Catalina Guerra | “Pin-pon con su padre”

Catalina Guerra
“Pin-pon con su padre”

Publicado el 5 agosto 1991

Su caso es de telenovela. Ella lo sabe, le duele y la complica. Es una heroína bella y sensual. Ella también lo sabe. Y le gusta tanto como tener talento y carácter. Pero es una mujer-niña que sufre. Desde los tres años ha vivido lejos de un padre al que necesita casi compulsivamente. La separación y el golpe de 1973 llevaron a Jorge Guerra (Pin-Pón) a Cuba, en donde vivió hasta hace algunas semanas. Su hija se quedó en Santiago. Un encuentro de ambos en La Habana cuando Catalina Guerra adolecía sus 17, terminó en borrasca.

No se sentía (ni se siente) querida por él, y se le nota aunque procure no dramatizar. Y su padre no consiguió convencerla de lo contrario con sus argumentos ni sus gestos. El conflicto sigue en estado agudo. Al dolor se ha sumado un poco de desconcierto: su hermano Jorge (25) y su padre (51) se han casado con dos jóvenes hermanas, y ya hay hijos que sirven para armar un auténtico puzle familiar, Catalina Guerra los quiere a todos y vuelca su instinto maternal en su hermano Pablo, de 4 meses, nacido del matrimonio de Jorge Guerra con una rubia checo-cubana de 23 años.

Tampoco ha tenido imagen masculina con sus abuelos. Uno, el padre de Gloria Münchmeyer, murió cuando ella era niña. El padre de Jorge Guerra ha estado siempre ausente. Sabe que vive, pero ignora su paradero y qué ha hecho en su vida. «Se separó y ni mi abuela sabe qué es de él. Supe por la TV que lo habían atropellado. Pensé que era alcance de nombre, y más tarde me enteré que era él».

La fortaleza en materia familiar ha corrido por cuenta de su madre. Le dio todo el apoyo del que fue capaz. A veces tanto, que Catalina Guerra prefirió estudiar teatro lejos de Chile. En la mejor escuela de Buenos Aires se preparó durante tres años, con mucho éxito. Incluso trabajó arriba de un escenario. También supo de la soledad y del difícil amor adulto. Dos parejas, dos convivencias, dos finales dolorosos. A los 20 años estuvo de vuelta, con la sensación más completa de paz y de amor por todo lo que había dejado a los 17.

Está asombrada de la fama que ganó súbitamente. “No he hecho nada como para tanto alboroto; esa es la verdad”. Quizá la explicación no está en lo que ha hecho, sino en lo que ella anuncia con su personalidad fuerte y su talento, más su intenso rostro hermoso.

¿Tiene conciencia de que es una mujer fuerte?

Al contrario. Tengo la certeza de ser una mujer muy frágil. Si alguien me tira una mala onda me destruye, me aflige infinitamente. Nadie lo imagina, supongo. Quizá por eso me siento bien viviendo sola, protegida del resto.

Pero se conduce como si no lo fuera.

La forma de conducirme en la vida es de choque con las cosas, tirarme de pique para saber y decir la verdad. Por eso mis relaciones son intensas.

¿Qué le pasa con Dios?

No está Dios en mi educación. Ni siquiera fui bautizada. Mi madre es católica, pero optó por dejarnos en libertad de escoger. Alguna vez, supongo, deberé solucionar eso. Buscar lo que hay. Ahora pienso que el hombre no es capaz de comprobar la existencia de Dios. Soy una agnóstica.

¿Es de esas personas que en religión no cree en nada pero que en los demás se lo creen todo? ¿Tarot, líneas de las manos, brujerías, etcétera?

Creo en eso de la línea de las manos y esas cosas. Algo hay que me sorprende.

¿Humilde o satisfecha? ¿Cómo se ve?

Humilde si me comparo a la imagen que la gente pareciera tener de mí. Yo no me creo eso de la estrellita que sale en las revistas. A veces juego a creerlo, pero sé muy bien que no he hecho nada que justifique el fenómeno de los medios de comunicación conmigo.

¿Le enferma hacer telenovelas?

¡No! Me gusta mucho hacerlas. Se aprende a reaccionar rápido, a improvisar. Me permite, además, vivir independientemente.

Pero le impide hacer teatro. Le consume sus energías y su tiempo. Lo que gana se convierte en su enemigo.

Cuesta más decidirse a hacer teatro por la falta de tiempo y por la renta más segura de la televisión. Por ahora lo tolero. Necesito instalarme, independizarme. No será por mucho tiempo. También necesito hacer teatro.

¿Por qué?

El teatro es transpirar en lo físico y en lo intelectual. Exige un mundo más que la televisión. Te agota, te sientes pleno. Sientes que creces en tu capacidad interpretativa. El ritmo de la televisión no te lo permite.

¿Qué le impacienta de los jóvenes?

La “nadidad”.

Noticia que disfrutaría leyendo mañana.

… “hija de Gloria Münchmeyer también se ganó la Volpi…”.

¿Cuándo ha sentido miedo?

Todo ese tiempo de tanques a la salida del colegio.

Si se olvida de los duelos, ¿recuerda por qué ha llorado en la edad adulta?

Esa es una pregunta para los hombres. Las mujeres lloramos por todo.

Actitud femenina que le saca de quicio.

La ingenuidad fingida.

Modelo humano que le atrajo en su adolescencia.

Mi madre.

Subercaseaux no encontró mejor solución para insuflar alegría a los chilenos que la…. transfusión de sangre total. ¿Qué piensa?

Estoy totalmente de acuerdo.

¿Qué le enfurece?

La impertinencia, la injusticia, las consecuencias del poder absoluto: atropello a los derechos humanos, falta de respeto, sometimiento de una persona a otra.

¿En qué se parece a sus padres?

A mi madre: analítica, reflexiva, responsable en el trabajo. A mi padre: en el sentido del humor y las cejas.

¿Qué coincidencias ha descubierto entre usted y otros Leo?

Dominante, centro de mesa, jodida.

¿De qué conductas suyas o rasgos de carácter se quejaban sus padres cuando era niña?

De lo manejadora que era desde que empecé a hablar.

¿Lo menos que le gusta de usted?

Cierta tendencia al show-off.

¿En qué recibió elogios como estudiante?

Fui líder. Líder negativo…

¿Qué sociedad actual le satisface más por la forma como ha resuelto la mayor parte de sus problemas?

España.

¿Qué hace para enfrentar sus momentos de depresión?

Lavo todo lo que encuentro.

Si pudiera modificar algún aspecto del modo como la criaron, ¿Cuál escogería?

Hasta el momento, el modo como me criaron me ha ayudado a vivir muy bien.

¿Qué virtud suya intentaría que se le reconociera?

… que siempre tengo razón en todo. Que nunca me equivoco. ¡Nooo! Hablando en serio, la humildad.

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