Crucero-sobre-ruedas por la Carretera Austral

Crucero-sobre-ruedas por la Carretera Austral

Ahora se puede conocer acompañado y asegurado el territorio entre Puerto Chacabuco y el final de la Carretera Austral, sobre Caleta Tortel, que puede ser la villa más linda del fin del mundo.

Texto y fotos de Luis Alberto Ganderats. Desde Caleta Tortel

El territorio de la zona central parece otro país al lado del despedazado paisaje que lleva hasta Caleta Tortel. Es un Chile sin riendas, de bellas montañas amenazantes y navegaciones por rutas aventuradas con finales venturosos.  Así lo sienten quienes llegan por primera vez a la Carretera Austral, un poco encogidos por la crudeza del clima y por esos brazos de agua que se abren aquí y allá siguiendo camino a lugares sin nombre. Tienta y entusiasma. Eso es cierto. Pero exige alerta. Nos sentimos siempre en los bordes de la prudencia. Estos territorios “del Áisen”, como se decía ayer, convierten al hombre en un ser indefenso. Aquí pierde trono y corona el rey de la Creación.

Para descubrir con seguridad a este Chile tan bello como hostil, en enero se inició lo que podría llamarse un crucero-sobre-ruedas. Y junto a un grupo de periodistas brasileños vamos con ánimo de descubrimiento por la Carretera Austral, hasta la mítica Caleta Tortel, partiendo de Puerto Chacabuco. Unos 1.400 kilómetros de recorrido en redondo, cubriendo un espacio enorme de la Región de Aisén, y un guía nos va ayudando a distinguir entre partes de un río y un brazo de mar, entre un volcán solapado bajo la nieve y una simple montaña tallada por los glaciares.

En el camino, nuestro bus-crucero (con cocina y cocinero, refrigerador y baño, primeros auxilios y radio) va recalando en los sitios más nobles de la ruta, con una decena de turistas abordo. Al principio de nuestro recorrido, el bus regresa por la noche al lugar desde donde partió, el moderno y abrigado Hotel Loberías del Sur, en Puerto Chacabuco. Pero cuando el viaje ha avanzado bastante en dirección a Caleta Tortel alojamos en Puerto Bertrand, entre montañas y bosques de lenga, en el sector de Lago Bertrand, comuna de Chile Chico, donde nace el río Baker. Otros días lo hacen en la comuna Río Ibáñez, en puerto Río Tranquilo, el de las Capillas de Mármol del lago General Carrera.

Partiendo en la Laguna

El recorrido de ocho días y siete noches se inicia con una navegación (no sobre ruedas), en la estrella turística de la región: la laguna San Rafael, con Catamaranes del Sur. Esta área sin habitantes permanentes ni más caminos (por ahora)  que los del agua, es vista por los científicos como uno de los territorios más notables por su diversidad de climas, vegetación y fauna. Se llega navegando por los canales entre bosques que se hunden en el mar, entre islas y fiordos, espectáculo que sobrecoge. Un deslumbrante museo geológico al aire libre.

Luego de recorrer por tierra lo mejor del área, nos vamos a las Capillas de Mármol, cuyas aguas color Caribe desconciertan por su frialdad. Los mármoles parecen flotar. Una experiencia única en el mundo. También se recorre la Cuesta del Diablo, en Villa Cerro Castillo, llamada así porque la montaña parece una desmesurada fortaleza medieval. Se trata de un distrito que, tal vez, muy luego, veremos tan apetecido como Torres del Paine por los adictos a la montaña. Está cruzada por  senderos y tiene lagunas de cuento. Algunos audaces solitarios (por su propia cuenta) trepan y luego bajan hasta el vecino lago Paloma, donde el Dos Lagos Lodge ofrece un recorrido de más de 60 kilómetros para ciclistas de montaña, tal vez el más largo del mundo. Fue trazado por un batallón de jóvenes competidores de mountain-bike traídos de Nueva Zelandia, que ocuparon varios veranos en la tarea. El lodge arrienda bicicletas de montaña.

Hay otros lugares que visita el crucero. Caminamos horas por el parque privado Aikén del Sur, al lado de Puerto Chacabuco. Una inmensa y reconfortante muestra de conservación del paisaje. De esta calma del Parque Aikén se pasa más tarde por las torrentosas aguas del Baker, que provocó la bullada ¡Patagonia Sin Represas! Bien avanzado su camino, el río Baker se junta con el río Nef. Ahí escuchamos el maravilloso estruendo de la naturaleza viva. Pasamos también por el lago Bertrand y la ciudad de Cochrane, por el vergel del río Cisnes y el parque Nacional Queulat, por el colosal Ventisquero Colgante y por otras villas o caseríos a orilla de camino.

Tortel, la guinda

Para la mayoría de los cruceristas, el máximo placer del crucero-sobre-ruedas  se produce en Caleta Tortel. Aquí expira la Carretera Austral tras largo recorrido. Hasta hace pocos años se podía llegar únicamente por mar. Eso explica que pocos chilenos la conozcan, y que sean menos los que han descubierto su cara de 2016, luciendo pasarelas nuevas y más extensas. Los viajeros saben que es un pueblo sin calles, a cuyas casas y barrios se accede por perfumadas escaleras hechas con ciprés de las guaitecas. Pero sabemos muy poco más. Sólo al descender, o al navegar su bahía, queda al descubierto uno de los más bellos escondites que el hombre se ha inventado en la Tierra. Su camino costero sigue las ondulaciones de la bahía, y es una larguísima pasarela de madera a nivel del mar, leve filigrana de ciprés rojizo, que llena de gracia a la villa, que se levanta en el delta-desembocadura del Baker, el río más caudaloso de Chile. El de Patagonia Sin Represas.

Tortel es una caleta sin pescadores. Es territorio de carpinteros, madereros, leñadores, talladores. Un refugio de los duendes del bosque…Último puerto de nuestro crucero-sobre-ruedas. Su imagen nos acompaña en todo el camino de regreso. Después de vivir media vida recorriendo Chile, siento que la aérea Caleta Tortel y su vecindario indomable es todo lo que el turismo de naturaleza espera de nuestro Fin del Mundo.

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Este crucero terrestre de siete noches y ocho días se inicia y termina en Puerto Chacabuco, cerca de Puerto Aisén. Sale todos los lunes y viernes con la combinación hasta Tortel, y todos  los jueves, por el día, hasta Capillas de Mármol, en lago General Carrera. Información: www.loberiasdelsur.cl; teléfono en Santiago: 222311902; teléfono en Puerto Chacabuco: 672231112.

Tortel: pisadas sobre el futuro

Por el repetido morbo de los cronistas, la trágica Isla de los Muertos es lo que hasta hoy ha hecho más famosa a Caleta Tortel. Pero desde que la Carretera Austral llegó hasta la caleta y se amplió la pasarela de madera que la une de extremo a extremo, lo que distingue a este pueblo sobre cualquier otro del fin del mundo es su emplazamiento, su colorido y su armonía. La imagen de Tortel podría ser mañana la más difundida de Chile, o al menos de su Patagonia.

Isla Pisagua, el primer lugar habitado del área, tuvo una historia  documentada que cabe en pocas líneas. En ella vivieron, un siglo atrás, algunos centenares de trabajadores chilotes contratados para un trabajo puntual: por dos pesos debían levantar casas y abrir caminos para sacar al Pacífico la producción de la Patagonia argentina. Sus patrones eran audaces empresas explotadoras con sedes en Punta Arenas y Buenos Aires. Al poco tiempo muchos de los trabajadores murieron en circunstancias nunca aclaradas, y los sobrevivientes los enterraron en una isla sin habitantes, que desde entonces pasó a llamarse Isla de los Muertos.

¿Por qué esas muertes? ¿Abandono patronal que duró muchos meses? ¿Desconocidas enfermedades? ¿Asesinatos masivos para evitar pago de salarios…?  No hay certeza alguna, hasta hoy. Todos los sobrevivientes se fueron de Alto Pisagua y la zona quedó nuevamente despoblada de habitantes no indígenas, salvo algunos fugitivos de la justicia o colonos ilegales.

Hasta que a mediados de los años cincuenta del siglo XX la Armada de Chile dio origen a la actual Caleta Tortel al instalar un puesto de vigías y señales, a cargo de un telegrafista- enfermero. A partir de ahí se construyen las primeras casas de colonos. Hoy es un pueblo de 500 habitantes o poco más, admirable lugar de turismo y aventuras en el delta-desembocadura del Baker, el río más caudaloso de Chile.

En la Isla de los Muertos ya nadie llora. Distante a sólo 3 kms de Tortel, es visitada por los viajeros y turistas que llegan a fotografiar las tumbas que quedan, marcadas por 33 cruces de ciprés de las guaitecas cubiertas de musgo. La presencia de viajeros y turistas en Tortel ha permitido que, últimamente,  junto con la actividad maderera se esté desarrollando una  red sencilla de servicios: hotelitos y pensiones, restaurantes y cocinerías, más pequeños empresarios turísticos que ofrecen visitas a glaciares vecinos. 

Se puede presumir que el turismo internacional marcará su futuro. Se encuentra estratégicamente ubicada entre los Campos de Hielo Sur y Norte. Mañana, con nuevas tecnologías y emprendimientos, Tortel debería convertirse en un centro mundial para ir a descubrir ese territorio todavía ignoto, que no sólo tiene las principales reservas mundiales de agua dulce congelada después de la Antártica y Groenlandia, sino también la capacidad de regalar asombro y emociones, lo que busca cada vez más el hombre que vive en tierras domesticadas y contaminadas. Ya hoy, desde Caleta Tortel es posible navegar a los parques nacionales Laguna San Rafael y Bernardo O`Higgins, a los ventisqueros Jorge Montt y Steffen, a la enorme reserva Katalalixar. También remontar el río Baker.

Su historia recién está comenzando. Lo que hace el visitante de hoy en Tortel es dar pisadas sobre el futuro. 

P.N . San Rafael
Museo de geología al aire libre

Todos hemos escuchado hablar o hemos visto la Laguna San Rafael, el lugar remoto más celebrado de nuestra geografía continental. Lo que llama la atención de todos es el celeste murallón de hielo de dos kilómetros de ancho y 50 metros de altura, que va desintegrándose frente a sus ojos. Los trozos desprendidos del glaciar, alimentan de agua a lo que hoy llamamos laguna, pero que es más propiamente un brazo de mar –salobre —, que presenta la  forma convencional de una gran laguna.

San Rafael es uno de los sectores por los cuales se asoma el glaciar San Valentín, que es parte del Campo de Hielo Norte.  El glaciar está montado sobre el cerro San Valentín, que luce una planicie a casi 4.000 metros de altura, la más alta de toda la Patagonia. Cuando las masas de hielo cubrían una cuarta parte de la superficie de la Tierra marcaron una de las edades del reloj geológico: el Pleistoceno, concluido hace 10 mil años. Al recorrer San Rafael, hacemos una excursión a ese pasado remoto del Hombre, aunque en ella no vive nadie.

Esta área sin habitantes permanentes ni más caminos (por ahora)  que los del agua, es vista por los científicos como uno de los territorios más notables por su diversidad de climas, vegetación y fauna. Se llega navegando por los canales entre bosques que se hunden en el mar, entre islas y fiordos, un espectáculo que sobrecoge. Su vegetación es muy variada y luce intacta, por lo cual es Reserva Mundial de la Biosfera. En altitudes bajas hay un tupido bosque de hayas del sur o nothofagus, con arbustos y helechos arborescentes, y muchas plantas trepadoras y parásitas. Alrededor de la laguna abundan  humedales de turba y morrenas de diferentes edades.

Es tan grande el Parque Nacional Laguna San Rafael –del cual la laguna es apenas una pequeña parte— que se encuentra repartido en el territorio de cuatro comunas, principalmente de la provincia Capitán Prat. Una de esas comunas es Tortel, la más conocida y más grande. Si hiciéramos el intento de entender geográficamente el área del parque, lo probable es que fracasemos. En ella se juntan cuatro regiones ecológicas: la oceánica sub antártica, la oceánica transandina, la oceánica templada fría y la andina. Es zona de muy variada topografía y de gran belleza escénica, que para emborracharnos la perdiz incluye, además, la cordillera continental patagónica, la cordillera patagónica insular, el valle central y los glaciares de la Patagonia…l

¿Quién se atreve a armar este rompecabezas?

Estamos en un museo abierto y vivo de la geología.

También un puzzle de la zoología. Aquí viven zorros, pumas, pudúes, gatos silvestres, visones y otros de su familia. Cisnes de cuello negro, albatros, patos hualas y cormoranes. Toninas, lobos de un pelo, chungungos y elefantes marinos. ¡Hay más! Su habitante más llamativo es tal vez el leopardo marino o foca leopardo, la segunda más grande del planeta, un carnívoro acuático. Es capaz de comerse hasta cinco pingüinos al día usando sus enormes colmillos y la fuerza que le dan sus más de 300 kilos. Hemos visto a esta solitaria y moteada foca descansando sobre trozos de hielo en San Rafael, con una especie de sonrisa de satisfacción. Nadie podría sorprenderse de esa expresión de sosiego infinito: ella casi no tiene enemigos (salvo ocasionales tiburones y ballenas orcas), y aunque su “tribu” de carnívoros es muy numerosa siempre encuentra algo para echarse a la boca. Y sonreír.

Los visitantes de la Laguna San Rafael deben buscar a la foca leopardo, o pedir a los equipos de la naviera que les alerten sobre su presencia. Ella no se deja ver con facilidad. Si tienen suerte, hallarán una hembra con su cría, que nace pesando igual que diez crías de mujer.

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