larung Gar, antigua región tibetana de Kham.

Rechaza la concentración en él de unos 10 mil monjes tibetanos de la vertiente Nyingma. Forman un descomunal pueblo sobre colinas, aparentemente sin autorización y problemas sanitarios. El gobierno ha dicho que se trata de reducir la población. Pero puede ser otra la causa.Tal vez existe amenaza de un conflicto político–religioso de incierto pronóstico. El fundador –muerto hace 14 años—tenía un antecedente irritante: le hizo clases al Dalai Lama aquí en Dharamsala, en 1990. De esta región salieron los que primero combatieron a la China de Mao y los jinetes que apoyaron al Dalai Lama cuando huyó a India.

Hay otra extrema restricción por estos días. Desde el 9 de febrero ningún extranjero ha podido ingresar al Tíbet. Y los que estaban dentro debieron salir. Esta veda durará hasta principios de abril, como ha ocurrido en estas fechas desde hace 10 años. Marzo anuncia dolores de cabeza. Se conmemora el exilio del Dalai Lama cuando China ingresó tropas a Lhasa. Fue la dura respuesta a una tenaz rebeldía de los tibetanos de Amdo y Kham, contrarios a la ocupación militar, iniciada diez años antes. Se puede presumir que la respuesta de Mao fue más drástica porque desde 1956 se le hizo evidente

el apoyo de la CIA a los rebeldes de Kham. Los comandos que esa agencia entrenó aprendían técnicas de sabotaje, emboscadas, bloqueo de comunicaciones, espionaje, uso de armas de guerra y tácticas de guerrillas.Todo combatiente llevaba una tableta de cianuro amarrada en la muñeca izquierda.

Como la CIA utilizaba mapas de 1904, y había improvisación, se produjeron desastres. Desde sus C–130 y B–27 devolvía a muchos comandos al Tíbet lanzándolos en paracaídas. El alboroto producido permitía que los chinos localizaran a los guerrilleros.

Marzo también viene envenenado porque se cumplen 10 años de las violentas protestas tibetanas de 2008, en contra de los Juegos Olímpicos de Beijing. La policía militarizada reprimió las manifestaciones sin vacilación. Ahora, muertos propios y ajenos podrían repetirse.

Estas extremas precauciones hablan de un Tíbet que sigue en llamas y de una China cautelosa. El Dalai Lama ha perdido autoridad,es cierto, y por eso hace siete años tuvo que entregar su poder político a un laico elegido por exiliados. Los jóvenes partidarios de la independencia no retroceden. Resisten aceptar la mera autonomía dentro de China, defendida por su anciano líder. ¡Tibet free!, es el aullido que emana de sus pancartas en azul, rojo y amarillo, que se ven junto al recinto donde reside el Dalai Lama.

Desde el jardín

En las calles de Dharamsala vemos grupos de bailarines celebrando el Año Nuevo. Parecen diabladas de La Tirana. Durante dos semanas, en todas las casas, hoteles y lugares comunitarios revivirán las viandas tradicio- nales de la fiesta.También en el hogar del Dalai Lama. La sala donde él ve televisión tiene una mesa–altar con esos símbolos. Domina la cebada, pues la fiesta nació entre los campesinos bon, antes que los budistas pisaran el Tíbet. Sobresalen una botella con cerveza de cebada, un recipiente que contiene semillas y harina de cebada, buñuelos y otras masas fritas que parecen calzones rotos, formando una alta ruma. Todo de cebada. También se destacan brotes de trigo y arroz.

Este es el lugar donde más se relaja el Dalai Lama. La luz que se filtra por ventanales ilumina los thangkas, tapices budistas que cuelgan de los muros. Eso le gusta mucho pero, acercándose a los 83 años, disfruta más de la azotea de su casa. Pasa horas mirando los glaciares himalayas de Dhauladhar, y los valles de Dharamsala. El mismo jardinea las flores que tiñen su invernadero: caléndulas doradas y lupinos de tonos intensos: lilas, azules, rosados, casi idénticos a los chochos de nuestra Carretera Austral.

Se diría que en este lugar él puede soñar un regreso al Tíbet en una próxima emanación.Aunque ya ha repetido que, posiblemente, será el último Dalai Lama. La mano de Beijing no afloja.A fines de 2017, el presidente Xi Jinping surgió como el gobernante más poderoso desde Mao. Luego hizo hablar a un viceministro: “China se opone a que los gobiernos y organizaciones de cualquier país reciban al Dalai Lama, bajo cualquier nombre”. Considerará tal visita “como un insulto severo a los sentimientos del pueblo chino”. Recomienda a los gobiernos “que ejerzan la cautela tanto de palabra como de obra, y den consideración plena a su amistad con China y el respeto a su soberanía”.

China pierde la paciencia. Las neuronas espejo del Dalai Lama puestas a prueba.

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