Alejandro Hales |  “Podría dar consejos a Aylwin”

Alejandro Hales
“Podría dar consejos a Aylwin”

Publicado el 11 noviembre 1990

Ningún otro embajador de Chile ha sido condecorado por el Gobierno boliviano, y quizá ningún otro hijo de inmigrantes palestinos a los 22 años ya había contribuido a fundar un partido político y a los 30 ya era biministro. Si hubiese que buscar entre nosotros a un hombre con récords extraños, valdría la pena investigar la vida de Alejandro Hales Jamarne. El ex vicepresidente Bernardo Leighton lo definía como “un independiente de los nuestros”, o sea, de la DC; aunque él no ha tenido otra militancia que la del Agrario Laborismo, en tiempos del segundo Gobierno de Ibáñez, y desde entonces conserva su libertad.

Cuando los partidos de la Concertación buscaron precandidatos presidenciales, este setentón de carácter juvenil tuvo el apoyo de los socialistas de Almeyda, del PS Histórico y de Los Verdes. Y, sobre todo, de ciudadanos tan diferentes como el doctor Humberto Maturana, Enrique d’Etigny, José Donoso, Felipe Herrera, Carmen Lazo, Jorge Ovalle, Héctor Noguera, Raúl Sáez, Hernán Santa Cruz… Doscientos independientes.

Su candidatura no contó con más póster que uno artesanal hecho por mano de nieto, con montañas blancas al fondo y un slogan: “Mi tata será el mejor presidente de Chile”.

El tata se puso porfiado, como siempre, y fue el último en ceder en sus posiciones para dejar el paso libre a Aylwin. También fue adversario de la Unidad Popular y uno de los más persistentes enemigos del Gobierno de Pinochet. Desde la presidencia del Colegio de Abogados, a la cual llegó con 1.100 votos y la primera mayoría, y antes, desde su independencia no transable, llegó a ser casi monotemático en materia de derechos humanos. A su hija Carmen Andrea, secuestrada tres veces, le advirtieron: “Dile a tu viejo que se quede callado”.

De los “socialismos reales”, que parecieran en liquidación, ¿qué cosas rescataría para Chile?

La corrección de la vida privada. Sobrios, sufridos, aguantadores.

Diga qué coincidencias significativas ha descubierto entre usted y otros del signo Tauro.

La tenacidad; la fuerza en las tareas; no aflojar nunca. Tauro es un buen signo y he conocido dos informes astrológicos muy favorables.

¿Ha lamentado alguna vez no ser una persona completamente anónima?

Muchas veces. La gente que se acerca no lo dejan ver el partido tranquilo, y sacarle la madre al árbitro, sin recato.

¿En qué se parece Aylwin a Pinochet?

En nada.

¿Qué piensa del “gabinete en la sombra” que reclutó Allamand en Renovación Nacional?

En otros partidos se llaman comisiones; la derecha los eleva a ministros sin cartera porque es más jai.

¿Para qué tipo de juegos aún se deja tiempo?

El backgamon. Lo juego con mi señora a 20 pesos el punto, y nos pagamos.

¿Con qué comidas y bebidas se le hace agua la boca?

Con los mariscos finos. ¿Bebidas? Ninguna. ¿Licores? Jamás.

¿A qué le tiene o le tuvo miedo?

Al avión y a la dictadura. El primero se me pasó cuando el hombre legó a la Luna. Ahora vuelo resignado, El otro miedo no me quitó el sueño, salvo en el secuestro de mi hija Carmen Andrea y en la detención de mi hijo Patricio.

¿De qué manera practica la democracia en su casa?

Todos mandan, yo obedezco.

¿Qué destape creería conveniente para Chile ahora que terminó el régimen militar?

El destape político; el destape de los negociados del régimen anterior; el destape español.

¿Cómo enfrenta sus momentos de depresión?

No los tengo.

¿Su peor defecto?

Excesiva y, a veces, irreverente franqueza.

¿Suele hablar solo?

Sí, cuando camino, pensando en alguna entrevista y qué le diría al “fulano”.

Debe escoger entre tener una hija linda, pero de inteligencia mediocre, o feíta, pero muy inteligente. ¿Qué resolvería?

A veces la belleza mejora la inteligencia.

¿Hay placeres físicos igualados al de la sexualidad?

Un baño de espuma, casi.

¿Qué siente cuando comprueba que es una persona famosa en su medio?

Me siento bien.

¿Qué le parece el domingo?

Cansador.

De sus contemporáneos. ¿A quién admira más?

A Eduardo Frei M.

¿Qué virtud suya intentaría que se le reconociera como acto de justicia?

Amor de prójimo.

De lo dicho en su contra, ¿qué le ha hecho gracia?

Antes, turco. Después he aprendido a tolerar la ignorancia.

¿Cómo se definiría respecto del dinero?

“Dios o Alá castiga a cierta gente enriqueciéndola”… Quiero seguir libre del castigo divino.

¿En qué le parecen enteramente distintos hombre y mujer?

Que la capacidad de la mujer es mayor, así como su responsabilidad.

¿Qué diría si Aylwin le pidiera un consejo?

Que hace bien en pedir consejo, que se lo puedo dar basado en la realidad viviente y no en las teorías.

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