Balcanes: El hombre es bueno (si se le vigila es mejor)

Balcanes: El hombre es bueno (si se le vigila es mejor)

El horror quedó atrás. Después de haber protagonizado algunas de las atrocidades más inexplicables a esta altura de la historia europea, las siete repúblicas independientes que surgieron de la desaparecida Yugoslavia socialista han recobrado la normalidad que exige el turismo. Incluso Bosnia-Hercegovina+, que fue -por  lejos- el peor es escenario de todos, donde murieron 250 mil personas entre 1992 y 1995, empezó a promoverse en la última gran cita del turismo en Madrid. Invitó a los viajeros a Mostar, con su famoso puente turco ya reconstruido, y a Sarajevo, para mostrarles la belleza y el sorprendente sabor oriental de esta ciudad europea. No intenta esconder los estragos de la guerra, y se realizan visitas a un túnel utilizado por sus habitantes para huir durante los 1.400 días de asedio serbio. Aquí, donde un  millón 800 mil personas fueron desplazadas y se produjo genocidio contra los musulmanes, las mezquitas están llenas otra vez y el almuecín llama a la oración cinco veces al día. Cumplidos 12 años de la firma de paz, muchas  heridas empiezan a sanar, si bien la fragilidad seguirá por un tiempo en Serbia, que ha perdido el año pasado su provincia de Kosovo.  

Croacia ya recuperó el número de turistas que recibía antes de la guerra de cuatro años.  Son millones los que llegan a disfrutar del turismo náutico y de sus playas en casi 1.200 islas e islotes. También de Split y Dubrovnic, dos magníficas ciudades asomadas al Adriático. Su pequeña vecina, Montenegro, independizada de Serbia hace tres años, quiere que el mundo conozca su propio Dubrovnic, la ciudad amurallada de Vudva, las playas de Becini, y su patrimonio de la humanidad, Kotor.

Las otras cuatro repúblicas que participaron en las llamadas Guerras Yugoslavas entre los 80 y 90, tienen grandes riquezas turísticas no saturadas de gente. Macedonia ofrece Ohrid, su ciudad más turística a orilla de lago, y la singular Skopfe, cuyo viejo puente de piedra une los laberintos del bazar turco, con el sector moderno, comercial y trasnochador. Eslovenia, pegada a Italia, conquista con su preciosa Isla del Amor, en el lago Bled. Se halla a sólo 50 kilómetros de la capital, una ciudad de mucha riqueza barroca, cuyo nombre suena como enfermedad a la garganta: Ljubljana (algunos escriben Lubliana).

La nacionalista Serbia vive aún momentos complejos para el turismo, debido a su notable serie de monasterios ortodoxos. Muchos de ellos, y el propio centro espiritual ortodoxo serbio, están en la recientemente separada Kosovo, de población  musulmana. Estados Unidos y Europa le dieron su reconocimiento a Kosovo, pero numerosos países importantes se lo niegan. De cualquier modo, los Balcanes tienen la paz asegurada por largo tiempo. El mundo debe permanecer alerta, porque, como alguien dijo, “el hombre es bueno, pero si se le vigila es mejor”.