Cristián Huneeus | Un amante del pecado

Cristián Huneeus
Un amante del pecado

En siete libros (dos todavía sin publicar) se ha vaciado como un saco de lentejas. El ultimo, Autobiografía por encargo, abarca sus 48 años y los 30 que ha cumplido en su búsqueda de un terrenito en el gran loteo de la literatura chilena. Dicha búsqueda la inició con el pie derecho. Sus Cuentos de Cámara no rebotaron en la sensibilidad del crítico Alone cuando este viñamarino era un escritor de sólo 23 años:

“Dentro de su espíritu moderno, a veces demasiado moderno, que no se para ante ninguna audacia, Huneeus, por su moderación, su serenidad, su transparencia, y hasta el aplomo con que usa pequeños detalles comunes, tiene algo de los poetas clásicos antiguos”.  

Nicanor Parra lo elogió diciendo “Este niño es un palacio en medio de las (poblaciones) callampas”.

Carlos Iturra en El Mercurio Iturra se refiere a su novela El verano del ganadero, y alega que “es todo concreción, aspereza, grosería”. En ella se funden el relato campesino propio del criollismo con la novela holgadamente erótica. Para poner de buen humor a su público, Huneeus sólo figura como autor del prólogo. El libro lo firma Gaspar Ruiz, personaje de su novela anterior. Así teje. Le gusta sorprender. Por eso la afirmación inelegante de que todos los hombres son iguales, seguramente le parece una ofensa personal, como antes lo ha dicho un chileno burlón. Lleva muchos años haciendo excursiones en busca de la originalidad perdida. Y diciendo cosas como para irritar al buen burgués. “Ama el pecado de un modo extraño y escabroso”, concluyó tempranamente Merino Reyes.

¿Cuál es el beso que más le gusta dar? Conteste con prudencia.

-Es obvio que un beso en la boca. A qué mujer o en que parte de su rostro cuerpo, y con qué relación entre lengua y labios, es algo que siempre varía según las horas del día y las estaciones del año, y la propia etapa de la vida y el carácter del momento.

¿Qué es lo que más le gusta de sí mismo?
-Nada muy original: la alegría de querer a mi hijo, a mi mujer y sus dos hijos. De tener buenos amigos y amigas. De pasarlo disfrutando del paisaje y las conversaciones y las caminatas.

¿Qué experimenta cuando lo elogian con sinceridad?

-Que corresponde a lo que merezco. Con su perdón lo digo, pero eso es lo que pienso.

¿Ha sentido deseos de matar a alguien?

-Más bien de pisarlo con un bototo, sí. A esa gente que manda mucho sin entender nada.

Proponga alguna sanción o estímulo para combatir el adulterio femenino.

-¿Por qué me pide que proponga una estupidez tan grande? Que cada mujer haga lo que siente y necesita, o no haga lo que siente que no necesita.

¿Qué actitud femenina lo saca de quicio?

-Me saca de quicio el mal humor: nunca me he podido explicar porque hay mujeres, a veces tan lindas, que viven furiosas. Pero más todavía me saca de quicio las mujeres interesadas en su propia conveniencia. Son medio tontonas.

¿Cuál es el peor defecto que aceptaría confesar aquí?

-Mis ganas con las que peleo –no se piense que no- de tener siempre la razón en todo. Es lo propio de un hombre vanidoso.

¿Cuáles son los defectos más notorios que Ud. advierte en la clase media chilena?

-El resentimiento y la envidia.

¿Cuáles son los defectos notorios que Ud. advierte en la clase más alta de Chile?

-La superficialidad y la suficiencia.

¿Qué conducta criticada a su padre ha repetido usted con sus hijos?

-¿Será la de dar órdenes y querer dominar? Cuesta mandar esa tontería al diablo.

De los hombres y mujeres conocidos, ¿cuál le parece el más genuinamente chileno?

-Mi gran amigo Nicanor Parra. Pero a veces, cuando me desvelo, me pregunto si no lo será también, por lo menos un poco, ese gringo que fue Lord Cochrane.

¿Quién es el chileno más divertido, según usted?

-En este momento no hay chilenos divertidos.

¿Suele hablar cuando está solo y nadie lo escucha?

-Lo hago siempre. Y suele importarme un pepino que no me escuche nadie.

Cuando se halla deprimido, ¿qué recuerdo le ayuda a sonreír?

-Las depresiones se pasan mucho durmiendo, con los sueños y las fantasías oníricas. A veces conversando con Soledad, mi mujer. Y claro, por qué no, con un bien trago o también con una pildorita.

¿Qué haría si una joven desnuda entrara imprevistamente a su taller?

-Lo más adecuado: la trataría, no le quepa duda, espléndidamente.

¿Qué le enfurece?

-La mezquindad y la estupidez.

¿Cuál es la coquetería masculina que usted acepta o practica?

-No acepto ninguna, pero las practico todas.

¿Cuáles son las profesiones o actividades más distantes de su vocación?

-El mercantilismo, la burocracia, la política, la búsqueda del éxito literario o artístico masivo.

¿Rasgo de carácter que le ha hecho mayor daño?

-La falta de verdadera disciplina.

Casi todos sufrimos los llamados “automatismos superfluos”. Por nerviosismo o preocupación, nos rascamos, nos arreglamos los lentes, nos mordemos un labio, ponemos las manos a la espalda… ¿Ha sido vencido por algún automatismo que le incomoda?

-Si, por andar todo el santo día arrastrando los pies y con las manos en los bolsillos, se me rompen las suelas y se rompen los pantalones. A lo mejor, lo que me pasa es que me gustaría andar pilucho.

¿Cuál ha sido su mejor edad?

-No me tome por demente si le digo que todas han sido buenas y se me van poniendo mejores.

Nota. Cristián Huneeus murió a los 49 años, en 1985. Ver texto publicado en revista en formato PDF Cristián-Huneeus