De gente linda y gente fea

De gente linda y gente fea

En un caso, Sebastian Allers sonríe satisfecho. En el otro, arrisca la nariz. Sonríe disfrutando su oficina del HSBC de Canary Wharf, al norte del británico río Támesis. Ahí goza  de un fenómeno cada vez más común en el mundo de hoy: se han demolido barrios decadentes con buena ubicación para construir edificios habitacionales y de oficinas para gente de mejores ingresos. Al fenómeno le llaman gentrification, porque la gentry es la gente refinada, “bien nacida”, incluyendo la burguesía o grupos medios con acceso a lujos. Mr. Allers tiene su oficina en el edificio más alto de Londres, y desde la altura mira al mundo. Y es entonces cuando sonríe. Pero arrisca la nariz cuando recorre las ciudades que gustaba saborear en Europa. Con viejos barrios que han perdido su prestancia aristocrática. “En todas partes hay cada vez más gente fea“, alega.

Esa gente que a él le irrita forma parte del otro gran fenómeno de hoy: el turismo de bajo costo. Las líneas aéreas low cost y las de tarifas algo más baratas y peor servicio -como la descalabrada Air Madrid- han contribuido a democratizar el ocio.  Pero el lujo sigue donde mismo. Por eso, Mr. Allers sufrirá durante todo el tiempo que los grupos medios deban conformarse con disfrutar del ocio barato en el extranjero y no puedan dar los pasos que los conduzcan al lujo, a vestir con Hugo Boss o a escuchar música en un Bang&Olufsen.

Por ahora, los de clase media nos aglomeramos en Buenos Aires y en Cancún; mañana lo haremos en París, y en un remoto pasado mañana, en Tahití o las Seychelles. El “bajo costo” puede ser comparado con el surgimiento del turista, del viaje de masas, en los años 50. Llegó para hacer difícil la vida del “viajero”, acostumbrado a moverse como príncipe entre sus iguales. Nunca se tropezaba con su contador en el mismo vuelo, o con el “administrador” de la fábrica en la habitación vecina del hotel. Ahora, el antiguo administrador de la fábrica o el contador -con los rebautizados cargos de gerente o subgerente-, suelen encontrarse con la ejecutiva de ventas o el soldador de la empresa en el aeropuerto, y su señora se puede tropezar con la vendedora de la tienda en el SPA de su hotel en Playacar, desnuda.

Nadie detendrá la avalancha. Los Mr.Allers criados en Chile podrán repetir eso de gente linda y gente fea. Nos guste o no, el acceso a la tecnología, a la Internet, a los vuelos más baratos, al crédito, están cambiando la sociedad del siglo XXI. Tal vez lo más sano para esas cabezas es tratar de verlo como un acto de reparación. No un acabo de mundo, sino el nacimiento de otro mundo, mejor para la seguridad de todos. Es muy explicable que se resistan los que conocieron la máxima exclusividad. Para socorrerlos, ya empiezan los vuelos turísticos al espacio, equivalentes a las primeras navegaciones principescas por Asia y África. “Mr. y Ms. Allers, sírvanse pasar a la plataforma.”